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Cumbre de la CEI en Kazañ: Ucrania ante una disyuntiva

Tatiana Stanovaya
Redacción
viernes, 26 de agosto de 2005, 00:18 h (CET)
A partir de mañana, 26 de agosto, Kazán albergará la cumbre de la Comunidad de Estados Independientes, CEI, el organismo internacional que aglutina las ex-republicas soviéticas. En esta reunión Rusia planea proponer un nuevo esquema de cooperación. Esto es inevitable e imprescindible, puesto que el atractivo de la CEI en su forma actual va decayendo, mientras los nuevos regímenes aupados al poder por las revoluciones de terciopelo no dejan de empeñar enérgicos esfuerzos por amalgamar toda clase de coaliciones. Dichos esfuerzos cuentan con un jubiloso apoyo por parte de Occidente. Por ejemplo, los líderes de Ucrania y de Georgia llevan el propósito de crear la Comunidad de Opción Democrática que integrarían también Polonia y Lituania.

La probabilidad de unos cambios radicales en la política rusa hacia los países de la CEI fue confirmada también por una fuente en el Gabinete de la Presidencia que manifestó que "a
Rusia no le conviene una situación en que tiene que suministrarles a ciertos países los recursos energéticos con márgenes negativos, subvencionando en realidad las respectivas economías, mientras que la población de tales Estados sigue pasando hambre. Es un caldo de cultivo ideal para toda clase de revoluciones de terciopelo".

No cuesta trabajo adivinar que tales declaraciones están dirigidas ante todo a Ucrania (aunque no sólo a ella). Antes de la revolución naranja en Ucrania, Rusia estructuraba su política con los países de la CEI según esta fórmula: preferencias económicas a cambio de la lealtad política. Por ejemplo, suministraba gas barato a Ucrania a cambio de su consentimiento para ingresar en el espacio económico único (EEU), de suma importancia para Rusia.

La fórmula funcionaba en ambas direcciones: Ucrania aceptaba la variante rusa de creación del consorcio gasístico, y Rusia prestaba apoyo a Víctor Yanukovich en las elecciones presidenciales.

Pero tras la revolución naranja, la fórmula "economía a cambio de la política dejó de la política" dejó de funcionar. Al asegurarse el apoyo político de Occidente, Ucrania no necesita más el apoyo político de Rusia, pero no abandona las esperanzas de contar con preferencias económicas por parte de Moscú. El interés de Ucrania es cada vez más unilateral. Por ejemplo, en el marco del EEU, este país está interesado en un régimen de comercio libre que le sea provechoso, pero al mismo tiempo se opone la unión aduanera beneficiosa para Rusia. Según manifestó hace unos días el presidente de Ucrania, Víctor Yuschenko, Ucrania no se retirará del EEU, pero en el marco de este proyecto desarrollará sólo las relaciones que no se contradigan con la integración europea.

Ucrania hace su opción a favor de Occidente no sólo en el aspecto económico sino también en el político. Esta opción adquiere también contornos antirrusos: la Comunidad de Opción Democrática (cuyos autores intelectuales son Víctor Yuschenko y Mijaíl Saakashvili) se arroga las funciones de jueza en lo relativo al grado de democracia de unos u otros regímenes. Mientras Rusia en el sistema de prioridades promueve al primer lugar la soberanía entre democracia y soberanía, Ucrania y Georgia promueven al primer lugar la democracia. Esto genera una contradicción ideológica entre Rusia y los nuevos regímenes naranja. En esta situación Ucrania de hecho pierde la condición de aliada política de Rusia. Acto seguido, se impone este interrogante: ¿para qué entonces Rusia debe actuar como donante financiero y económico de este país?

Justamente en la cumbre de la CEI en Kazañ, Ucrania y Rusia deberán discutir la problemática de la integración europea. Como ya se sabe, Ucrania promoverá unas 65 iniciativas concernientes al EEU, procurando hacerse pasar por un país interesado en la integración con Rusia. Pero Rusia no se propone remodelar el EEU según el plan de Ucrania y prepara todo un paquete de documentos acogido con escepticismo en Ucrania. Lo atollado de la situación obligó a Rusia a proponerle a Ucrania dos variantes de cooperación: ora reanimar la fórmula anterior "política a cambio de la economía" (es decir, Ucrania toma la decisión política de adherirse al EEU según las propuestas rusas, mientras Rusia le sigue suministrando agentes energéticos a precios de exención) ora Ucrania tendrá que olvidarse de toda clase de preferencias en sus relaciones con Rusia, lo que afectará seriamente la economía de la primera. Precisamente a esto se refirió el interlocutor en el Gabinete de la Presidencia: Ucrania todavía tiene tiempo para pensarlo bien antes de la cumbre de Kazañ.

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Tatiana Stanovaya es experta del Centro de Ingeniería Política, para RIA Novosti.

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