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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Lenguajes que chirrían

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 8 de agosto de 2005, 03:43 h (CET)
¿Se acuerdan Vds. de aquel entrañable "sonar" de los ejes de la carreta?. El gran Atahualpa decía las cosas de forma nítida, expresaba como nadie los lamentos de la vida, los más desgarradores, los más acuciantes. Son motivos que impulsan al recuerdo de su voz y sus poemas; se trata de una buena fórmula para mantener la sensibilidad. ¿Qué cabe esperar si perdemos esa percepción de las conductas irreflexivas?

Si no engrasamos los ejes, el chirrido se convierte en estridente, molesto y puede acabar en alguna rotura. Si además, ponemos arenillas o piedrecillas entre la grasa, ese carro tendrá una andadura muy corta.

Cojamos el sentido subyacente a todo ello, en los avatares de la vida ocurre lo mismo. En el lenguaje, en la profesión, en el amor, se impone esa grasa suavizante que permita un discurrir de la vida con los menores chirridos posibles. Como nos sobran los quebraderos de cabeza por otras vías, no conviene añadir nuevas perturbaciones.

Por grotesco que parezca, por inverosímil, la capacidad de algunos individuos para echar pedruscos a ese eje de la vida no parece tener fin. ¿Por endiosamiento? ¿Por estulticia? ¿Por pura incompetencia? La banalidad de estos comportamientos, a veces son cosas que no parecen muy trascendentes, es la máscara con que se intentan disimular. Como decía Hannah Arendt referido a la banalidad de los colaboradores nazis. No debiéramos tolerar esas formas, porque detrás dejan entrever una estructura mental impresentable.

Los modos de expresión son muy variables, el lenguaje, los gestos corporales, la ternura o la agresividad, entre otros muchos. Delimitarlos en demasía viene a ser aquello de ponerle puertas al campo. Las consignas para precisar como debemos comportarnos son, cuando menos, impropias. Otras perversiones inconfesables también pueden ir detrás.

No veo nada malo en que uno se ponga un distintivo de su forma de pensar, de sus aficciones, apoyos a determinadas causas, etc. Así, el PIN es un indicador usado con mucha frecuencia. Normalmente no tiene mayor trascendencia su empleo.

Estos días ha levantado mucha polémica la iniciativa del inefable alcalde de Getxo propugnando que los ciudadanos euskaldunes se identificaran en las fiestas con un PIN elegido para esa situación. Aquí suena el chirrido, debido al entorno político, violencia, intolerancias, etc. ¿Cuál es la verdad que serpentea por debajo de todo esto? ¿Qué repercusión puede provocar todo ello? Quizá se trate de un hecho banal. ¿o no?

Es más estimulante abogar por la dinámica vital de la diversidad, de la convivencia. El euskera, el cantonés, el valenciano, tienen una misión muy diferente. Su valor radica en la capacidad de ofrecerse como vehículo para que determinados ciudadanos avancen hacia la convivencia y la felicidad. Por eso repugna más que surjan calienta-poltronas que han de inventar algo llamativo, de lo contrario no parecen encontrarse satisfechos.

Los chirridos y dificultades me parecen más lamentables cuando no representan tampoco la verdadera realidad del entorno social. La gente discurre por terrenos de convivencia y esos gestos provocadores ejercen... de provocación.

Hemos de hacer hincapié en otras formas:

1. Ahondar en la práctica de nuestros idiomas maternos, euskera, valenciano, castellano, o el que sea. Como vehículos para nuestro aterrizaje en la vida no tienen par. Pero su dignidad requiere una práctica noble, una expresión diaria de convivencia en busca de la felicidad. De no ir por esas directrices ¿Vale la pena luchar por ellos?

2. Expulsar de nuestro entorno próximo a esa tropa de emponzoñadores innecesarios. Si uno observa la realidad, entre gente de diferentes matices lingüísticos domina la campechanía y el buen talante. De ahí lo grotesco de esas actuaciones que intentan radicalizar las diferencias.

3. Me gusta la dirección ascendente, aquella en que la lengua nace en la práctica diaria, se respeta y adoptando sus valores se le va dando forma. Apoyar esa línea si que parece encomiable. ¿No es esa la labor de las Academias? La viveza de las lenguas no la pensamos en decretos o consignas. Desde los sillones a la calle es una dirección pretenciosa, por no decir manipuladora.

4 ¿Será un sueño la dirección ascendente? Ya que somos babélicos y lenguas haylas, tratemos de conseguir que esa diversidad sean fórmulas envidiables de felicidad. Envidiables porque ensanchen el alma y las formas de ver el mundo. Aperturas a mejores horizontes. Cuando surge algún personaje tenebroso capaz de emponzoñar, debiéramos ponerlo a jugar a la oca en su rinconcito y que no pinche a la población.

5. Mi respuesta favorita al inigualable, que no insuperable, talante diferenciador, sería la siguiente: Aparecer todos con pins de todos los colores del arco iris.

De promover algo, convendría lanzarse más por gestos de concordia.

Uno se pregunta sobre el orígen de estas mentalidades. El crujido de la carreta viene precisamente de esa interrogación. Cuando el ambiente se crispa, la creatividad nos debe conducir a unas tendencias más ilusionantes. Con aquel añadido que mencionaba, cuando uno circula por zonas donde predomina una lengua, en Euskadi, Valencia, Galicia, se agradecen las colaboraciones culturales para mejorar aspectos sociales; sobran los motivos que vayan a aportar crispación.

En este tema no vendría nada mal aquella teoría del TRIPLE FILTRO propugnada por Sócrates en la antigua Grecia. Cuando le iban a contar algo, a propugnar alguna cosa, aconsejaba aplicar ese filtro compuesto por tres elementos. La VERDAD, aclarar si es cierto o no lo que se va a decir. La BONDAD de lo que se va a decir. Y el tercero la UTILIDAD. ¿Para qué decir o escuchar si no se pasa el filtro?.

Siempre caben manipulaciones. Utilidad ¿Para qué? Tambien la verdad tiene muchas aristas. Y la bondad depende de la mente que la juzgue. Es decir, no se trata de un proceso cerrado.

El lenguaje de las personas en sus múltiples formas, por ser dinámico, lo hemos de cuidar. Llevarlo bien engrasado es imprescindible para conseguir un viaje placentero.

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