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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Cuestión de óptica

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
miércoles, 17 de agosto de 2005, 01:31 h (CET)
Estos días de mediado agosto, con distensión a casi todos los niveles en que se quiera examinar qué sucede por el mundo, la óptica del catalejo columnista puede aplicarse para ver qué sucede por esta Aldea Mundial en que se ha transformado el globo, o, en un esfuerzo de contorsionismo, enfocar hacia el ombligo del barrio de este solar hispánico. La información de actualidad está perezosa, y ni siquiera, como en tiempos pasados, se recurre a las conocidas “serpientes” de verano. El espectáculo vasco, con tantos veranos sangriento y criminal, se mantiene entre corridas callejeras de “abertzales” y “ertzañas”. Ahí va mejor la cuestión, y como se dice: ¡Con su pan se lo coman!... y, tampoco da mucho de sí España en vacaciones.

Algo de insospechada trascendencia, en cambio, está sucediendo entre árabes palestinos y el estado de Israel. El interminable “duelo a garrotazos” -equivalente al cuadro de Goya con ese nombre- que se traen desde el paulatino restablecimiento del pueblo judío en Palestina, ha comenzado a dar señales de fatiga. Ojalá sea irreversible y puedan encontrar el camino para convivir de una vez por todas. Gaza va a ser testigo de la primera marcha atrás de Israel, en contra de sus compatriotas instalados en esa franja de terreno egipcio ocupada militarmente durante la guerra de los Seis días. Falta por ver cuán de numantina resulta la resistencia de los colonos a abandonar sus casas.

La Autoridad Nacional Palestina, embrión del futuro Estado, ha de mover ficha manteniendo inactivos a los radicales de Hamás. Los fondos de ayuda internacionales y los más recientes de EEUU, detrás de los cuales está la política exterior del segundo actual mandato protagonizada por Rice, tienen en la mano evitar que las organizaciones extremistas sean el soporte económico de las clases pasivas generadas por la represión israelí. El muro de contención entre ambos pueblos sigue construyéndose bajo la vigilancia de las armas, pero la Historia es muy locuaz en cuanto a para qué sirve edificar descomunales paredes, sea la Muralla china, o el Telón de acero. Resulta escandaloso que se levante, pero es incierto su futuro. Son los cuatro o cinco millones de refugiados palestinos la gran incógnita del mañana. Entre Líbano, Siria, y Jordania, en campos provisionales carentes de habitabilidad, se encuentran millones de familias que, muchas de ellas, conservan la llave de la casa que tuvieron que abandonar en lo que hoy es Israel. Tela cortada, como se dice, para cuando después de Gaza, se resuelva Cisjordania, y se alcance un “status” para Jerusalén. La ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas campantes en el mundo actual; a la que un estatuto internacional puede hacerla inexpugnable para ambiciones de exclusividad.

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