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Tags: Opinión · Cesta de Dulcinea · Nieves Fernández
Los chicos de la compra


Nieves Fernández


Nieves Fernández Nieves Fernández
lunes, 22 de agosto de 2005, 07:56
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Los chicos de la compra y de las bolsas blancas no suelen madrugar, como antaño lo hacían sus padres y abuelos, para adquirir el mejor género no manoseado del mercado, porque hace lustros que para bien o para mal de todos nació el supermercado, el hipermercado y, también, más específicamente para ellos, se inventaron las tiendas con servicio de veinticuatro horas; cambios de horario y de hábitos, de esta forma hacen la compra a partir de las once de la noche, recién duchados y con el cabello brillantemente espumado, que es entonces y así cuándo y cómo se despiertan estos jóvenes del siglo XXI que nos han salido un poco “murciélagos” y “búhos”, amantes de la oscuridad y de la fiesta.

Los chicos y chicas de la compra a veces se sortean entre ellos para dilucidar quién será el encargado de adquirir los vasos, más bien diríamos jarrones o floreros, pues eso parecen antes esos vasazos “multilabios”, también inventados para ellos, que no llevan asas y por eso no llegarán a la categoría de jarras. Otros miembros del grupo se encargarán de aportar los cubitos de hielo, y no pasarán desapercibidos, pues van dejando un buen rastro de frescor líquido tras sus pasos a modo de chorreo. Y, finalmente, otros tantos acordarán transportar la bebida, generalmente cerveza o refrescos de cola que unidos al vino, tantas veces derramado en sus camisetas al abrir el tetrabrik, forman el calimocho campestre y campechano que les desinhibe y les transforma en seres más sociables, alegres y osados.

Los chicos de la compra recorren varias calles o caminos de ocio para confluir todos en pandillas a modo de ganado inmenso o rebaño generacional que busca su redil en una zona oscura donde no se pueda advertir con detalle sus caldeados actos.

Los chicos de la compra van cargados con unas bolsas blancas sin rótulos que publiciten o chiven el lugar dónde adquirieron los géneros comprados. Están capacitados para portar un gran peso andando varias calles a cuestas, atravesando barrios, aunque luego sean mayoritarias sus protestas en familia si se les pide, a plena luz del día, la compra de un litro de leche o una barra de pan en la tienda más próxima. Y es que curiosamente los chicos de la compra nocturna no suelen ser los encargados de comprar el sustento diario, ni para ellos ni para sus familiares y serán éstos los que se preocupen de llenar las despensas. Parecen mostrarse diligentes sólo para su grupo de botellón amigo, que no es sino un pequeño núcleo del gran botellón urbano y nacional que se han dado en crear modernamente en las ciudades como un justo o injusto desfogue juvenil de descontrol alcohólico. A veces, los acopios de líquido y alcohol son tantos que deben llevarlo entre dos para ayudarse.

Los hay de toda formación y condición: trabajadores y no trabajadores, estudiantes, ociosos y universitarios, formales o gamberros, violentos y violentados, pacíficos y pacificadores, agitadores y agitados. Los que menos, utilizan papeleras y contenedores para echar los residuos de la juerga, pues ya metidos en ciernes, es más cómodo lanzar los envases, no ya a las bolsas blancas que antes portaban, sino tirar las sobras de la noche loca al césped o a la acera. Tanta unión en la chanza no los une después para limpiar lo usado y atrojado, ni les hace pensar que horas después, probablemente, otros jóvenes, con menos suerte y menos tiempo libre, sean los que limpien con mucho asco y esfuerzo los restos de lo que antes ellos portaban en sus bolsas o estómagos.

¡Ay, los chicos y chicas de la compra nocturna! ¡Tan diligentes ellos a la luz de la luna! Ensucian, escandalizan, chillan, hablan alto, bailan, se besan y abrazan, se ríen, se imitan y a veces se pelean mientras sus mayores duermen placidamente, o no, preguntándose por qué no canalizan mejor sus energías y mejoran el mundo al menos como propósito semanal de enmienda, de la forma que siempre a la juventud se la define, siendo conciliadora, justa, solidaria, ellos que tienen tanta fuerza, vitalidad y ganas para vivir de forma distinta cada fin de semana.

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