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Etiquetas:   Bromas aparte   -   Sección:   Opinión

Detrás del talante

Ezequiel Estebo
Redacción
domingo, 24 de julio de 2005, 02:20 h (CET)
Ya el otro día les relacionaba una lista de hechos del comienzo de legislatura que tenían su correlativa consecuencia en últimos acontecimientos de la vida política nacional. Me van a permitir que continúe con esta mini serie de artículos recapitulatorios de lo ocurrido durante este año que ya inicié en el anterior artículo, ahora que termina el mes de julio y con ello el curso político y les muestre como una vez más los cargos a cuenta pasan factura.

El año pasado fue el año del talante. El pueblo español, conmocionado, noqueado tras los trágicos acontecimientos del 11-M, se dejó llevar por las palabras de los encantadores de serpientes e hipnotizados, robada su capacidad de reacción, dieron crédito y pábulo a las promesas del vellocino de oro y el "talante" de la progresía. ¡Ah, el talante, el talante! ¡Con qué estudiada perfidia y malignidad fue escogida la palabra! Porque tal como ya les expliqué en anterior ocasión en esta misma columna, la palabrita se las trae: "Buen semblante". ¿Buen semblante? ¿Y con eso cómo se gobierna?

Recordarán que les anunciaba en aquel entonces no pocas decepciones a los votantes del "talante" en cuanto los hechos se fueran sucediendo y hubieran de mirar detrás del telón del talante qué se escondía en busca de la quimera prometida y descubriesen que tan sólo había la vaporosa ilusión de un experto malabarista del marketing político. Y recordarán también que les dije que no esperaba nada bueno del que por aquel entonces estrenaba la presidencia. Ha pasado un año de aquello y ya se van confirmando mis peores sospechas.

Al señor Rodríguez, antes conocido como ZP, el talante se le ha ido por el mismo sitio que el programa de gobierno. No sabemos a dónde pero que se han ido juntos y cogidos de la mano, es un hecho. Su natural sonrisa se queda en forzada y fingida (de fingir creo que saben en general todos los políticos pero unos con menos ética y ninguna moral que otros, más que los demás) y la realidad se impone a golpe talante con las familias católicas, talante con los murcianos, talante con los jóvenes que buscan una primera vivienda, talante con los afectados del Carmel y talante con las familias de las víctimas del incendio de Guadalajara. Mucho talante. Tanto, que el sr. Rodríguez prefiere irse de viaje a China antes que asistir a acto alguno con las familias afectadas. Ese es su talante.

Se dice por ahí, que ya tiene el PSOE su particular Prestige. Me niego a aceptar tal tesis. Primero porque el Prestige fue una castástrofe mucho más visual que cualquier incendio y en este sentido el conjunto de la sociedad española lo percibió como algo mucho más grave, cuando en realidad, las repercusiones medioambientales de un incendio no son menores que las de derramar petróleo en la costa, son distintas, pero no menores, en cierto sentido, de hecho, son incluso mayores; y segundo, porque en ningún momento falleció nadie por causa del Prestige ni de las labores posteriores.

El incendio de Guadalajara ha vuelto a poner de manifiesto la falta de preparación de la de las administraciones socialistas: Ni desde el gobierno central, ni desde la autonomía. Nada. Porque si no es por una falta total de previsión y dotación en medios me dirán a mí cómo puede una barbacoa acabar con la vida de once profesionales de los bosques.

Eso sí, si previsión no ha habido ninguna, decencia tampoco. El presidente se va a China, los ministros ni aparecen. Bono dando explicaciones sin necesidad de que nadie se las pida (cada cual que asuma su grado de culpa) y Rubalcaba como siempre protagonizando el no va más de la falta de vergüenza. Nada menos a que a juzgar los sentimientos de los demás, se dedica éste ahora. Comprende uno, que piense el ladrón que todos son de su condición; y que es evidente que el partido socialista no siente el fallecimiento de las víctimas, y que por eso no es de extrañar que no den crédito a los sentimientos de los demás. Pero como a buen seguro a ustedes no se les escapa, el PSOE no tiene la exclusividad de los sentimientos, y el sr. Rubalcaba mucho menos.

Es triste que el portavoz parlamentario del partido que dirige España no sienta las muertes de ciudadanos españoles en una tragedia que hubiera podido evitarse con programas y medios eficaces; pero además de triste es vergonzoso que encima pretenda imponer su sentimiento de indolencia a los demás y establecer que sólo ellos tienen derecho a sentir la muerte de una persona y decidir qué persona le causa ese sufrimiento.

A lo mejor lo que pensaba el sr. Rubalcaba es que también son finjidas las muertes. No lo sé. Lo que sí sé, es que a mí se me revolverían las tripas si fuera socialista, hubiera votado convencido al PSOE tras todas las peroratas sobre "asesinos", "guerras" y "víctimas" en Iraq y luego viese la indolencia absoluta ante el sufrimiento de mis vecinos, de mis conciudadanos. Porque pensaría que me han tomado por idiota.

¿Y ahora qué? ¿Cómo va eso del talante? Como en el Carmel. Actos de presencia: Cero. Soluciones: Cero. ¿El tres por cierto? ¿Dónde va? Eso sí, ahora a ver si atacan a Esperanza Aguirre, desvían la atención hacia otro sitio y a seguir mirando para otro lado, que la vida total son dos días y desde el La Moncloa se vive mejor.

Porque yo no sé si durante El Prestige, Fraga estuvo o no de caza. Lo que sí sé, es que hace falta traspasar las barreras del cinismo para haberse echado encima de él como lo hicieron por aquella supuesta cacería y con toda la desfachatez y de forma pública y notoria largarse el presidente de la nación (el único no nacionalista español) a China y pasar una vez más por encima de los cadáveres, en lo que parece ya se ha convertido en una costumbre. Una vez más, lo que comenzó de una forma no podía continuar de otra. Pasaron por encima de los cadáveres del 11-M para ganar las elecciones, pasaron por encima de las víctimas de ETA para su marcar su rumbo en la política antiterrorista, y pasan de los cadáveres de Guadalajara. Parece que el respeto a los muertos no existe en su vocabulario. Pero claro, no hay que olvidar que estamos hablando del mismo partido bajo cuyo gobierno hubo un GAL.

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