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¿Será remitida al Consejo de Seguridad de la ONU la cuestión del programa nuclear iraní?

Vladímir Simonov
Redacción
jueves, 18 de agosto de 2005, 03:15 h (CET)
A primera vista, la nueva resolución de la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIET, sobre Irán supone un paso más hacia la transferencia del expediente nuclear de este país al Consejo de Seguridad de la ONU, aunque Moscú espera que será posible evitarlo.

La última resolución de la AIEA señala que Teherán debe suspender para el próximo 3 de septiembre las obras de conversión de uranio, fase que es anterior al proceso de enriquecimiento de este material. De lo contrario, la agencia podría traspasar el conflicto al examen del Consejo de Seguridad de la ONU, el cual tiene derecho a introducir sanciones económicas contra el perturbador de la tranquilidad.

Mientras tanto, EE.UU. se empeña en hallar algunas evidencias de que el programa iraní de energía nuclear esconde en realidad los intentos de fabricar una bomba. Las acusaciones más recientes en este sentido vienen de Alireza Jafarzadeh, un disidente iraní cuya empresa en Washington, Strategic Policy Consulting, suele cumplir los pedidos ideológicos de la Administración norteamericana. Jafarzadeh ha intentado lanzar una noticia sensacional, diciendo que "Irán produjo en secreto 4.000 centrifugadores capaces de fabricar el plutonio de guerra". La aparición de un parque tan grandioso de esos equipos sofisticados jamás habría pasado desapercibida por los inspectores de la AIEA, obviamente, así que el infundio fue necesario para incrementar, en un momento crítico de las negociaciones, el grado de la supuesta amenaza que parte del programa nuclear iraní.

Dicha noticia hizo un buen servicio a George W. Bush, quien intentó otra vez intimidarle a Teherán no solamente con el traspaso del dossier iraní al Consejo de Seguridad de la ONU sino también con la eventual intervención militar directa a imagen y semejanza de la guerra contra Irak. "Tenemos en la mesa todas las opciones - advirtió el comandante en jefe del Ejército estadounidense -. Como sabéis, recurrimos al uso de la fuerza en el pasado reciente..."

Todo parece indicar que Washington tiene una noción muy vaga acerca de las posibles respuestas por parte de Irán, las cuales "son más amplias que las posibilidades de EE.UU.", según el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní.

Y es más que una bravuconada. Teherán tiene en su arsenal el petróleo cuya exportación va a generar este año ingresos por importe de US$43.000 millones (35.000 millones de euros), el máximo histórico desde que el país empezó a vender el crudo en el mercado mundial, hace ya noventa y ocho años. Irán produce cuatro millones de barriles al día, lo cual le sitúa en la segunda posición dentro de la OPEP, después de Arabia Saudita. Muchos analistas del sector petrolero coinciden en que Teherán podría verse tentado por la oportunidad de usar el crudo en calidad de arma contra Occidente, y en primer término, contra EE.UU. Una situación crítica en el transcurso de los eventuales debates acerca del programa nuclear iraní en el Consejo de Seguridad de la ONU podría empujarle a Teherán hacia tal medida y, como resultado, el precio del petróleo se dispararía hasta 100 dólares por barril.

Una táctica de presiones descaradas sobre Irán y las amenazas de transformar su territorio en un nuevo teatro de operaciones bélicas difícilmente motivarían al nuevo Gobierno iraní a flexibilizar la postura, especialmente porque el pasado domingo entraron en este Gabinete varios políticos que se consideran partidarios de la dura línea antioccidental.

El presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad sometió a la aprobación del Parlamento la nueva composición del Gobierno en el cual los conservadores, coidearios del actual mandatario iraní, ocupan las carteras clave. La de Asuntos Exteriores, por ejemplo, fue ofrecida al abogado Manouchehr Mottaki, conocido por su airada crítica del proceso de negociaciones entre Irán y el grupo E3 de la Unión Europea.

El nuevo Gabinete aún deberá ser confirmado por el Parlamento pero la postura de Teherán se ha recrudecido ya. "El tema de Isfahán está cerrado - afirmó Mohammad Saeedi, el número dos de la agencia iraní de energía atómica -. No volveremos a suspender las obras en Isfahán para fortalecer la confianza". Saeedi se estaba refiriendo a la moratoria introducida por Irán sobre su programa nuclear en 2004 con el objetivo de facilitar las negociaciones con el trío europeo.

Moscú lamenta que Teherán se haya decantado a favor de las acciones unilaterales. El portavoz de Exteriores ruso Mijaíl Kamynin señaló que "Irán podría prolongar tranquilamente la moratoria sin perjuicio de su programa energético nuclear".

El lapso en las negociaciones entre Irán y el E3 no significa, sin embargo, que el expediente iraní sea traspasado de forma obligatoria al Consejo de Seguridad. Mohammad Saeedi, por ejemplo, no descarta que el proceso negociador con la UE pueda continuar. A juzgar por todo, EE.UU. y sus aliados occidentales tampoco quieren que el conflicto sea trasladado a esa instancia, puesto que China podría vetar la eventual resolución antiiraní y poner a sus autores en una situación algo embarazosa.

¿Cómo se comportaría Rusia en una situación crítica de este tipo? Alexander Pikaev, subjefe del Comité ruso para la seguridad global, da a entender que "aún falta muchísimo" para que los acontecimientos evolucionen en esta dirección, que es desfavorable en extremo. El experto ruso se muestra convencido de que los directores de la AIEA no se atreverán a dar un paso tan arriesgado después del 3 de septiembre, e incluso si ello sucediera por alguna razón imprevista, una resolución de carácter duro nunca obtendría la mayoría de votos.

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Vladímir Simonov es comentarista de RIA "Novosti".

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