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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

¿Qué nos une?

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 18 de julio de 2005, 01:46 h (CET)
Inicialmente se nos presenta una tríada de orientaciones. Una parte irracional, puramente física o biológica. Por aquello de las demostraciones podemos dirigirnos a la ciencia, ratificando determinados hechos o yendo a la valoración de su posible falsedad, acercándonos a la teoría de Popper. La tercera vía transcurre en torno del multiculturalismo, con sus diferentes formas de pensar y actuar, sin buscar más recovecos por el momento.

No se duda de la primera, FÍSICAMENTE estamos con la presencia, siendo ella misma el testimonio comprobante. Aquí no se va más allá. Cada uno, por el simple hecho de estar, desarrolla sus funciones como puede. Nos une lo físico, sin más preámbulos.

La CIENCIA permite la progresiva adquisición de confirmaciones y descubrimientos. Eso nos lleva a nuevas escalas demostrativas. A través de sus datos e hipótesis se establece una línea argumental permanente. En esto pasa como con la democracia, es la mejor forma de ampliar conocimientos. Así y todo los logros no pasan de paradigmas momentáneos, hasta que un nuevo dato, una nueva prueba, estableció una nueva cota, y así sucesivamente.

Aún en este apartado científico es imposible esconder los límites, ponen en evidencia unos horizontes donde reverbera lo desconocido. Al descubrir algo nuevo, se abren nuevos pozos más profundos y amplios. ¿Será posible alcanzar alguna vez todo el conocimiento? Aquí cada uno piense lo que vea más conveniente. Parece muy complicado eso de alcanzar todo el conocimiento. Al llegar a estos horizontes limítrofes es frecuente que se consolide esa imágen de la caducidad humana tan familiar para todos.

Y son evidentes una infinidad de realidades, evidentes en sí mismas, existen; pero no hay forma de concretarlas, medirlas, ni dirigirlas con eficacia. Citemos algunas de ellas, como los instintos, emociones, sonrisas, tristeza, o tantas como nos empeñemos en atisbar y repasar. En concreto, limitaciones muy estrictas para una forma de estudio científico. Por eso mismo, un conglomerado de vivencias humanas inabarcables.

Aterricemos en el MULTICULTURALISMO. Con ínfulas de representarlo todo, de ser la solución por inclusión de todas las variaciones vitales. ¡Ah! incluye también una trampa muy seria en su interior. Porque a la vez, forzosamente, tiene troncos inesquivables, leñosos, coriáceos, que no dependen ni de Vd. ni de mí, ni de mayorías o minorías. Existen esos troncos constitutivos, sin más. No impiden el desarrollo de ramas y hojas más cambiantes y volubles.

No hay escapatoria, hemos de percibir los rasgos troncales y disfrutar, ser felices, con esos basamentos. No podremos eliminarlos sin desaparecer nosotros mismos. La creatividad nos ha de conducir a la aplicación de esos aspectos comunes y buscar la felicidad con ese aditamento. Hay realidades insoslayables en esto del multiculturalismo, no todo es asumible.

De no articular vínculos que nos unan, la diversidad constitutiva de la vida nos arrastrará a una competitividad mostrenca y cruel, a unas posiciones belicosas para que se pueda imponer el más fuerte. Cada sujeto se las compondrá para subsistir de la mejor manera posible.

Sin esos nodos de unión, el respeto, el diálogo, o mayores pretensiones intelectuales no juegan ningún papel, no tendrán sentido. No olvidemos tampoco el carácter dinámico de todas estas cuestiones. No sirve haber establecido unos principios hoy, la ley de la vida va cambiando las gentes y las situaciones. Lo que se entendió, quizá ya se vea como obsoleto. Hay que reverdecer esos criterios de forma permanente.

Volvamos al interrogante inicial. ¿Qué nos une?

Las tendencias actuales no parecen muy tranquilizadoras, pulula, y a veces hasta ulula, una maquinaria agresiva que no se entretiene en considerar a cada persona. Esta dirección sólo conducirá a la idiotez común, a la agresividad y el disconfort; si no a peores cotas sin humanidad.

¿Qué derechos hay que defender para todos? ¿Hay que defender alguno? Póngase cada uno un ejemplo, pronto apreciará la dificultad de conseguir un tratamiento unido de sus circunstancias. Dispersión, agresividad e intolerancia es la regla, más o menos disfrazada. Si uno repasa los famosos Derechos Humanos, una cosa es la declaración, otra los fundamentos de la misma; pero otra más lamentable que cada grupo o país los desvirtua a su manera.

No es suficiente con pensar y valorar, hablar o lamentar. Se requerirían actuaciones consecuente con los vínculos elegidos para permanecer unidos...en algo. La tozudez de los escapismos exige toma de posturas. ¿Dónde podríamos encontrar esos estímulos convincentes? No está fácil, y eso nos conduce a comportamientos sociales broncos, frívolos y frustrantes.

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