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Cargarse España

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
lunes, 8 de agosto de 2005, 22:03 h (CET)
De manera coloquial se da significado a este término en el sentido de matar a alguien. Desgraciadamente, esta cuestión no sólo como metáfora, parece que se encuentra sobre el tapete, al menos en boca de los que hablan en voz alta a través de un medio o en el estrado político. Algunos quisieran que fuera así, mientras que los más, pasan de tal tremendismo, y siguen en lo suyo, que consiste en salir adelante, y sacar a flote a la familia. Hace unos días se reconocía como “currantes”, en esta ventilada columna, a esa abrumadora mayoría de la población española que el diccionario recoge como “personas que trabajan”.

Es de antiguo conocido el afán “guerra-civilista” que se esconde por algún lugar de la genética del pueblo, que, de manera estable, llegó a habitar la península. García Lorca lo resumió en el romance “Reyerta”, al declarar ante el juez, que, “allí pasó lo de siempre”... Por otra parte, Madariaga, político y novelista de la Historia, señala como se “exportó” esa inclinación fratricida con la implantación del imperio español en América. Finalmente, “nuestra” Guerra Civil del pasado siglo, curiosamente, dio lugar a mayor número de publicaciones que toda la Segunda Guerra mundial. Pero, esto es harina de otro costal...

Con elemental simplicidad, a los que se la quieren cargar se oponen los que desean conservarla. Hay que reconocer que los dos se equivocan. Los primeros, porque las circunstancias históricas se modifican por sí mismas según el devenir de los tiempos y costumbres; la España con la que desearían acabar, ya no existe; el presente se hace pasado instantáneamente, o, lo que es lo mismo, se les escurrió como fantasma de entre las manos. Y los que quieren defenderla, han de recurrir a figuras del pasado, también, para encontrar el paradigma de su protección. El país se renueva él solito, cada mañana, cada verano, cada comienzo de curso... Sólo los temperamentos biliosos (atravesados, esquinados, malévolos y perinquinosos; sinónimos según el ”María Moliner”), incapaces de gozar con una buena digestión, llegan a hacerse diestros en el intento de cargarse el pasado. Algo que fue y que ya no es, y de modo natural e inevitable.

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