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Acomodados, políticos y currantes

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
jueves, 4 de agosto de 2005, 05:53 h (CET)
La vieja clasificación de la sociedad en clase alta, media y baja, que inspiró la lucha social en el s. XIX, y desde los comienzos hasta mediado el XX, se ha quedado obsoleta. Lo mismo que “proletariado”, los menos pudientes de la sociedad que se caracterizaban por su numerosa “prole”, eran los padres pobres de familia numerosa con el hambre siempre pegado a sus talones.

En este país, los que no estaban “acomodados”, en buena posición, han hecho lo posible, y algunos, lo indecible, por llegar a estarlo. De un modo u otro, dejaron de ser “currantes” –persona que trabaja-, bien para hacerlo de modo menos sudoroso, o para pasar a la intriga de intereses en beneficio propio. Las ventajas sociales, la gran victoria alcanzada contra la pobreza, colaboraron a que el proletariado no se identificase con el último escalón social.

En su legítimo afán por salir de tal situación, los hubo que eligieron el camino de la política, y así de los disciplinados políticos del franquismo, se pasó a la pléyade que lleva consigo la democracia instaurada, y modélica en su implantación. La llamada “transición española” sigue siendo ejemplar para los países que han de salir, todavía, del poder personalista. De este modo, creció una nueva clase “política”, que, en muchos casos, ha sido la vía particular al acomodo, y que se interactúa con el que puede llamarse “puro y duro”. Por un camino, u otro, los acomodados han echado mano de los medios de comunicación, con la intención de hacer de ellos un instrumento a favor de sus intereses.

Del proletariado, afortunadamente, ha quedado poco. Las familias numerosas pasan dificultades porque siempre serán mayores las necesidades que los medios a su alcance. Asociar familia numerosa y pobre, no es una presunción, es inferencia. El hombre no tiene hijos solamente porque quiere, sino por tener el poder de trasmitir la vida, y cada cual ha de saber hacerlo responsablemente. Sabido es que los padres de ocho hijos, por ejemplo, y es un decir, si desean comerse un huevo, han de comprar diez. Pero, bueno, esto es harina de otro costal. Siguiendo el hilo de la columna, al proletariado le ha sucedido el “currantismo”, que, a su vez, forma la inmensa mayoría, y que también se conoce como “clase media”. La regulación de la natalidad ha contribuido a que dejaran de ser sinónimos pobreza y proletariado.

Esta inmensa clase media es a la que se intenta manipular, pues según las normas democráticas al uso, es, junto a los pensionistas, el principal caladero de votos; la obsesión de un político, y de lo más tentador para el gran comercio. Por otra parte, y en cierto modo, sí que es sinónimo, o debería serlo, de justicia social; cuestión que viene bien para guía de países con acusadas diferencias adquisitivas. Hoy día, en su mayoría, residuos del colonialismo.

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