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Toros

Etiquetas:   Crónica taurina   -   Sección:   Toros

La venganza del Cid

Ignacio de Cossío
Ignacio de Cossío
lunes, 26 de septiembre de 2005, 01:28 h (CET)
Morbo, mucho morbo tuvo la corrida del aniversario de Santander con un César Rincón resucitado de San Jaime para la ocasión y un Cid, pletórico y rebosante de arte y gracia con los engaños. Al final la triste realidad fue otra y presenciamos una corrida con un púgil noqueado antes de comenzar el primer asalto. No se vio rivalidad como en Madrid pero si mucho toreo en esta ocasión, obra y arte de la figura sevillana.

Rincón milagrosamente cumplió su palabra y estuvo en Santander pese a tener un tobillo reventado en Valencia. Nadie daba crédito hasta que le vimos romper el paseillo de azul marino y oro en el coso de Cuatro Caminos. ¡Que hombría y torería, ahí esta el colombiano que no reniega de los grandes compromisos! El público montañés agradece poco tal gesta y sólo le obligó a saludar tras una fuerte ovación al comienzo de su lidia. Después llegaron los llantos y el crujir de dientes. Salta el primer toro negro de Jandilla de nombre “Invencible” al ruedo cántabro para ser vencido por la espesura de sus malas intenciones y la escasez de fijeza como de casta en sus embestidas. Rincón inválido también se crece ante la dificultad y logra clavar su espada en el corazón del toro, ¡Ánimo maestro, dos esfuerzos más!

El Cid con la fortuna de frente recibe al segundo con dos juegos de verónicas de Salteras y dos verónicas de la Alameda. Menudo mochuelo esta hecho el toro, así le llaman y así acude, casi dormido a la muleta del sevillano. Otro toro sin casta de Jandilla, parece mentira y van dos uno en mal y aire y otro en soso. A una serie con la diestra cerrada con un de pecho forzado, le siguen dos al natural entre faroles que casi alumbran la plaza. Saluda Manolo como si aquí no pasara nada y es verdad, lamentablemente aquí no pasó nada más.

César que pese a todo sigue siendo el César, sino que se lo digan al Cid en la tarde de los Alcurrucén en Madrid este año, templa el ir y venir de Fotógrafo, un toro tercero muy gazapón. El toro que anunciaba poco y se metía para dentro más, le hizo pasar las de Caín al gran César. Una tarde gris que se convertía en negro calvario bajo los gritos del cada vez menos respetable. Llega la hora de la suerte suprema y la espada del César que tiene el ángel cagado en la noche se dobla, pincha y no tardan los pitos en salir al paso, como casi siempre a destiempo y sin memoria.

Otro toro sin fuelle también resulta el cuarto toro gaditano conocido en Medina Sidonea por Sombrerero. Lástima que no sirviera ni para el cordel de la cinta del tapa calvas que me regalaron. ¡Cortito con sifón, por favor! pedía los envites el pobre animal. A Dios gracias ahí estaba el sevillano para taparlo todo y enmendar el descastamiento general del encierro jandillero. Dos series con la diestra y una gran estocada, desatan los ánimos de la presidencia que se excede con el segundo trofeo. Estamos en Santander ya sé, pero que no se note también en la televisión.

La corrida a estas alturas de la película se presentaba cuesta arriba para todos, con más genio que bravura y muchas más complicaciones que otra cosa. Pero se jugaron los dos últimos y se descubrió porque Jandilla es quien es.

Al castaño quinto nunca le cogió el aire Rincón por su mejor pitón que resultó ser el izquierdo y todo se diluyó en una protesta desmesurada que continuó en su salida de la plaza con el rostro vencido. No fue para tanto un silencio piadoso hubiera sido otra cosa, puesto que pudo haber mandado un parte médico que yo me sé. De El Cid decir que, él si que supo aprovecharse de la oportunidad del mejor del encierro y nos regaló tres series diestras eternas, cadenciosas y templadas que casi taparon las otras dos series largas, larguísimas al natural y los dos circulares de espaldas también soberbios que culminaron su aportación a la feria norteña. La plaza sentía que el rabo estaba cerca y que la efeméride podía llegar de nuevo al coso montañés en la noche del aniversario. Tres muletazos genuflexos descienden sobre la tierra batida ayudados con el aire sureño de toro y torero. Un diez para el toro y otro para el Saltereño que no duda en dedicar la proeza a su tierra natal ante los micrófonos de Canal Plus y sus 25.000 televidentes. Un poco atravesada cae la espada de Manolo y se desvanece el sueño del rabo por una oreja, pero ahí quedó para siempre la profundidad y la gracia de un torero que sin ser un exquisito del arte es también un artista, mal que le pese a muchos. Resultado justo y El Cid que se quitó un poco la espinita clavada de Madrid ante El César que pese a estar a medio gas quedó vencido por su propia responsabilidad.

FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de Santander. Tercera corrida de la Feria de Santiago. En noche espléndida y con lleno en los tendidos se lidiaron seis toros de Jandilla desigualmente presentados, 1º y 2º descastados y complicados; 3º y 4º sosos y sin clase; 5º noble y con un gran pitón izquierdo y 6º de extraordinaria clase.

- César Rincón, de azul marino y oro. Silencio, silencio y pitos.

- El Cid, de tabaco y oro. Vuelta al ruedo, dos orejas y oreja.

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