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Etiquetas:   Un día menos   -   Sección:   Opinión

Él es nuestra droga

Juan Antonio Hurtado
Redacción
lunes, 8 de agosto de 2005, 22:03 h (CET)
A lo largo de la historia surgen grandes personas que te conmueven y te empujan a seguir hacia delante, en un resumen, te hacen la vida mas llevadera. Estas personas no tienen porque poseer lo que todos ansían hoy en día, tampoco tienen que ser bellas o altas y quizás tampoco tienen que ser agradables a la vista o en una simple conversación. De todas esas personas que nos han influenciado hasta hoy hay una que es bien amada por todos, aunque quizás no sabemos el porque exacto, pero así es.

Estas personas provienen de determinados grupos, podemos catalogarlos en clases sociales o en ámbitos laborables, por ejemplo podríamos pensar en algún político, algún músico, algún científico y también como no, algún futbolista.

Todo el mundo tiene un futbolista en su retina, todo el mundo piensa o elige su futbolista preferido, con el que más ha disfrutado al ver fútbol, lo que ocurre es que estas grandes personalidades se desmarcan y nunca mejor dicho de su ámbito autóctono, y una de esas personas fue “El Pelusa”, el numero 10 de Argentina, el Diego del Pueblo, Maradona.

Diego Armando Maradona fue un hombre y un gran futbolista, no se le seco nunca al lengua y si tuvo que esforzarse para decir verdades a la cara quizás no fue por iniciativa propia, sino mas bien porque siempre estuvo coaccionado y apresado por las garras de todas aquellas personas que lo rodeaban y que lo utilizaban para sus propios intereses. El Pelusa fue uno de los grandes del fútbol, y fue uno de esos futbolistas que fue al mismo tiempo una gran persona, muchos achacan a que su juego estaba manchado con la droga, pero nadie se da cuenta que él era la droga para todos nosotros, y que nosotros éramos los drogadictos y lo necesitábamos. Un país entero lo necesito viendo en el, con su particular porte al salvador que todos anhelaban, era el Jesucristo para Argentina, él le dio la mano a Dios y le paso su suerte, Maradona se la robo en el Mundial de 1986 y utilizo su don para dar vida a un país entero mermado por las injusticias sociales, políticas y económicas acaecidas por la ineptitud humana de los dirigentes estatales.
Maradona siempre hizo lo que quiso, jugo al fútbol como nadie y tropezó en la piedra como ningún futbolista lo había hecho, el problema es no distinguir entre el Diego futbolista y el Diego persona, no me importaba lo que hacia en su casa, con quien lo hacia y como lo hacia. El Pelusa es único, nadie tiene derecho a reprocharle nada, pero no porque sea Maradona, sino porque a pesar de todo y de todos él siguió haciendo lo que quería, porque el es libre de hacerlo y se siente como tal, porque todos aquellos que toman drogas no hacen otra cosa, y Maradona si lo hacia, porque el dio vida, ilusión y esperanzas, nos dio alegrías, emociones y escalofríos, nos aportó suspense, alucinaciones e incredulidad, nos hizo llorar, conmover y apenar, porque el nos enseño a vivir en mundo que no conocemos, el mundo de la esperanza, esa virtud que parecer ser que se nos perdió.

Cuando el perdía lo hacían todos los argentinos, todo el mundo también, porque para sus compatriotas el era un dios, el les aportaba lo que los políticos robaban, porque el ilusionaba los corazones y les hacia entender una forma de vida basada en el fútbol, que alcanzó limites insospechables, pues Maradona influenciaba a todos y en todos los lugares. Porque el fue el Dieguito del pueblo, porquen no se vendió a la FIFA como hizo algún que otro brasileño, porque el no paso por el aro, y porque siempre fue el Pelusa para la gente de la calle. Además cuando el jugaba no había pelotas de goma.

Cuando se iba siempre quería volver, cuando engordaba quería adelgazar y siempre lo conseguía, porque el no entiende la vida sin fútbol y la gente no la entendía sin él, porque hizo enmudecer y llorar en la Bombonera a todos con aquel discurso de despedida, porque como bien dijo: “Yo me equivoque y pague, pero la pelota no se mancha”.

Dedicado para Lucho.
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