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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

A la calle

Jordi Martínez Aznar

lunes, 8 de agosto de 2005, 03:43 h (CET)
A principios de esta semana tuve la oportunidad de escuchar en un programa de radio un espacio que me resultó interesante acerca del llamado moving inmobiliario. Durante esos minutos, entrevistaron a una persona víctima de esta práctica, la cual dijo cosas tan increíbles como al mismo tiempo tristes:

- El lugar donde él reside ha sido vendida en varias ocasiones a lo largo de los últimos 24 meses, queriendo que él se vaya para venderlo a otra persona a un precio, como ya se habrán podido imaginar, mayor al actual.

- Hace tiempo que no hacen reparaciones ni remodelaciones ni obras de ningún tipo en las casas, de manera que el estado de las viviendas va de mal en peor.

- De 18 vecinos que eran hace un tiempo, ahora apenas quedan 8. Según comenta esta persona, algunos de sus vecinos ya duermen en cajeros automáticos.

- Muchos de sus vecinos afectados por esta práctica son gente mayor con edades comprendidas entre los 58 y los 70 años, los cuales tienen pocos recursos económicos, además de existir algunos casos de movilidad reducida.

- Este señor es cartero con un sueldo mensual de 900 euros, razón por la cual le resultaría imposible pagar determinadas cantidades de dinero que se piden por algunos alquileres o cuotas, al mismo tiempo que tampoco tiene ningún otro lugar donde ir.

Según comentaron a lo largo de esos minutos, hay muchas personas víctimas del movin que tienen escasa movilidad y recursos económicos, razones por las cuales les resultaría imposible irse a cualquier otro lugar.

Durante este espacio hablaron también desde el punto de vista del propietario, el cual siempre quiere sacar un máximo provecho de su vivienda, haciendo lo que sea necesario para de esta manera revalorizar su piso, siempre actuando al límite de la legalidad.

Según dijeron, en ocasiones incluso se contrata a abogados para hacer los llamados "trapos sucios" o a cualquier otra persona que se dedica expresamente a estas cosas, obrando siempre, como ya he dicho más arriba, al límite de la legalidad vigente. Según se mire, ¿quién mejor para trabajar al margen de la ley que alguien que la conoce? Afortunadamente, no todos los abogados son así y hay numerosos profesionales honrados.

Algunas de las prácticas más habituales son, aparte de las ya dichas anteriormente, el cortar a estas personas la luz, el gas o el agua de manera indefinida. Incluso una persona entrevistada, y la cual prefirió quedar en el anonimato, se llegan a contratar a veces a grupos callejeros para que vayan a un edificio y hagan lo que les venga en gana.

Probablemente, cualquier persona que tenga alguna finca en propiedad y quiera alquilarla, querrá sacar un máximo beneficio de esa finca, ya sea un piso, un chalet o lo que sea. Por desgracia, en demasiados casos, a esta persona le importa un carajo, con perdón de la expresión, las personas que viven allí dentro.

A ver, a mí también me gustaría poder sacarle el máximo partido a algo que tenga yo. ¿Y a quién no? Estoy seguro que a más de uno de ustedes también, pero también deberían tenerse en cuenta otras cosas, como por ejemplo, las personas que viven en estos edificios, algunos de los cuales puede darse el caso de que lleven años allí.

Pero claro, la sociedad en la que vivimos hace que cualquiera quiera hacerse más y más rico, que el saldo de su cuenta bancario suba cada vez más y más. Pero, aunque alguna de estas prácticas estén dentro de la legalidad, no deberían verse exclusivamente bajo el prisma de la legalidad, sino también desde el prisma de las personas que viven en estas casas.

Lógicamente, cada persona actúa según su conciencia. La de muchos de nosotros nos dicta que, antes que buscar un beneficio económico, buscamos el bienestar de las personas. Por fortuna, todavía quedan personas como estas, preocupados realmente por sus semejantes y que prefieren tener las casas ocupadas aunque les den pocas rentas que conseguir dinero rápido y fácil.

Otras personas, por desgracia, son todo lo contrario. Su conciencia, siempre y cuando la tengan, cosa que yo dudo, les permite hacer cualquier cosa con tal de aumentar el saldo de sus cuentas corrientes, aunque eso signifique que otras personas se hundan en la miseria, además de importarles bien poco que estas mismas personas no tengan ningún otro sitio donde ir ni cuánto tiempo tarden en encontrar una segunda vivienda ni nada de nada.

Y es que esta es otra de las formas que tiene la famosa burbuja inmobiliaria, en este caso llevada a un nivel superior. Lo que comenzó como la compra y luego la venta de uno o varios pisos vacíos, se ha pasado a la compra de unos pisos y a la posterior venta de los mismos, pero en este caso los pisos estan llenos.

Por desgracia, parece, al menos en apariencia, que las diferentes administraciones no hacen lo suficiente para detener este tipo de prácticas, y mientras no se pongan en serio, habrán personas sin escrúpulos que seguirán aprovechándose.

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