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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Sin pensiones

Federico Ferrando Roda (Valencia)
Redacción
domingo, 24 de julio de 2005, 02:20 h (CET)
Si durante el gobierno Aznar se garantizaban las pensiones para el futuro, ayer, el Ministro Jesus Caldera, del Gobierno ZP, anunció que sólo se garantizan las pensiones hasta el año 2015, o sea, de aquí a diez años. Las consecuencias de ello son impredecibles. La familia media tradicional es la que más dinero ha aportado a las arcas del Estado para la Seguridad Social y las pensiones que en su día esperaban cobrar. En estos momentos, son las generaciones de los años sesenta, cuando se premiaban las familias numerosas, las que se están haciendo cargo de los pagos a la Seguridad Social. Sin embargo, ya en los setenta y ochenta España estaba a la cola de Europa en el número de nacimientos por habitante. Entonces, las estadísticas mantenían que los españoles tenían 1,2 hijos por familia. Yo me pregunto si este salto generacional, cuya pirámide es invertida, se nos va a quedar una mísera pensión ó ninguna.

Ya estamos viviendo situaciones dramáticas en ancianos que, como mucho, después de haber trabajado toda su vida y contribuido al mantenimiento de las pensiones, reciben una mísera pensión de cuatrocientos euros, con lo que su calidad de vida desciende muy sensiblemente al llegar a los sesenta y cinco años. Por ello, es habitual que el patrimonio familiar "vuele" para resolver gastos que acumulan los jubilados. No cuento ya las pensiones no contributivas que no alcanzan ni la mitad de esos cuatrocientos euros.

Tal y como veo la situación, el anciano enfermo, viudo, y en muchas ocasiones sólo, ha perdido hasta la vivienda familiar y debe acudir a las asociaciones de caridad como los asilos de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, o suplicar a las Comunidades Autónomas el bono residencia a fin de que el gasto sea cubierto por otra administración que se supone podrá asumir semejante gasto.

La llegada a una residencia de la tercera edad es patética. Los ancianos en ella internados oscilan entre los sesenta y cinco años hasta los noventa y muchos que tienen algunos de ellos, completamente deteriorados de cuerpo y mente, con la desgracia del miedo y la soledad que les va inundando poco a poco. Y sobre todo, la falta de cariño familiar que olvidan a quien les dió la vida a su suerte en el asilo. No puedo generalizar y decir que todos hacen lo mismo, pero sí que una gran mayoría padecen semejante calvario.

No hay derecho a que los ancianos españoles quedemos al arbitrio de un Estado cuya política no garantiza, de pronto, las pensiones más de diez años, siendo unas míseras pensiones. Si el anterior gobierno guardaba para garantizar el futuro mejor de nuestros ancianos, el presente Gobierno de ZP propugna y actúa en contraposición, comiéndose lo que en el resto de Europa está más que garantizado. Aquí en España, estamos a la cola y ya sabemos que el llegar a la tercera edad supone perder todo el esfuerzo de nuestro trabajo a lo largo de más de cuarenta años, acabar en una residencia o asilo con una mísera pensión y ser pasto de la depresión, la soledad y la falta de cariño familiar. No me extraña que muchos de ellos pierdan cualquier interés por la vida y no tengan el ánimo mas que para esperar la muerte.

Cuando el Presidente ZP anuncia que se va a castigar el ahorro con impuestos que llegan a ser en algunos casos confiscatorios, en contra de lo estipulado en las leyes hacendísticas, yo me planteo si volveremos a esconder nuestras "pesetillas" en el calcetín debajo del ladrillo para poder salvar nuestra vejez de tanto desatino.

Ante esta situación, los carlistas denunciamos la política socialista y neoliberal del Estado del Bienestar frente a la razón humana, el bien común, reducción radical de impuestos a los jubilados (siempre tan manidos en campaña electoral), intentando concienciar a la sociedad para que asuma que no por ser viejos dejan de ser seres humanos que necesitan el cariño de los que ellos mismos trajeron a este mundo y les dieron la vida, evitarles la soledad y la depresión con cuidados que se acercan a la Caridad cristiana con el prójimo. También proponemos desde la defensa de los Fueros de nuestros Reinos una garantía asistencial que eleve la calidad de vida de nuestros ancianos, así como una asistencia efectiva de los Consejos forales en salud, ocio, gastos por alimentos, acondicionamiento de las temperaturas en los centros de tercera edad, etc. Todo en favor de los que, a lo largo de su vida, han acumulado más experiencia y más sabiduría que cualquiera de los políticos impresentables que nos gobiernan. Federico Ferrando Roda. Junta Carlista del Reino de Valencia.

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