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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¡Y tanto que no perdonan!

Severo Moto
Redacción
martes, 9 de agosto de 2005, 05:19 h (CET)
Mi delito principal, ser pro español. Nunca me hubiera imaginado que iba a ser un exiliado en España. Hasta que tuve aquel enfrentamiento (más que enfrentamiento, encontronazo) con el Presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguiem Enem, el día 6 de Noviembre de l.981. Era cabalmente el día que cumplía mis 38 años de edad.

Aquella mañana fui invitado urgentemente a acudir al despacho del presidente golpista de Guinea Ecuatorial. Lo encontré repantigado en su sillón, rodeado de altos miembros de su gabinete y de directivos de la Secretaría de Estado de Información y Turismo de la que yo era titular, bajo el control del Comisario militar, Isidoro Eyi Monsuy. Al entrar en
el despacho, Obiang Nguiem Enem me dirigió una mirada fulminante que parecía haber salido de sus ojos como dos rayos de fuego. Alguien me aseguró luego que antes de la reunión, Obiang había tenido una sesión larga de whisky y drogas para tomar fuerzas y agresividad. Delante de todos los reunidos, me dirigió un largo discurso incendiario, cargado de insultos directos, descalificaciones y maldiciones, acusándome principalmente de dos “delitos”: ser un “anticomunista” (los comunistas soviéticos no paraban de acusarme de no dar “buenas noticias” sobre ellos en los medios de comunicación controlados, milimétricamente por el propio Obiang...) y ser “demasiado pro español”(el mundo profesional o intelectual guineano salido de España le producía, y produce a Obiang Nguiem Enem verdadera alergia y profundo complejo de inferioridad).

Su “catilinaria” contra mí terminó con una frase, entre profética y de sabor a maldición: “¡ Los españoles también te abandonarán como lo hicieron con Bonifacio Ondo Edu y Atansio Ndong Miyone”!

La ruptura fue sonada. Presenté mi dimisión como Secretario de Estado de Información y Turismo. Un mes después de recibir la contestación a mi dimisión, busqué el camino del exilio. Era un 11 de Enero de 1.981, cuando aterricé en Barajas, después de haberme trasladado a Gabón, y de recibir la ayuda del Presidente de la Agencia Efe, L.M.A., una de tantas y tan egregias excepciones españolas al conjuro de Obiang Nguiem Enem, sobre el abandono español. Un amigo. Apenas una semana en Madrid, recibí la llamada del entonces Director de la “Oficina para Guinea Ecuatorial, M. P.: “Puesto que no has querido seguir el camino de todos los demás Ministros guineanos, se les retira la beca a tus hijos. Tienes una semana para recogerlos de los Colegios”.

¡Por no aceptar la corrupción de Obiang, España me castigaba a mí, abandonando a mis hijos a su suerte y a un oscuro futuro cultural y de formación! ¿La mano de Obiang, estaba moviendo y dando órdenes a un extraño... “guiñol”...? ¿O simplemente se cumplía automáticamente la maldición de Obiang?

Es fácil dejar de ser “pro español”, como afición. Lo que no es tan fácil es dejar de ser “Hispano” de origen. Lo primero es una excelente afición a la que no renuncio; pero a lo segundo, que tanto ha influido en mi africanidad y en la configuración de una personalidad abierta a la cultura y a la proyección internacional, como pasa con otros muchos compañeros guineos, a eso no renunciaré.

Entre los resultados realmente tristes y nefastos del mundo de la colonización, siempre se ha dicho y en verdad se han dado casos en que los desencuentros, animadversiones y grandes enfados se producen entre los colonizadores y los colonizados. Afortunadamente se dan también casi siempre las excepciones entre los pueblos entre sí y las relaciones entre la oficialidad colonizadora y sus pueblos. La alegría, esperanza y serenidad de un colonizado odiado oficialmente, es que el pueblo no oficial puede cubrirte de cariño, respeto y simpatía. El pueblo español, afortunadamente, vibra por Guinea Ecuatorial como pueblo. Otra cosa es la “incapacidad” (como propósito o como fallo) del mundo oficial para encauzar las relaciones entre los dos pueblos; viven y se mueven enquistados en intereses de muy difícil confesión. Cuando esto último prima sobre lo primero (a lo que algunos españoles llaman “poesía”) no es difícil comprender lo que está sucediendo conmigo y con tantos otros guineo ecuatorianos que, huyendo de la tiranía de Obiang Nguiem Enem, buscan respiro en España. La colonización ( si no es por sacerdotes y religiosos) nunca incide en los pueblos, sino en los territorios y en los
intereses económicos que suscitan. A veces da la sensación de que, aun cuando no lo quieras, te empujan al odio. Menos mal que a estas alturas y con esta edad y experiencia no voy a caer en la tentación del odiar a ESPAÑA.

