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Etiquetas:   A sangre fría   -   Sección:   Opinión

Paz en el Ulster, discordia en España

Jesús Nieto Jurado

sábado, 30 de julio de 2005, 21:06 h (CET)
La filosofía oriental, desde la atalaya de su milenarismo nos ha enseñado a lo largo de la historia que en las situaciones más críticas y dramáticas existe un sutil resquicio para la esperanza, una difusa luz al final del túnel del horror. Esta metáfora puede aplicarse en las fechas actuales al Reino Unido, aquella vetusta nación que desde un tiempo a esta parte viene desquiciándose por las continuas amenazas y envites del terrorismo islamista, una tragedia, que al menos, para los gobernantes se verá mitigada por la declaración del IRA (provisional) del abandono de las armas y su consiguiente adaptación al juego democrático: la política es la continuación de la guerra por otros medios.

La declaración del IRA de la deposición de las armas, catalogadas por los mandamases del orbe como un paso decisivo y potencialmente histórico, evidencia la respuesta del Ejercito Republicano Irlandés a una cierta tradición de dialogo existente en la clase política británica, que aún siendo nefasta en numerosos sentidos, conservadora a las maneras del siglo XVIII, no puede obviarse que posee y mantiene una tradición de dialogo y negociación que desde esta España de secarrales y exhaustas tierras anhelamos con imperiosa necesidad.

Los medios, siguiendo una perversa tendencia de establecer comparaciones a priori, insistieron en demasía tras los fatídicos sucesos del 7 – J en comparar hasta la saciedad las gestiones de Blair y Aznar en la gestión de los ataques terroristas, pero pese a que Blair ha mostrado ciertas maneras manipuladoras, es de recibo señalar que la familia parlamentaria británica ha manifestado una voluntad de dialogo encomiable en el contencioso del Ulster mediante una defensa dialogada de sus principios, un esfuerzo de empatía con el adversario y una mentalidad alejada de los más radicales supuestos de nacionalismo añejo, todo lo contrario a esta oposición española que ha hecho de la carroña y el enfrentamiento un modo de hacer política, negándose por principio a la búsqueda de vías resolutivas al conflicto vasco en un ejercicio empecinado de cabezonería irracional.

Y es que, como afirma Julio Anguita, en el momento en el que la derecha no pueda sostener la entelequia de la unidad de España, se habrá quedado en bragas ante la opinión pública, su ideario quedará seco como estas tierras de España.

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