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Viaje a Quelimane

José Luis Carrasco
Redacción
jueves, 18 de agosto de 2005, 03:15 h (CET)
Uno cuando tiene fin de semana libre lo que quiere hacer es desconectar del trabajo y tomarse un tiemo de descanso. Así es también para los que trabajamos en algún proyecto de alguna organización de ayuda humanitaria o de desarrollo para los paises en vías de desarrollo. Un fin de semana al mes no es demasiado tiempo libre y cuando uno vive y trabaja en el mismo sitio, el trabajo empieza nada más empezar el día y termina cuando uno se va a dormir.

Este fin de semana de finales de Julio (operación entrada y salida en España, con todas las carreteras llenas de coches, sufriendo el calor de este tórrido verano) tenía libre e hice mi viaje de rigor para la capital de la província, Quelimane. No es que vaya a esta ciudad porque eche de menos las grandes ciudades, lo que me hace ir allí es el acceso a las comunicaciones, internet, teléfono e incluso puedo ver algo de televisión y saber qué es lo que pasa en mi país y en mi continente.

El viaje no es de lo más placentero, viajamos con lo que localmente se llaman “chapas” (son vehículos habilitados, en el mejor de los casos, para el transporte de pasajeros; en ocasiones son minibuses aunque la gran mayoría son pick-ups o pequeños camiones y los pasajeros vamos amontonados en la parte de atrás, dónde debería ir la carga) iniciamos ruta a la orilla del río dónde desembarcamos cuando vamos desde la escuela hacia Quelimane. Allí con suerte nos encontramos una Chapa aunque a veces la espera puede ser de una hora o dos porque no hay suficiente gente para viajar (los conductores se animan a conducir cuando hay una número de pasajeros superior a 20) o porque el coche aún no ha llegado.
El estado de los vehículos es pésimo, no sólo es el exterior, también están en pésimas condiciones ruedas, motores... No es extraño quedarse tirado a mitad de camino.

Una vez en camino compartimos viaje con multitud de personas de diferente índole, puede uno encontrarse estudiantes, profesores, agricultores, comerciantes, pescadores… hablando con ellos se puede conocer una diferente realidad del país, que si suben los precios de las chapas por el aumento del combustible (el coste anterior a la subida era de 25.000 mts que viene a ser un euro al cambio y ahora es de unos 40.000 mts, es un importante aumento para la economía local), que si va a llegar pronto la electricidad a las poblaciones ribereñas y muchas veces preguntan cómo es allí en Europa.

El viaje transcurre a través de una gran plantación de cocoteros, por una carretera que en España la consideraríamos mala pero que aquí, a pesar de los socavones, es considerada buena, al menos está asfaltada.
Una vez en Quelimane nos encontramos con otro compañero voluntario que está en el mismo proyecto.

Éste compañero había conocido a un chico australiano que estaba viajando por Mozambique, así que nos reunimos con él para la hora de la comida.

El chico estaba de viaje de trabajo aunque lo hacía de un modo medio-encubierto. Viajaba como mochilero para no levantar suspicacias entre la gente (un blanco con dinero viajando solo es un objetivo para ladrones) aunque aquí por el mero hecho de ser blanco ya se supone que se tiene dinero y si bien no conozco de atracos si conozco de hurtos, sisas y cuando menos tienes docenas de niños, ancianos y adultos preguntándote por algo de dinero.

El trabajo del chico era de viajar por diferentes países de Africa del Sur como Mozambique, Uganda y Tanzánia. El objetivo era de encontar nuevos socios-inversores para los nuevos negocios que quiere empezar la compañía ahora tiene establecido por ejemplo en una provincia del centro del país un negocio de madera con forestación sostenible y ahora se quiere orientar también hacia el turismo. El modus operanti de esta compañía es de captar inversores locales que ponen una parte del dinero para empezar el negocio, siendo la compañía propietária de un 51% del negocio, después un 20% de un jefe local y un 19 % de una persona respetable de la comunidad que tenga (a ser posible) experiéncia en el negocio.

La idea es buena, beneficia a la compañía que puede hacer servir los precios locales y beneficia a los inversores que tienen el soporte técnico y económico de una compañía.

Hablando con él nos dijo que él creia en el sistema capitalista y que era este sistema el que iba a sacar a los paises en vias de desarrollo de la pobreza, es más dijo que no habían ricos y pobres sólo diferentes tipos de consumidores, así nos podemos encontrar con los consumidores europeos que por ejemplo necesitan de un tambor de polvos para lavar de 3 a 5 kg y a los consumidores mozambicanos que sólo necesitan bolsas de 100 g de polvos para lavar a mano (que da para unos dos- tres lavados a la semana). En este ejemplo las compañías que operan en Europa venden el producto teniendo un margen de varios euros y en las companías que lo hacen en los países de vias de desarrollo tienen un margen de beneficio de unos centavos, pero al ser unas ventas altas hacen que tengan unos beneficios anuales iguales unas y otras. Ésto es lo que él queria decir con los diferentes tipos de consumidores.

Hoy, en nuestros días, el mundo se ha convertido en un gran mercado y las compañías dividen a las personas en consumidores para los que dirigen diferentes productos, según sus necesidades.

No todos pensamos así, si yo y mis compañeros estamos aquí haciendo este trabajo es porque creemos que las personas son más que meros consumidores y que no sólo es dinero lo que hace moverse al mundo, venimos a ayudar en el desarrollo ofreciendo nuestro trabajo y tenemos un dinero para gastos personales de unos150 € al mes que es nuestra retribución. Por un periodo de tiempo está bien trabajar intentando hacer las cosas que uno piensa que van a ayudar a la gente sencilla que vive el día a día y lucha por sobrevivir.

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José Luis Carrasco es trabajador voluntario en Mozambique.

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