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Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

Los toreros también indultan

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
sábado, 10 de diciembre de 2005, 17:33 h (CET)
Antequera se vistió de naranja y oro en honor de El Cid que supo cubrir de cinco series gloriosas al natural y otras seis más con la diestra llena de temple, cadencia, mando y mano baja al gran y tercer toro de Barras de nombre "Gimnástico".

El maestro colombiano César Rincón abría la terna del histórico día en Antequera sin pena ni gloria lamentando su lesión de muñeca en el último tercio. Pero ahí estaba Ponce que nos alegró la tarde con el capote, algo insólito en el portentoso torero valenciano. Siete verónicas con una media abelmontada y hasta una graciosa rebolera, ése no es Enrique que me lo han cambiado. La elegancia de Ponce pronto se deja notar en una serie con la diestra y otra con la zurda intermitente. Casi una docena en total con la izquierda destapados de uno a uno como los pasos de un penitente. EL toro muy molesto toda la faena se rinde al final a su excepcional técnica tras un pletórico y magistral descabello. ¡Lo mejor de la primera media hora! Hasta que..

Y entonces salió El Cid con sus cuatro verónicas rodilla en tierra para enmarcar haciendo el acueducto de torería más grande que se ha visto en esta temporada. Cierra el sevillano la serie con una media a pies juntos rompiendo el cuello del guapo castañito de Barral. Llegan los caballos de picar y "Gimnastico" recibe un puyazo de ley con mucho celo. A partir de entonces el toro muestra sus cartas que no son otras que los cuatro ases de la bravura, la nobleza, el humillar y el recorrido. El Cid seguro de las condiciones del astado y ese su estado lleno de gracia como de hondura saltereña se entretiene con pegarle tres interminables series con la izquierda mirando al tendido. Cambia de mano y vuelve con la zurda, es impresionante, El Cid está tocado por un ángel de la guarda o será tan grandioso como dice Moeckel. Otra serie con la derecha más suave y suena de fondo los compases de Joselito Bienvenida. ¡Estamos en la calle General Mola con el Papa Negro, Antonio y todos los hermanos viento la corrida en Antequera! Ruge la plaza presintiendo una faena sublime que continúa con dos series de regalo por ambas manos con el compás abierto que nos desvelan el camino hacia el indulto sagrado. El presidente saca un pañuelo..que angustia es el dichoso blanco del aviso que no suena. El Cid señorialmente se niega a matarlo en presencia de todos y recurre al comodín del público, como el gladiador en el coliseo romano. ¡Pulgar arriba por Dios si es un toro de Carril! Al fin el presidente malagueño enmienda su retraso y vuelca todo el ansiado pañuelo anaranjado sobre el palco. Tono un anochecer de lujo en Antequera. Se ha hecho justicia y EL Cid envenenado de toreo besa la testuz del bravo y encastado Domecq onubense de Don Joaquín. Lo demás es historia...

Rincón incapaz de entablar batalla con el difícil quinto a tenor de sus limitaciones digitales, hoy más patentes que nunca. A Ponce le han tocado su amor propio y sabe que hay que dejarse otra tarde la piel. Nada con el capote y el toro no se presta al lucimiento pues care de toda fuerza y se queda corto. Un toro para cuidar y mimar hasta que rompa a embestir porque algo muy bueno parece llevar dentro. Enrique Ponce, experto en estas lides, se presenta en el horizonte de la plaza con la muleta convertida en un improvisado cartuchito de pescao o lo Pepe Luis y engarza hasta ocho naturales de uno en uno, esta vez de forma más delicada y sútil, como si fueran perlas australianas de un collar maestro. El toro sonrojado y vencido se entrega al látigo de su muleta valenciana. ¡Faenón de Ponce! Vuelve al ataque con la diestra y los muletazos llenan la tarde de una aroma de jazmín. No se puede torear con mayor majestad, temple y torería, si señor. Ave Ponce, por eso estás donde estás. Estocada traserilla y las dos orejas a sus alforjas.

La cosa no quedó del todo así y El Cid aún le quedaba un toro en el corral. Repite por verónicas y se abaniquea con gusto. Llega la faena de muleta con unos circulares invertidos muy comerciales que poco a poco comen terreno al toro. Una serie diestra con la mano pegada a la pierna ponen al Cid en maestro. Sin darse cuenta nadie el torero se ha comido al toro que nunca colaboró. El Cid muletea finalmente con la siniestra mágica y el toro pide la hora. Este toro no es digno ni para el matadero así que llega la hora fatídica de la espada para El Cid que inexorablemente pincha en varias ocasiones. Pero que diablos si al final vivimos un momento apoteósico “Gimnástico” El Cid y Ponce saliendo a hombros en otra genial tarde en Antequera y van...

FICHA TÉCNICA
Real Plaza de toros de Antequera. Viernes 19 de agosto de 2005. Corrida de Toros. Con menos de media entrada en tarde espléndida se lidiaron seis toros de María José Barral, bien presentados y de buen juego destacando el tercero que resultó indultado a tenor de su gran clase, bravura y recorrido.

- César Rincón, ovación en ambos.
- Enrique Ponce, oreja y dos orejas.
- Manuel Jesús El Cid, dos orejas y rabo simbólicas en el toro indultado y ovación.

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