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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

El Dios desconocido

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
jueves, 28 de julio de 2005, 03:21 h (CET)
Al escribir sobre los recientes atentados de Londres lo hago con el convencimiento de que cuando este comentario se publique habrán estallado bombas en otros lugares. Además de poner en evidencia que es muy difícil, por no decir imposible, evitar acciones terroristas, se descubren los efectos traumáticos que en concreto este tipo de violencia ejerce sobre la población. El sentir de la gente que vive con un ay en el corazón lo expone magistralmente Victoria Odamosu, joven nigeriana residente en Londres: "Cada vez que subo a un autobús o al metro rezo a Dios para que no me encuentre con un terrorista". No hace falta haber sido testigo de un ataque terrorista para que se tenga miedo. A pesar de que la prudencia aconseja no transmitir por televisión determinadas imágenes horripilantes, la repetición constante que se hace de los hechos luctuosos provocados por los terroristas hace que la gente no se quite el miedo del cuerpo. Ya que no se puede evitar ver imágenes de coches despachurrados y ensangrentados rodeados de cuerpos mutilados desparramados por el asfalto, ni evitar oír los comentaristas que exponen sus opiniones sobre los hechos repulsivos que se repiten por todo el mundo, ¿estamos condenados a vivir con el miedo en el cuerpo?

Victoria, la joven nigeriana dice que reza a Dios para espantar el miedo. Previamente nos hemos de hacer esta pregunta: ¿A que Dios reza Victoria? Esta cuestión es muy oportuna porque nuestra sociedad es politeísta. ¿Sirve cualquier dios para espantar el miedo? Dados los resultados de todos conocidos que producen las invocaciones a las divinidades de fabricación humana podemos afirmar que no. Si nos remontamos a la Grecia clásica con su exuberante politeísmo, la incompetencia de sus divinidades movió a los atenienses a dedicar un lugar de culto al "dios desconocido". El apóstol Pablo durante su estancia en Atenas dijo a los ciudadanos que se habían reunido en el Areópago para escuchar lo que tenía que decirles sobre el Dios en quien creía: "Atenienses, en todo observo que sois muy religiosos, porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio" (Hechos,17:22,23).

Analizaremos el problema del miedo que almacenamos en nuestras almas a la luz del Dios de amor que la Biblia nos descubre en la persona de Jesús. El amor impulsa a Dios a encarnarse en su Hijo que históricamente es Jesús. Este dios hecho hombre juega un papel primordial en nuestra lucha contra el miedo. En primer lugar, en Jesús Dios se hace semejante a nosotros. Pasa por las misma tribulaciones por las que pasamos nosotros. La experiencia del Dios encarnado sirve para que, habiéndose identificado con nosotros tenga la suficiente empatía para sintonizar con nosotros y darnos el socorro oportuno.

En la Biblia se encuentran diversos textos que nos garantizan que el Dios único, creador de todo lo existente nos ayuda a eliminar el miedo que nace espontáneamente en nuestras almas. Analizaremos uno que apenas se le conoce: "En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor" (I Juan,4:18).

Hemos presentado el Dios de amor que se descubre en Jesús. Pues bien, este Dios derrama su amor en el corazón del hombre. Para la persona que ha tenido esta experiencia, Dios deja de ser un dios desconocido para convertirse en Alguien con quien puede relacionarse de tú a tú. Este contacto espiritual le garantiza que el Dios omnipotente está detrás de todos los acontecimientos de este mundo, ya que nada ocurre sin su consentimiento y, los sucesos, por trágicos que sean e incomprensibles para nuestra mentes finitas "son para el bien de quienes le aman.

Alcanzado este nivel de sabiduría espiritual el creyente se enfrenta a las incertidumbres diarias descansando en el regazo de Dios que le ama. El amor de Dios en el corazón ahuyenta el temor.

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