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Etiquetas:   Bromas aparte   -   Sección:   Opinión

El caso Rodríguez

Ezequiel Estebo
Redacción
martes, 26 de julio de 2005, 23:06 h (CET)
La utilización del marketing en la política da en una poderosa arma que bien usada permite desarticular toda oposición, ganar seguidores y hasta generar un estado de confianza en el político a favor del cual juega difícil de desmontar si no es con una contraestrategia de marketing bien diseñada; pero pervertidos los principios que sustentan el marketing de preocupación por el cliente y fidelización a través de la transformación de productos en servicios diseñados a medida de las necesidades, la política se transforma en demagogia y lo único que queda es una máscara de palabras que intentan ocultar el vacío de programa y preparación para gobernar.

En una ocasión, hablando con un destacado asesor de marketing, me comentó que le parecía que Zapatero tenía una gran estrategia de marketing detrás. Le pregunté porqué. Me dijo, convencido, que le parecía que sabía presentar bien sus ideas. Me quedé perplejo. Al cabo de un rato, como veía que él no añadía nada más y se había quedado observándome, le contesté: "parece que a tí sí te las ha vendido bien"; a lo que él me contestó sin titubeos que a él y a mucha gente más. No dije nada. ¿Para qué? Después de todo, podía ser que tuviera razón.

Más tarde me quedé pensando en la conversación. Yo no es que entonces supiese mucho de marketing, tampoco es que sepa mucho más que entonces de esta ciencia de los negocios; pero de lo poco que he conseguido aprender es que a través del marketing se consigue que el cliente quede satisfecho con la compra lo que lo predispone de forma favorable a volver a comprar a esa empresa. Yo, no es por nada, pero sospecho que no es este el caso; sino más bien al contrario, a lo largo de este año la insatisfacción de la población con las declaraciones del ejecutivo de Rodríguez (digo declaraciones porque medidas, más bien poquitas) se ha ido reflejando en las encuestas y en los comiciones, donde en cada nueva ocasión el PSOE ha perdido votantes respecto del anterior.

Pero aún así, aún he seguido dándole vueltas hasta hoy (no vean la de sueño perdido por esto). Después de todo, el experto era él.

La verdad, sigo sin entenderlo; aunque desde entonces he podido constatar que no era la de este experto, la única en este sentido. No poca gente piensa como él que Rodríguez tiene un buen marketing detrás. ¿Buen marketing? ¿Qué buen marketing? ¡Pero si ni siquiera sabe hablar! Pero a ver, a ver, a ver... ¿Cómo se puede decir que tiene buen marketing quien ganó unas elecciones sólo por el vuelco electoral que un atentado? Yo creo que esta es una de esas leyendas urbanas. Como la de los caimanes en las cloacas. Alguien una vez dijo que tenía un buen marketing detrás y todos lo corearon al compás.

El caso Rodríguez es un caso de simplismo elevado a la categoría de presidente de la nación. ¿Qué marketing existe detrás de esto? Ninguno. Tan sólo unas sencillas consignas y un poco de maquillaje por aquí y un juego de luces por allá. Eso es todo.

¿Qué gran mérito tiene este hombre? ¿El de hacerse llamar ZP? ¿Y en qué hubiera derivado eso si no llega a ser por el atentado? En nada. Tan simple como eso: En nada. Algunos ahora dirán que es que es muy chic, muy moderno, muy desenfadado o lo que quieran. Si no llega a producirse el atentado simplemente hubiera quedado en una ridiculez más de las muchas a las que nos tiene habituados ya el partido socialista. Ahora el otrora llamado ZP, dice que le molesta le llamen Rodríguez. ¡Qué gran estrategia de marketing! Permítanme que me ría.

Después de que ZP demostrase ser un fracaso: Petazeta, ZETAP, etc. intenta frenar la riada de burlas a través del apellido de su padre, al que nunca ha debido de profesarle un gran cariño.

¡Bah! ¿Y esas son las grandes estrategias de marketing? ¿Eso y decir en cada sitio lo que se quiere oír? Eso no es marketing, es manipulación, es demagogia, es ser un vendedor de humo. Humo como el del incendio de Guadalajara que fue provocado por el cambio climático. Humo, como el de las desaladoras, que no existen. Humo como el de los pisos de treinta metros cuadrados, que si ya es una vergüenza proponer esa indignidad peor es que ni eso exista. Humo es tener un ministerio sin competencias. Humo es llamarse presidente de España cuando quienes mandan son otros que reniegan de España.

Pero esto es lo que da de sí, el sr. Rodríguez o ZP, o como sea. Me da igual. Porque yo lo pienso llamar como me salga de las narices, que será en cada caso como más le moleste; porque más me molesta a mí tener que llamar presidente a quien escuchaba ópera mientras morían españoles intentando apagar el fuego que consumía a España.

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