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Etiquetas:   Momento de reflexión  

¿Y aquí cuántos?

Octavi Pereña i Cortina
Octavi Pereña
miércoles, 20 de julio de 2005, 22:48 h (CET)
Una segunda redada policial efectuada el 22 de junio de 2005 descubrió una red de pederastia en la que estaban vinculados cuatro leridanos. Poco después, el 7 de julio, Londres fue el escenario escogido por el terrorismo islámico internacional para llevar a cabo una masacre que por unos momentos nos ha hecho olvidar los atentados diarios que se producen en Irak. No existe ninguna relación entre ambos hechos si no es en la reacción que han causado.

TV Lleida, que forma parte de una cadena de televisiones locales, en la tertulia que se realizó el día que se conoció la noticia de la detención de los pederastas locales, los contertulianos estuvieron de acuerdo en reconocer que jamás se hubieran podido imaginar que los detenidos hubiesen podido hacer semejante aberración. Por lo que hace al terrorismo islámico, la amenaza es planetaria, "pero los amenazadores viven en la puerta del lado llevando una vida como el resto de los vecinos del barrio", comenta LIBERATION.

El año 2004 el superior de un suicida palestino dijo a Donald Macintyre: "No tuve necesidad de convencerle. El mismo había escogido ser mártir.. Lo más fácil es encontrar mártires. En mi país los hay a millares que quieren serlo". Al recordar esta palabras a raíz del atentado de Londres, en THE INDEPENDENT, el periodista se hace esta incisiva pregunta: "¿Y aquí cuántos?

No somos personas sándwich que deambulamos por las calles con los carteles a cuestas que delatan nuestra condición: "Soy terrorista". "Soy pederasta". "Soy fabricante de éxtasis". "Soy fabricante de productos químicos para el engorde ilegal de ganado". "Soy traficante de armas". "Soy un matón". La lista se puede alargar hasta el infinito. No. No decimos en voz alta lo que somos. Nos lo guardamos para que no lo sepan ni los más íntimos. Llevamos una careta como los actores dramáticos de la Grecia clásica que disimulan nuestra auténtica personalidad. En público nos comportamos con toda normalidad. No se dan extravagancias en nuestras actitudes. Ante nuestra presencia nadie da la voz de alarma. Sólo cuando se descubre nuestra perversión es cuando quienes nos conocen dicen: "No puede ser. Jamás habría creído que pudiese hacer semejante disparate". Para muchos, su auténtica personalidad queda escondida a los ojos humanos, pero al Señor Jesucristo que nada se le escapa a su mirada escrutadora "sabe lo que hay en el corazón de los hombres".

El refrán popular tiene mucha miga: "La ocasión hace al ladrón". Es muy posible que nunca hayamos cometido ningún disparate que nos lleve ante el juez y que nuestro nombre salga en los titulares de prensa, porque nunca se nos ha presentado la oportunidad de hacer la infamia. La prudencia nos aconseja no decir: "De esta agua no beberé". La experiencia de las pequeñas fechorías que consideramos de "pecados veniales" o "mentiras piadosas", nos dan indicios de la barbaridad que podemos llegar a cometer si Dios, en su misericordia, no pone freno a nuestra tendencias perversas. Este descubrimiento nos tendría que llevar a hacer esta declaración: "Dios, sé propicio a mí, pecador" (Lucas,18:13).

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octavi2@mailpersonal.com
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