|
Cinefilia, fe y el código Da Vinci
Gonzalo G. Velasco
Hace tan sólo unos cuantos días que se ha iniciado el rodaje de El Código da Vinci, versión cinematográfica a cargo de Ron Howard de la novelilla de Dan Brown narrada para zangolotinos, y ya se ha montado un cirio pascual de tres pares de narices. En primer lugar, resulta que un grupúsculo reaccionario que muchos medios se empeñan curiosamente en no mentar, ha gozado de lo lindo insultando al, por otra parte muy insultable, protagonista de la función: Don Tom Hanks. Mientras le soltaban de todo, el tipo ni pestañeaba. Yo diría que hasta sonreía ligeramente. En Hollywood, hasta Forrest Gump sabe que a mayor polémica, mayores beneficios.
Pero la cosa no se queda ahí, porque una beata revenida y con sobrexcitación de conciencia va y se encadena a las puertas de una iglesia con la exigencia de que Ron Howard deponga de inmediato su cámara. ¡Pobre ingenua! ¡Ni que fuera tan fácil la cosa! Si por una de esas casualidades que tanto le gustan al Dan Brown de marras, la revolucionaria mujer llegara a leerme, que sepa que respeto su actitud (más que nada, porque leer cosas como estas antes de ir a trabajar me alegra bastante el día), pero debo decirle, aún a riesgo de sonar resabidillo, que ni encadenada a una pilastra con el ancla del Calypso de Jacques Cousteau alrededor de los cilicios y en huelga de hambre sempiterna y simultánea, conseguiría jamás cambiar el rumbo de los acontecimientos.
Para muestra un botón: Juán Pinzás ha rodado hasta tres películas Dogma consecutivas, Mar Adentro ha ganado el Óscar a la mejor película extranjera y Ben Afleck sigue protagonizando films a pesar de que todos se estrellan en taquilla. El curso del cine, querida amiga, es una riada valenciana frente a la que una casa de adobe como usted no tiene nada que hacer. En consecuencia, le animo a desencadenarse y, junto al grupúsculo reaccionario arriba mencionado, protestar de forma dialéctica mediante el rodaje de una película paralela beligerante con ese pérfido relativismo moral que tanto le gusta a Ratzinger Algo me dice que financiación no les faltaría, y con ello, además de blindar la fe contra heréticas amenazas blockbusterizadas, crearían ustedes empleo. Yo, si pagan bien, hasta me ofrezco para echarles una mano…
|