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Una noticia sin importancia

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
lunes, 1 de agosto de 2005, 22:27 h (CET)
1933. Adolfo Hilter asciende al poder en Alemania y ya al año siguiente ordena la quema de todos los libros de intelectuales judíos o liberales. Seis meses antes había ilegalizado todos los partidos políticos, salvo el suyo. Subversión de la democracia. Porque Hitler ganó las elecciones, pero luego se dedicó a subvertir la democracia para convertir Alemania en una feroz dictadura.

Durante meses Hitler enviaba a sus SS, SA y Gestapo –sus “chicos de la gasolina”- a quemar viviendas y asaltar negocios de ciudadanos judíos, al tiempo que se profanaron las sinagogas y comenzó la persecución.

Hubo muchas muertes mientras los alemanes, anestesiados moralmente con la complicidad de la intelectualidad, el ámbito académico alemán –recuérdese que el nazismo había triunfado previamente en las universidades alemanas- y los medios de comunicación de la época –en manos del propagandista Goebbels-, jaleaban estas atrocidades. “No es para tanto”, argumentaban los alemanes amorales. “Al fin y al cabo ellos son un problema, no va a ir a más”. El discurso del odio y de la ceguera.

Los judíos son excluídos de numerosas profesiones como por ejemplo de la enseñanza, de la abogacía o de la medicina mediante un decreto aprobado el 7 de abril de 1933. Los judíos no podían acceder a las universidades. Aún por aquél entonces muchos judíos pensaban que la cosa no iba a llegar a más. Y los ciudadanos alemanes consentían y asentían estos atropellos. “No es para tanto”.

El 15 de septiembre de 1935 se promulga la famosa “Ley de Ciudadanía del Reich” y la “Ley para la Protección de la sangre y el Honor de los Alemanes”. Los judíos pasan a ser ciudadanos de segunda. Más tarde fue el turno de gitanos y negros, a los que el gobierno también aplicó esta legislación, aprobada por mayoría, pero injusta y criminal. “No es para tanto”.

El 23 de noviembre de 1939 las autoridades alemanas imponen que todos los judíos deberán llevar cosida a sus ropas la estrella de David, para poder ser identificados como tales. “No es para tanto, es sólo una pegatina”.

Lo que vino después, la Solución Final, es harto conocido. Deshumanización de todo un colectivo. Los nazis, como los terroristas, no asesinaban niños, hombres o mujeres. Era tal su anestesia moral y su fanatismo que no veían en sus víctimas a personas. Eran animales que se debía exterminar para evitar ser contaminados por ellos. Exactamente igual perciben los fanáticos islamistas o los fanáticos del terrorismo nacionalista vasco sus crímenes. ¿Acaso ven alguna diferencia?

España 1978-2005. Unos criminales asesinan en nombre del nacionalismo vasco –porque es en nombre de la independencia vasca en nombre de quién asesinan; esa es su “causa”- a más de mil personas. Muchos ciudadanos piensan que “no es para tanto”. Al fin y al cabo, ¡qué desagradables son las imágenes de los atentados!. Hagamos como el avestruz…

Al mismo tiempo el PSOE cede, en los años 80, el gobierno autonómico al nacionalista partido PNV, que va poco a poco, imponiendo su modelo lingüístico y nacionalista a toda la sociedad vasca. Más de 23 años de régimen nacionalista.

España 2004-2005 El PSOE quiere negociar con los criminales de la ETA, para lograr la “paz”. Se aprueba una resolución, por mayoría, en el Congreso que dice que se podrá negociar con ETA si ésta da muestras de buena voluntad.

La Ley de Partidos, que pretendía poner en su sitio a los criminales, es ignorada por el Presidente del Gobierno, que ejerce como el Daladier de turno. En el año 2005 la violencia callejera aumenta nuevamente de forma exponencial. Para encontrar algo similar habría que remontarse a los años 90. Curioso progreso. Más bien parece involución. Pero muchos ciudadanos, cegados por un “ansia de paz infinita” – y que no me molesten más los telediarios mientras como, con esas imágenes de cuerpos destrozados tan desagradables- , piensan que “no es para tanto”. Si cediendo dejan de matar, pues que cedan. Total, “no va a ir a más”.

El Plan Ibarreche, rechazado por las Cortes Generales, pretende crear ciudadanos de primera y de segunda. Los que el Gobierno autónomo consideran vascos tendrán todas las ventajas. Los nacionalistas. Los no nacionalistas quedarán relegados a ser ciudadanos de segunda. Pero muchos no nacionalistas piensan que esto “no llegará a más”. Los otros creen que “no es para tanto”.

País Vasco, año 2005. Varios profesores son apartados de la enseñanza bajo el pretexto de no conocer el vascuence. Su huelga de hambre o su encierro son silenciados por los medios de comunicación y la gran mayoría de intelectuales. Que no se sepa. Muchos ciudadanos piensan que “no es para tanto”.

Se pretende imponer la obligatoriedad de la lengua también a otras profesiones, como la judicatura o la abogacía. La lengua convertida en la prueba de la pureza de la raza.

Muchos son los ciudadanos vascos que han tenido que abandonar su tierra ante el acoso, financiado - según un reciente informe presentado por Mikel Buesa - en gran parte por el Gobierno vasco, el Central y la propia Unión Europea, del terrorismo nacionalista vasco, esa Gestapo del tiro en la nuca. Como en la Alemania de los años 30, en el País Vasco la gente que no es nacionalista puede morir. Sus casas o las sedes de sus partidos son asaltadas por los “muchachos de la gasolina”. “No es para tanto”.

Guecho, julio de 2005. El Ayuntamiento de Guecho aprueba regalar un pin identificativo a todos los vecinos que conozcan y hablen el vascuence. Es la estrella de David en versión moderna. Dividamos al pueblo entre los de pura raza que conocen el vascuence y los ciudadanos de segunda Generemos vergüenza y miedo.

¿Qué sucederá con aquellos que no se vean agraciados con el “pin” municipal? “No es para tanto”, dirán los ciudadanos anestesiados moralmente.

¿Hasta cuándo?
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