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Etiquetas:   A sangre fría   -   Sección:   Opinión

Hoy mueren en Londres, como mueren en Bagdad

Jesús Nieto

sábado, 23 de julio de 2005, 02:10 h (CET)
El pueblo británico, tan estricto en sus costumbres como flemático ante la adversidad, asiste con miedo, desesperanza e incertidumbre al surgimiento en suelo londinense de una nueva tipología del terrorismo internacional, un nuevo capitulo de la reacción armada al todopoderoso gigante con pies de barro que es Occidente. Una modalidad desconocida hasta el 7-J de terrorismo religioso, en la que los fanáticos, lejos de provenir de montañas y desiertos lejanos son oriundos de la periferia de las grandes ciudades, esos extrarradios que los británicos de cara al mundo exhiben como núcleo de la mescolanza étnica y el multiculturalismo, pero que ciertamente son focos de marginación y pobreza, circundantes a la ciudad de Londres, la cual, aun advertida del inminente riesgo de padecer una tragedia similar a la del 11-M, tardará en digerir que los asesinos del metro eran súbditos de su Graciosa Majestad.

Los atentados de Londres, independientemente de la localidad de procedencia de los autores intelectuales o mártires anhelantes del paraíso prometido por Mahoma, reflejan la reacción del mundo radical árabe a la prepotencia de las naciones del triunvirato de las Azores, que de forma similar a las barajas simbólicas que los gringos jugaron en Irak, ponen encima de la mesa los naipes de la venganza que quedan por jugarse: Bush, Aznar y ahora Blair en la escalera de color de Al Qaeda.

Frente a la reacción violenta ante el odio anti-imperialista, en la otra orilla del charco, contrariamente a las bombas nacidas al amparo de la pobreza y el desarraigo, en la Latinoamérica esquilmada por tantas centurias de colonialismo, naciones como Chile, Argentina, o el México zapatista de Marcos, desafían la prepotencia chulesca de Bush y sus acólitos neoconservadores con la fuerza de la palabra y de la democracia radical que allí germina. Mientras en USA, los espaldas mojadas son mordidos por perros de dueños republicanos, y en España los parlamentarios en lugar de buscar soluciones a los problemas del mundo, pierden el tiempo en vociferar, meterse mano o rentabilizar electoralmente la carroña terrorista o incendiaria.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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