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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Psicología para el desconsuelo

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
lunes, 25 de julio de 2005, 22:26 h (CET)
Entre las modernas réplicas institucionales que atentados terroristas o incendios devastadores suscitan, una de las más socorridas es la atención psicológica a las víctimas que consiguen salvar el pellejo. Dos años y medio de calendario después de la sanguinaria mutilación genital a que fue sometido en una brutal ceremonia mahometana de circuncisión, he he asistido, sobrecogido, a la exploración psicológica de mi hijo pequeño, tanto por parte de la autoridad municipal como de la judicial y este telegrama es su crónica. Tarde, mal y nunca.

A la abusiva tardanza se ha sumado, aunque parezca mentira, un apresurado doble trámite profesional que ha seguido itinerarios paralelos, prácticamente idénticos en su procedimiento y se ha venido a fijar, casi exclusivamente, en el posible absentismo escolar y en si el nene iba peinado y llevaba cortadas las uñas el día de la entrevista. Llegando ya al fondo del asunto, no se ha tenido en cuenta, en bloque, el disgusto verbalizado por el chaval al respecto más que para relativizarlo y, con ello, utilizarlo en su contra. Como hecho con molde, también ha sido unánime el enfoque y sus conclusiones, llegando, incluso, a expresar tímidamente la irrelevancia de la tiránica amputación, y hasta sus virtudes culturales como signo de integración social.

Todavía estoy asustado. No sé si a las desgraciadas niñas que sufren la brutal excisión del clítoris se les intenta proporcionar parecido tipo de ayuda oficial, intentando hacerles ver la irrelevancia de la destroza o si, por el contrario se las intenta aliviar, por ejemplo, con la indiscutible evidencia argumental de que la carnicería experimentada no volverá a reproducirse nunca más. Con psicólogos como estos, cada vez van a tener más holgura los torturadores. No nos queda entonces otro consuelo de verdad que el de Cantinflas, a Dios gracias. Amén.

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