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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Obsesos por el peso

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 26 de agosto de 2005, 00:18 h (CET)
Hay dos épocas en el año en que los gimnasios ven, con alegría de sus propietarios, cómo aumenta el ritmo de matriculaciones. Una cuando después de la Semana Santa terminan los días festivos de la Pascua, la otra a comienzos del mes de Septiembre. Parece como si en llegadas dichas fechas nos volviéramos locos por esa nueva religión que es el cultivo del cuerpo. Después de los desfiles procesionales de esa semana que en lugar de a la oración dedicamos a pasar horas y horas en cualquier embotellamiento de tráfico, vemos asomar las orejas al lobo del verano y al contemplarnos ante ese espejo del armario ropero que nunca miente vislumbramos una silueta que no nos gusta. Con los primeros calores comenzamos a quitarnos ropa y comienzan a aparecer los tan temidos “michelines”, esas carnes, antaño prietas, que ahora se descuelgan y desparraman por nuestro cuerpo sin ninguna clase de vergüenza y, como solución inmediata para no hacer el ridículo durante el cercano verano en playas y piscinas vislumbramos la opción del ejercicio físico. Los sudores de la sauna, la bicicleta estática y las pesas nos darán la medida que queremos para ese cuerpo serrano que la naturaleza nos ha dejado en préstamo durante unos años que siempre se nos antojarán pocos.

Luego llega el mes de vacaciones y vemos que el bañador del estío anterior no ajusta con nuestro cuerpo. Estiramos por todas sus costuras pero nos sigue apretando por todos los sitios, así que en las primeras rebajas nos proveemos de nuevo equipaje playero que disimule un poco todo ese exceso de carne que los sudores de las horas de gimnasio no han logrado apartar de nosotros. El primer día de vacaciones hacemos propósito de enmienda, como nos decían los curas cuando acudíamos al cajón del confesionario y entre olor a cocido y vahos de sudor asotanado nos perdonaban siempre que tuviéramos dicho propósito en nuestros actos venideros. Pero como entonces volvemos al pecado, ya se sabe que la carne además de llena de grasa es débil. Durante un mes no perdonamos esa cervecita del aperitivo, los atracones de paella, algún que otro hartazgo de marisco, aunque el mes no lleve “erre”, tan sólo para mantener alta nuestra suerte en la lotería de esa enfermedad de ricos que es “la gota”, no nos olvidamos de la preceptiva siesta amodorrante entre los calores de la primera hora de la tarde, las copitas mientras jugamos al dominó o al mus con los amiguetes de cada verano para terminar el día cenando una buena fuente de embutido chorreante de grasa acompañado de más de un refrescante tinto de verano. Antes de ir a sudar a la cama nuestro cuerpo todavía admitirá un “carajillo”, un “cubata” o un “gin tónic”. Y claro todo esto va pegándose a nuestras carnes como las lapas a la roca costera. Nos miramos al espejo y decidimos que el primero de Septiembre nos matricularemos, un año más, al gimnasio. Y como todos los años cuando lleguen las Navidades ya no tendremos fuerza de voluntad para madrugar cada mañana y encerrarnos entre el martirio de las pesas que cada día nos pesan más.

Vivimos en una sociedad obsesionada por el peso. En la televisión vemos cada día mujeres espectaculares con el peso y la medida justo para ese canon de belleza que ahora impera. La moda de los metrosexuales ha hecho que también los hombres comencemos a obsesionarnos con nuestro cuerpo y a querer todos mostrar un cuerpo espectacular. Parece que los gordos estén prohibidos. Y si no vean ustedes la nueva edición de Operación Triunfo. En la primera edición de este concurso había de todo, incluso una chica pasadita de kilos logró ganar e ir a representar a España a Eurovisión, aunque en la actualidad ya no se hable de ella. En la edición actual “los triunfitos” más que por sus voces, aprovechables en algún caso, parecen haber pasado por un “casting” de modelos en lugar de estar en uno donde se eligen cantantes.

Pero la verdad es que no se puede frivolizar con el tema del exceso de peso. A pesar de que se habla mucho más de los muertos y problemas producidos por la anorexia el exceso de kilos lleva consigo toda una serie de enfermedades que también llevan al “cortijo de los callaos” como llaman al cementerio en algunos lugares. Enfermedades coronarias y pulmonares están a la orden del día entre aquellos que sobrepasan el peso normal para su constitución física con toda la serie de problemas que ello conlleva. Por todo ello, en este año cervantino, no estará de más seguir los consejos del médico Pedro Recio, aquel doctor que decía a Sancho Panza que él no estaba para curar enfermedades sino para prevenirlas y que el mejor método era la dieta no sea que se haga buena en nosotros la frase que D. Quijote espetó a su fiel y obeso escudero: Yo estoy para vivir muriendo y tú para vivir muriendo”. Así que querido obesos ya lo saben, estén contentos con su cuerpo pero cuídenlo ya que no tiene otro. Por otro lado la sabiduría popular dice que los gordos son más felices y la verdad es que yo no he visto nunca a nadie pasado de kilos que tuviera la cara triste.

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