Lo que me ha pasado en Croacia durante los meses de Marzo y Abril de este año, tiene fácil encaje, si se lo considera como fruto de este análisis. Dos mundos oficiales, absolutamente al margen del conocimiento y menos de la anuencia de sus dos pueblos; subidos en el carro de intereses más particulares e individuales que nacionales, deciden crear una pinza y poner fin al “estorbo” de tales intereses.

1.- Mi encarcelamiento, a principios del año 1.995, como consecuencia de dos juicios (uno por intentar descubrir y encontrar pruebas sobre el tráfico de drogas del que internacionalmente se acusa a Obiang Nguiem Enem; otro por “intento de golpe de estado” -dicen-) tiene como preludio, un doble enfado del Gobierno socialista de González, que por una falsa y errónea lectura de una entrevista mía, aparecida en el periódico Diario 16, el entonces Director General de África... Don M.A.M. me acusa de haber dicho que Felipe González respaldaba la dictadura de Obiang Nguiem Enem. Por su parte el tirano de Guinea Ecuatorial monta en cólera al enterarse de que yo había estado en Washington para denunciar sus destrozos y especialmente su calidad de “capo” de la droga. Los dos enfados de los dos mundos oficiales se concitan y me llevan a la cárcel. “Si el Gobierno socialista español no quiere, no te llevan a la cárcel; también es cierto que son ellos los que han prohibido que te mate Obiang”. Eso me confesó un alto funcionario de PNUD en Malabo, cuando me visitó en las mazmorras de Black-Beach, donde, por cierto, recibí el humanitario envío de antipalúdicos de parte del Presidente Don Felipe González Márquez..

2.- A la hora de intentar encontrar los prolegómenos de lo que me pasó en Croacia, resulta imposible obviar el “terrible fallo” que cometí a la hora de fundar en Madrid y en el exilio, el Partido del Progreso de Guinea Ecuatorial (25 de Febrero de l.983): “Entonces esto ha sido un equívoco... Pensábamos que se trataba de un partido socialista”. Con estas palabras me reprendieron dos queridos amigos socialistas españoles, compañeros de TVE, en una comida a la que me invitaron, tras saber de la
creación del Partido del Progreso. Me traían el mensaje de una posible y seria financiación oficial... Al enterarse de que se trataba de un partido de corte invariablemente democristiano centrista, la comida, prácticamente se interrumpió. Vivo, desde entonces, nostalgia y “saudade” tanto de estos como de tantos otros amigos socialistas que yo tenía en Guinea y en España. Se me esfumaron todos. Fue, lo reconozco un grave fallo. Podía haber disfrutado de una financiación, con solo decir que soy
socialista; aunque... no. Da la impresión de que alguien piensa que ser negro y pobre, tiene como una única consecuencia y solución, en política: ser socialista.

“Han llegado a la conclusión de que eres muy débil económicamente, pero inalterable en tus convicciones políticas.” La confidencia me llegó de J.V.P. en aquellos días y meses (1.990-92) en que arreciaban los mensajes para que me pasara al socialismo. Pues sí. La debilidad económica ha caracterizado siempre mi vida y actividad política. Justo esa debilidad hace inalterable mi fidelidad ideológica. Alguien se ha dado cuenta y me ataca por ese flanco... económico. Por eso fui a Croacia.

3.- No voy a entrar en más detalles y signos del monumental enfado que, (barrunto), debió producir mi sincera definición del Partido del Progreso, como demócrata Cristiano. Pero es difícil dejar de reseñar aquí, como un importante prolegómenos de lo que me ha pasado en Croacia, el improperio que me dirigió Don Adolfo Fernández Marugán, Secretario General del CPDS (aún no desmentido) y Presidente de ASODEGUE, en el año 1.995, a mi salida de la cárcel y tras ser recibido de forma multitudinaria en el Aeropuerto de Barajas: “¡Los socialistas españoles- e espetó- no te perdonaremos que estés siempre con los del PP! En efecto: Apareció el serial de EL PAIS –16-17 Septiembre 1.995. El halo de odio y agresión que rezuman todas las citas de asodegue sobre Severo Moto. parecen cumplir sistemáticamente una consignano hay perdón para Severo M. Moto Nsa.

Y tanto que no me perdonan, ¿qué me ha pasado en Croacia, señor Marugán?

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Severo Moto Nsá es presidente del Gobierno de Guinea Ecuatorial en el exilio.

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