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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

Carné por puntos para cineastas

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
viernes, 23 de septiembre de 2005, 23:53 h (CET)
La moda de los festivales de cine comienza a tomar tintes de epidemia. Ya no hay localidad, por pequeña o insignificante que sea, que no tenga su propio festival de cine con premio absurdo incluido (ya saben, la chicharra de oro, el somormujo de plata… cosas así). Con un panorama de esta naturaleza, y el auge cada vez mayor de las nuevas tecnologías democratizadoras de la cultura, no me extraña lo más mínimo que los jóvenes ya no quieran ser astronautas, bomberos o parásitos sociales. ¡Todo el mundo aspira a convertirse en director de cine! En el fondo, viene a ser una especie de Operación Triunfo pero con certámenes en lugar de castings. No ganar un premio equivale a estar nominado, y no ganarlo por segundo año consecutivo, a estar expulsado de la academia.

Lo surreal de la situación me recuerda la teoría de un viejo amigo argentino, quien sostenía que el reciente colapso de su país se había producido por la desopilancia de las ínfulas artísticas de sus habitantes. Según él, un estado donde el grueso de su población era cantante, guionista, dramaturgo, o director de cine, no podía sostenerse. Ignoro hasta que punto su teoría se aproximaba a la realidad, pero de lo que no hay duda, es de que sobra gente en el sector audiovisual español, como bien nos demuestra el hecho de que se produzcan más de cien películas al año y todas, con honorables excepciones, dejen mucho que desear.

Por eso, desde la modestia de mi condición de analista hipervitaminado, propongo que se aplique al cine Español un sistema de control similar al del famoso carné por puntos de los conductores. Esto es, cada vez que un director nos deleite con una de esas repetitivas películas sobre niños de la posguerra que descubren el mundo mirando a través de una puerta entornada como se lo montan sus padres, o bien acerca de treintañeros desnortados que ronronean sus crisis existenciales alrededor de una mesa, se le descontarán un determinado número de puntos de acuerdo con la gravedad de la infracción o su grado de reincidencia. De este modo, cuando los puntos se le agoten al zangolotino de marras, tendrá prohibido por ley el acceso a las cámara de video, cine e incluso a las de los teléfonos móviles.

La medida reportaría unos tremendos beneficios a nuestra salud mental y, al mismo tiempo, abriría camino en la industria del cine a todas esas almas en pena de los circuitos festivaleros. ¡Imagínenselo! Sólo de pensar en un mundo libre de cineastas como Juán Pinzás, Giménez Rico o Adolfo Aristaraín, me entran ganas de ir al cine aunque sea para ver lo último de Michael Bay, ¡que ya tiene bemoles la cosa! Una pena que estemos en el año del Quijote y yo haya visto demasiadas películas de ciencia ficción…

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