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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Padre nuestro

Federico Ferrando (Valencia)
Redacción
lunes, 25 de julio de 2005, 22:26 h (CET)
La situación dramática del terrorismo islámico está provocando reacciones en toda la sociedad occidental de mayoría no musulmana. No cabe duda de que los grupos terroristas islámicos están bien organizados, disponen del material suficiente para causar puntualmente la muerte y de una gran financiación para moverse de un lugar a otro sin dejar rastro, aparte de los terroristas suicidas, que por su acción, y según el Corán, se ganan el cielo en ese mismo instante y su recompensa son setenta y dos vírgenes para él en el paraiso del Islam. Pero la sociedad occidental se encuentra en una dicotomía importante con este terrorismo internacional movido desde la fe religiosa, y por lo tanto, casi imparable, que ha tomado como protagonistas de sus actos a los países del occidente. Llama la atención que hasta los budistas, que propugnan la paz del alma y de las sociedades, quemaron la pasada semana un templo católico en Sri Lanka.

Si nos movemos por nuestras emociones y por nuestro pesar, necesidad de venganza (sentimiento extinguido hace muchos años, pero humano, y por lo tanto, presente), son muchas las razones que hace resurgir un sentimiento común de todos los occidentales de aniquilación, expulsión y sometimiento del Islam a la Comunidad Internacional. Después de la incruenta matanza del 11 de septiembre en los Estados Unidos, del 11 de Marzo en España, del 7 de julio en Inglaterra, y del 23 de agosto en Egipto, las amenazas de promover un infierno en Europa y Estados Unidos, hace que los europeos se planteen primeramente la expulsión de todo musulman del territorio americano y europeo. Después ya vendrá el sometimiento del Islam a las Normas de la Comunidad Internacional.

El problema es el desarrollo de conciencias fanáticas, llamadas a unas nuevas Cruzadas contra al infiel al estilo de la Edad Media ó del Nazismo Hitleriano. Los valores occidentales pronto se pierden, y renacen ante el ataque masivo que pone en peligro su supervivencia. Pero claro, por medio está el petróleo, energía básica de las economías occidentales y que en su mayoría se encuentra en territorios islámicos. ¿Cómo resolver este capítulo?. Es casi una situación de estrategia político-militar en la que lo fundamental es dividir al enemigo común y cortar de raíz a los fanáticos del burka desde dentro del Islam, buscando aliados a quienes dotar de los medios necesarios para la destrucción del terrorismo internacional, algo que ya se hizo y que ha dado muy tristes resultados, como es el caso de Irak, el país con más terrorismo islámico de todos, en el que sólo hay víctimas inocentes a diario.

Es una gran preocupación para nosotros, que hemos fundado nuestra sociedad en los valores de Cristo, y para que todas nuestras conciencias sean consecuentes con las enseñanzas del Evangelio. Por ello, los carlistas no podemos permitir el despuntar de regímenes absolutos y totalitarios que promuevan el odio al musulmán, el odio a personas - al fin y al cabo-. Pedimos moderación y sensatez cristiana para nuestros enemigos, pero no podemos dejarnos abatir en masa viendo como destruyen nuestra civilización europea. Es muy difícil actuar para las personas y muy fácil generalizar en las expulsiones. Sus actos provocarán nuestras consecuencias, y como he dicho antes, la venganza es un sentimiento que renace ante una cuestión de supervivencia. Pero esto es el futuro. En el presente, no podemos más que rogar a Dios por todos los hombres, para que la razón se imponga al fanatismo y repetir sin cesar Padre nuestro... hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Federico Ferrando Roda. Junta Carlista del Reino de Valencia.

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