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Primeros resultados de las negociaciones multilaterales en Pekín

Guennady Evstafiev
Redacción
jueves, 4 de agosto de 2005, 23:49 h (CET)
Las delegaciones de seis países que se reunieron en Pekín para discutir el problema del desarme nuclear de Corea del Norte, todavía mantienen consultas a fin de acordar el texto de la Declaración final pero las negociaciones han aportado ya un resultado obvio: Estados Unidos y Corea del Norte han entablado un diálogo directo.

Para Pyongyang, que desde hace mucho tiempo vive como un baluarte sitiado, el objetivo fundamental e inmediato es asegurar la supervivencia del régimen existente, cuya preservación se ve amenazada por EE.UU., y a la larga, conseguir la retirada de las tropas norteamericanas desde la Península de Corea.

Kim Jong-il también necesita encontrar urgentemente algunos "patrocinadores" que le ayuden a paliar los desastrosos efectos de la continua crisis económica que azota a la República Popular Democrática de Corea. No hay duda de que el recorte de un desmesurado presupuesto militar podrá soliviantar esa carga en gran medida.
Para los demás participantes del diálogo son prioritarios, con diverso grado de actualidad, los problemas relacionados con programas nucleares y misilísticos de Pyongyang, su reincorporación al Tratado de la No-Proliferación en calidad de país desnuclearizado y, en este contexto, aclaraciones estrictas acerca de si Corea del Norte realmente tiene, tal y como ha anunciado, la bomba atómica. Como resultado del proceso negociador debería elaborarse un importante acuerdo internacional sobre el desarme nuclear en la Península de Corea, con la subsiguiente suscripción de un Tratado de paz sobre Corea.

Los expertos llaman la atención al hecho de que Washington ha introducido últimamente ciertos correctivos en su enfoque de los contactos con Pyongyang. Así, la delegación estadounidense ha mantenido ya varias consultas bilaterales con la parte norcoreana en Pekín, algo que había rechazado obstinadamente en las anteriores rondas del diálogo. El representante de EE.UU. ha insinuado que Washington respeta la soberanía norcoreana y hasta podría instalar en Pyongyang una misión de comunicaciones, prólogo habitual a la apertura de la embajada. Y eso que en enero pasado Estados Unidos calificaba el actual régimen norcoreano como "baluarte de la tiranía"...

Da la impresión que Washington ha confeccionado un nuevo plan con respecto a Corea del Norte. Probablemente, es consecuencia de que EE.UU. haya analizado a fondo la desfavorable evolución de los acontecimientos en esta zona clave y quiera reforzar su control sobre los procesos que se operan en la Península de Corea, aprovechando al máximo las bazas políticas, militares y económicas propias en vez de confiarlo todo a los aliados intermediarios que a menudo prefieren desarrollar un juego autónomo.

Estados Unidos espera que sus relaciones con China se irán complicando en el futuro, por lo cual se ve obligado a revisar sus planteamientos con respecto al problema coreano, para poder preservar las posiciones en esta península. Al mismo tiempo, recibe una oportunidad de conseguir los objetivos propuestos anteriormente en lo que concierne a la reducción de la amenaza nuclear y misilística por parte de Corea del Norte, cosa que resulta muy oportuna a la luz del creciente peligro similar procedente de China. La cuestión clave para Washington, lógicamente, es el programa nuclear de Pyongyang.

La atención de Washington fue llamada por la reciente declaración de Kim Jong-il, de que Pyongyang estaría dispuesto a volver al Tratado de la No-Proliferación y aceptaría las inspecciones de la AIEA a condición de que EE.UU. "reconociera y respetara" a Corea del Norte y se consiguiese un avance en las conversaciones multilaterales. Si el líder norcoreano se refería a la reincorporación en calidad de país desnuclearizado, ello implica dos cosas: primero, un desmantelamiento controlado del programa nuclear bélico (incluido un nuevo problema: ¿qué estarán haciendo los norcoreanos con la tecnología de alto enriquecimiento de uranio, supuestamente recibida desde Pakistán a cambio de misiles balísticos de mediano alcance para fabricar armas nucleares?); y segundo, las garantías de seguridad para la República Popular Democrática de Corea.

No hay duda de que en las recientes consultas bilaterales la delegación de EE.UU. ha seguido presionando a los norcoreanos en lo que concierne a la transparencia de su programa nuclear. Y que al hacerlo, los americanos han usado ampliamente las imágenes sacadas por satélites, confesiones de tránsfugas y, probablemente, declaraciones procedentes del interrogatorio de Abdul Qader Khan, padre de la bomba atómica paquistaní. Los datos que obran en nuestro poder demuestran que, lamentablemente, ambas partes todavía no se apresuran a dejar a un lado sus cartas de triunfo, y que el camino hacia una fórmula de compromiso va a ser espinoso. El asunto podría complicarse aún más por el hecho de que algunos exigen que Corea del Norte renuncie oficialmente al desarrollo de programas nucleares civiles, sin hablar ya de que ello supondría un retroceso con respecto al acuerdo KEDO.

Como quiera que fuese, Corea del Norte ha conseguido ya un gran éxito político, al recabar de Washington una muestra de "respeto" y la apertura del diálogo directo. Sería interesante ver cómo se va a transformar ahora la función de los demás participantes del proceso negociador. Si las negociaciones de Pekín terminan con alguna solución exitosa, será una prueba más de que el mecanismo más eficiente para lograr acuerdos universalmente aceptables e influir en el comportamiento de un Estado consiste en evitar la confrontación, impulsar un diálogo político serio y directo, así como implicar a un socio incómodo en la más amplia cooperación económica, pero en ningún caso provocar el aislamiento forzoso de tales países o incluirlos en la lista de "marginados".

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Guennady Evstafiev es teniente general en retiro del Servicio de Inteligencia ruso (RIA 'Novosti').

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