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Interrogantes sobre Al-Qaeda

Pascual Falces de Binéfar
Pascual Falces
jueves, 28 de julio de 2005, 03:21 h (CET)
Se expone, a través de todos los medios, como el principal problema que tiene, hoy día, y para su seguridad, incluso supervivencia, la extensa franja de población que pertenece, o se relaciona, con la cultura occidental. Para el gran público hizo su acto de presentación cuando un iluminado Bin Laden, entre las escarpaduras de Afganistán, se proclamó responsable del terrorífico atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, el once de septiembre de pronto hará cuatro años.

No faltaron informaciones acerca de que “ya se sabía de él” y de su papel a favor de la CIA, durante la ocupación soviética de aquel país. A pies juntillas hubo de creerse en que encarnaba el “mal”, pero a pesar de todo los esfuerzos, no se le ha encontrado. Con alguna regularidad se le vuelve a mencionar a causa de comunicados atribuidos a él mismo, o a la organización “secreta” que se presume dirige. Del mismo modo, también “se saben” ciertos detalles de esta criminal asociación, aunque no han sido confirmados de manera diáfana, por descubrir documentación, o por haberse “pasado” con armas y bagaje algún compinche, etc.

Como consecuencia del gran misterio que rodea todas las atrocidades cometidas a escala mundial, se da por sentado que equivale a un poderoso y aterrador ejército que puede operar con su rastro de sangre, en cualquier lugar. Sobre los que ya ha actuado, hasta ahora, las conjeturas para vincularlos entre sí, son incontables. Cada lugar del territorio “occidental”, se siente amenazado por uno u otro motivo. En consecuencia, las medidas de seguridad que se establecen, rozan la libertad pública de que tan orgulloso se siente esta parte del mundo.

La gente, naturalmente, ha llegado a convivir con el riesgo de ser mañana objetivo de una nueva matanza. Forzosamente, la vida ha de seguir; se ha de ir a trabajar, a la escuela, o al supermercado... Pero “todo” está amenazado por Al Quaeda, y, además, se contempla la incapacidad para defenderse de ella. Hay costumbres, como la defensa propia, que se han olvidado, incluso penado, en Occidente. Aunque no en todas partes; se ha visto, a Scotland Yard, rematar a un sospechoso y afirmar que seguirá tirando a “dar”, aunque haya transcurrido, ya, la consiguiente manifestación de solidaridad con el tiroteado.

El “guión” sobre Al Quaeda y sus fechorías, unas veces parece muy claro, y en otras, sobre todo a la hora de la verdad, lleno de misterios imposibles de descifrar. El hecho de estar vinculada, notoriamente, con el integrismo islámico, ha complicado más su análisis. ¿Cuántos en Occidente han leído el Corán? Desmedidos interrogantes para hacer un análisis de mínimo rigor. La elucubración -divagación complicada y con apariencia de profundidad, o, imaginar sin mucho fundamento- ocupa, en su lugar, la gran mayoría de los comentarios de actualidad, vistos, oídos o leídos.

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