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Etiquetas:   Un día menos   -   Sección:   Opinión

Esos hombres de negro

Juan Antonio Hurtado
Redacción
miércoles, 24 de agosto de 2005, 22:26 h (CET)
Cualquier deporte está regulado por unos organismos federativos que hacen las leyes, las reglas e imparten justicia. Me hace mucha gracia que haya tantos organismos todos y cada uno de los deportes, eso esta muy bien, lo gracioso es que después de tanto protocolo y jerarquizacion, le den la llave del poder a un simple hombre, y ese hombre lo llamamos comúnmente hoy día: arbitro.

Podríamos llamarlo de otras formas, mucha gente lo llama de otra forma según convenga a sus intereses. Es increíble como después de tantos organismos, puedan darle el poder a un árbitro. Esa persona sabe que tiene el poder, que él mismo puede interferir en el destino de un partido, él lo sabe y se ríe de todos nosotros, de las federaciones estatales, de la justicia deportiva y de los aficionados. La culpa la tiene los organismos, pues no regulan los supuestos fallos de los árbitros, en cualquier profesión si haces mal tu trabajo te despiden o no te renuevan el contrato, en cambio a los árbitros no les ocurre nada de eso, siguen domingo a domingo haciendo su trabajo y sabiendo que ellos tienen el poder y que nadie ni nada podrá quitárselo. Jugaría la vida a que hacen quinielas y ganan mucho dinero.

Yo me pregunto por ejemplo, pensemos en un árbitro de fútbol, imagínense un jugador corriendo con la pelota, y justo antes de llegar al área rival, tres metros antes de llegar le hacen falta e imagínense que el árbitro pita un penalti ¿Quién puede redebatirle que no es penalti? ¿Se tirara ese penalti? Por su puesto que si, si un árbitro quiere hacer algo lo hace, y nadie ni nada puede impedírselo en ese mismo momento, lo peor de todo es que cuando suena el silbato y pita alguna barbaridad sin sentido común, el árbitro se ríe. El arbitro se ríe y suelta una pequeña y picara sonrisa y se ríe de todos, sabiendo que tiene el poder y que hace lo que quiere, quizás sea su válvula de escape frente al marcaje férreo que le hace su mujer en casa, y el pobre solo se puede desmarcar en el trabajo.

Lo peor de todo esto es la cara de tonto que se te queda, a veces me imagino que soy uno de los jugadores perjudicados, tendrían que hacerle una estatua el tener que soportar morderse la lengua y no empezar a soltarle puñetazos al arbitro, esos pobres jugadores, llenos de impotencia frente a tales injusticias acontecidas en su propia cara y encima con vacileo por parte del arbitro, un deporte que es televisado mundialmente, y que ese pobre jugador llegue a pensar que lo están viendo millones de personas y se consuelan con su pensar y su pesar.

Otro punto a destacar en esta extraña relación, son lo aficionados. Los aficionados que pagan por entrar al campo, los que compran los partidos televisivos, los que llevan a sus hijos de cinco años por primera vez a un partido, esas caras serias, esas ilusiones perdidas, esa impotencia, toda esa rabia es debido al arbitro, una persona común que ha cambiado el destino de un partido a su antojo y no piensa que hay millones de personas que desearían matarlo, que desearían verlo muerto, ¿Por qué? Porque están llenos de impotencia, porque no hay justicia. ¿Quién le devuelve la felicidad a esos aficionados de un juego al que aman y disfrutan viéndolo? Nadie. Si las cosas van mal, ya es hora de que las cambiemos. Si el arbitro se equivoca, quítenlo y pongan en su sustitución maquinas, cámaras, si el hombre falla la maquina estará hay para hacerlo bien, si el arbitro no ve las jugadas, la cámara lo vera. Qué utopía.

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