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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

LOE, Estrategia de Lisboa y atraso tecnológico

Rául Urdaci
Redacción
domingo, 31 de julio de 2005, 23:03 h (CET)
En el año 2000, la Estrategia de Lisboa –recomendaciones europeas para los sistemas educativos- solicitaba esfuerzos para incitar a las jóvenes a optar por materias científicas y tecnológicas en la enseñanza primaria, secundaria y superior. Buscaba asimismo mejorar la aptitud de los estudiantes en relación con las tecnologías de la información, la comunicación y el control (TIC,s), y en las competencias transversales (por ejemplo, aprender a aprender, trabajar en equipo, etc.), así como promover e incrementar las oportunidades de acceder a formas de aprendizaje innovadoras y flexibles. Cabe resaltar que estas recomendaciones y características se pueden encontrar de forma implícita en la actual educación tecnológica, en la asignatura de Tecnología que la LOGSE incluyó en el Currículo de Secundaria; en sus objetivos, sus contenidos y en las posteriores actualizaciones de su currículo.

La Estrategia de Lisboa consideraba el aprendizaje de las nuevas tecnologías (no confundir con la informática, pues aquellas engloban a ésta) como una prioridad en una sociedad en constante evolución, y veía muy necesario realizar inversiones suplementarias no sólo en la investigación y el desarrollo y en las TIC, sino también en el sistema de educación y formación en su conjunto.

Debido a los múltiples cambios, en un contexto internacional competitivo y dinámico, instaba a tener en cuenta las nuevas exigencias de la sociedad del conocimiento, enumerando varios retos:

La sociedad de la información: cuyo efecto principal es la transformación de la naturaleza del trabajo y de la organización de la producción, y que genera la necesidad de que los individuos se adapten no sólo a las nuevas herramientas técnicas, sino también a la evolución de las condiciones de trabajo.

La mundialización, que desfigura los datos sobre la creación de empleo y difumina las fronteras entre los mercados de trabajo. El mantenimiento del modelo social europeo exige una elevación general de las cualificaciones profesionales.

La civilización científica y técnica, que a pesar de su efecto generalmente beneficioso, genera en la sociedad temores irracionales y un sentimiento de amenaza por desconocimiento.

A principios de mayo de este año, Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, advertía sobre el "atraso tecnológico" que padece España, e instaba a mejorar el "ciclo completo", que abarca la educación, la investigación y la reforma de mercados.

La LOE recién aprobada en Consejo de Ministros hace caso omiso de las anteriores recomendaciones. Aunque declara como uno de sus objetivos primordiales “la adquisición de conocimientos técnicos”, reduce, en un cincuenta por ciento, la presencia de la enseñanza tecnológica en la ESO, y elimina el Bachillerato Tecnológico, aunque en este último caso crea una modalidad denominada “Ciencia y Tecnología”, pero en ella no aparece, al menos como materia común, ninguna asignatura específica de Tecnología. Al no encontrar una explicación razonable a esta reducción, la conclusión es que navegamos en dirección opuesta al progreso y al sentido común.

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Rául Urdaci es Profesor de Tecnología en Pamplona.

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