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En pelotas al museo

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 31 de julio de 2005, 23:03 h (CET)
Ha llegado el verano. Mañana comienza el mes de las vacaciones por excelencia y a estas horas millones de automóviles circulan por las carreteras españolas cargados de familias y bártulos en dirección a playas y montañas con el fin de olvidar por unos días el duro transcurrir de los once meses que han pasado desde las anteriores vacaciones. Con el calor las ropas que durante el resto del año han ocultado nuestras carnes serranas van desapareciendo y aparece esa mayoría de cuerpos maltratados por los años y el colesterol, abundantes en esos michelines que no hemos podido eliminar en un par de meses de gimnasio primaveral. Pero, es una merced que nos hacen los dioses, con el abandono de la indumentaria habitual también nos es dado contemplar excelentes cuerpos juveniles con esos ombligos, que no han tenido inviernos ni otoños, donde nuestras miradas siempre tropiezan con algún que otro adorno metálico.

Los cuerpos en verano se vuelven más atrayentes y a pesar de los sudores que producen los ejercicios amatorios estos se multiplican durante la canícula. Muchos y muchas son los que intentan hacer bueno el precepto bíblico de “amaos los unos a los otros” y hartos de un eterno invierno de ejercicios onanistas intentan aprovechar los días estivales para amar a las prójimas o prójimos como antes lo han hecho con sus cuerpos. En mi adolescencia y primera juventud íbamos como locos detrás de las míticas suecas, tan sólo una vez conseguí establecer puentes con una de estas legendarias vikingas, pero siempre terminábamos con nuestras vecinas galas. Confieso que en mi generación el que no se estrenaba en el amor con una puta lo hacía hablando francés. Aquí la represión era muy grande, incluso en temas tan usuales como el de la coyunda.

Ahora me entero que en Viena, en su Barrio de los Museos(MuseumsQuartier Wien), situado en unas antiguas caballerizas imperiales justo en la frontera con el casco antiguo de la ciudad se ha abierto una exposición titulada “La verdad desnuda” dedicada al arte erótico de principios del siglo pasado en la que se pueden ver obras de pintores como Gustav Klimt, Egon Schiele u Oskar Kokoschka. Esta exposición no tendría nada de particular, aparte de la cualidad de los cuadros expuestos, a no ser porque el director comercial del museo, avispado como casi todos los comerciales, ha ideado un sistema para atraer más público y para que en el mundo entero se hable de este museo de blancas paredes realizadas con caliza de conchas. Todo aquel que acuda al Museo Leopold escaso de indumentaria, es decir totalmente en cueros o con ropa interior o bikini, tendrá acceso libre al mismo. Y a mí me parece de lo más natural. Si acudimos desnudos o simplemente con ropa interior no podemos llevar monedas o billetes de euro en unos bolsillos inexistentes, y además si vamos a admirar obras de arte en las que el desnudo y el erotismo son expuestos que mejor que acudir tal y como nuestra madre nos parió.

Pero ello conlleva un peligro y es que ya lo dice el refrán “las comparaciones son odiosas” y, en algún caso, si comenzamos a comparar las figuras pintadas con nuestro cuerpo podemos alcanzar la suprema depresión o hacernos un lío dándole vueltas a las partes de nuestro cuerpo ante algún cuadro figurativo. Sé de algunos que después de ver en la madrugada alguna de esas películas “porno” que dan las televisiones locales van a la cama totalmente frustrados al comparar sus medidas y la duración de sus ejercicios amatorios con los presenciados en la pantalla del televisor sin pensar que en el rodaje de estas películas también hay mucho arte figurativo y demasiada trampa y cartón. Sea pues bienvenida esta iniciativa del Museo Leopold de Viena que además de darnos una imagen diferente de la seriedad germánica nos va a permitir, al tiempo que admiramos las pinturas de estos artistas del siglo pasado, mirar con el rabillo del ojo algún que otro glúteo de buen ver de alguna visitante vecina.

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