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Etiquetas:   100 Preguntas a Wifredo Espina   Cuestionario de Daniel E. Jones   -   Sección:   Opinión

Un director debe defender la independència del diario

Capítulo 8, La labor de profesor y director de revistas
Wifredo Espina
@wifredoespina
viernes, 31 de agosto de 2012, 07:19 h (CET)
1. Volvió a Barcelona en 1957 y, como muchos, se convirtió en un pluriempleado más. ¿Cómo podia combinar tantos trabajos?   
 
Un poco fastidiado por el rumbo que iba tomando el semanario madrileño, que cambió de propietario,  regresé  a Barcelona. para cursar el doctorado en derecho y como delegado de la revista Crítica, que era la que había dirigido en Madrid, y me permitía   ganar algun dinerillo.
   
La revista pasó de manos del industrial de papel, Emilio Revilla, a las del prestigioso escritor Lúcio del Alamo y después a las del delegado de una famosa marca  de coches, de cuyo nombre no me recuerdo ni quiero acordar-me. Me llamó para comunicarme que había comprado el semanario, convocándome a una visita en su casa. Me recibió tumbado en una camilla con dos masagistas dándole en la espalda y las piernas., y hablamos  cuatro frases de sin inmutarse..Al salir ya tenía mi determinación tomada; no quería saber nada de aquel personaje, viva imagen del nuevo rico madrileño.
   
Aquí compaginava como podia mi labor docente   en la Escuela de Periodismo del CIC y en la cátedra de derecho político regida por Manuel Jiménez de Parga, en la Universidad de Barcelona, con mi trabajo en el Instituto de la Opinión Pública y en las revistas Crítica, CEAM y principalmente Revista, que tenia un buen nivel cultural. Incluso escribí un libro sobre economía por encargo de un Procurador en Cortes catalán, que lo  firmaba. Yo lo dictaba y mi esposa lo escribía a mano mientras con el pie movía la cuna de nuestro primer hijo. Con qué ilusión estuvimos trabajando una semana para ganar unas cuantas perras!
   
¿Como podia compaginar todo esto? Era joven, con mucha vocación y ganas de trabajar.   

2. Durante once años (1959-1971) fue profesor ayudante en la càtedra de Derecho Político de la Universidad de Barcelona. ¿Le gustaba más que preparar los juicios? 


De juicios preparé pocos. Aconsejaba a mis clientes llegar a acuardos. Los juicios son caros, lentos y no se sabe qué puede ocurrir. Es cierto aquello de que es mejor un mal acuerdo que un buen pleito. Ya he contado antes algo de esta experiencia mia.
   
El Derecho me gustaba muchísimo, así como defender a personas con argumentos jurídicos. Y creo que tenia cierta predisposición. Me ha satisfecho mucho la Medalla de Oro que, al cumplir los cincuenta años de colegiado, me entrego el Colegio de Abogados de Vic, en el Salón de la Columna del Ajuntamiento, con unas muy  generosas palabras del magistrado del Constitucional Eugeni Gay.
   
Como dije en aquel acto, la experiencia de abogado en Vic me convenció de que en el pariodismo podía pasar de defensar intereses individuales a defender a la sociedad de los abusos de los poderes políticos, económicos, etc. Este ha sido mi destino...La enseñanza también me atraía, sobre todo en aquellos tiempos difíciles en que, en conciencia, era obligado hacer ver a los alumnos el caracter represivo de la legislación vigente en materia informativa y las las contradicciones  entre ciertos grandes principios proclamados en leyes básicas y la práctica. En sus memórias, la diputada socialista Ana Balletbó, que fué ajumna mia en el CIC, dice que era un 'buen profesor'.No lo sé, pero intenté ser pedagógico y honesto.

3. También fue profesor en el CIC, la Escuela de Periodismo de la Iglesia en Barcelona. ¿Qué enseñanzas y consejos les daba a sus alumnos?


Como enseñaba régimen jurídico de la informacón, insistia en que  hay conocer las leyes aunque no nós gusten. Había por algunos, explicablemente, con cierta reticencia y desinterés en estudisr la legislación sobre la información (prensa, radio, televisión) vigente entonces, incluso la llamada "ley Fraga", que suposo un notable apertura pese a todos te podian sancionar o cerrar el periódico, importaba conocer la normativa a la que atenerse o no atenerse. Cada uno es libre de jugársela, ahora y entonces, pero debe saber lo que se juega. La ignoráncia es del género tonto.
   
En la Escuela de Periodismo del CIC había mucha libertad, y una gran sintonía entre profesores y alumnos. Se defendias los valores democráticos y la libertad de expresión, de la forma más natural. Entre el profesorado se contaroon muchas de las personalidades intelectuales y profesionales del país, con espíritu abierto y tolerante. Esto le dió mucho prestigio, y de dichas escuela han salido muchas de los más destacados profesionales del periodismo. En esta onda dominante, yo procuraba ser didáctico y honesto. La instictución que acogía la escuela, el CIC, dependiente de la Iglesia i presidida por el prestigioso intelectual Joan Triadú, en aquellas circunstáncias, un buen marco para que dominara este espiritu. Y el inolvidable hombre bueno que dirigía la Escuela de Periodismo, mosen Joan Alemany, con la ayuda técnica, en la secretaría, del después gran profesor Miquel de Moragas, y un equipo directivo muy valioso, conformaro un centro de enseñanza y de formación civica que ha marcado a varias generaciones. Fué y siguen siendo un inolvidable referente.

4. ¿Alguno ha llegado a ser un periodista relevante? 


Muchos, como he apuntado antes. En el libro de Roser Bofill sobre aquella escuela, con motivo, creo, de sus 25 años, figura una larga lista de docentes y alumnos que pasaron por aquellas aulas. Resulta muy interesante repasarlo. Muchos profesionales se jactan d'haver estudiado en la escuela del CIC. Imprimia caracter,  por su ambiente liberal y democrático frente a la Escuela Oficial  de Periodismo que, todo hay que decirlo, le salió mal al gobierno: pretendia formar profesionales más o menos adictos al Régimen, pero resultó que el alumnado rebotaba ante esta pretension.

5. Suele decirse que en Periodismo se tocan tantas cosas por encima que el alumno se licencia sabiendo poco. ¿Como organizaría los estudiós actuales?


Se sale especialista de nada. Siempre he defendido que Periodismo -como ocurrió después- debía estudiarse en la unversidad, tener nivel universitario, que le daría más solera e independencia. Pero no, como suele ocurrir, considerado como una carrera larga, sino de segundo grado y para licenciados en otras materias. Saldrían profesionales con una formación especíalizada (en economía, historia, literatura, filosofía, etc)  y con conocimientos específicos  en información y comunicación, que son ante todo conocimientos prácticos. El nievl profesional, en general, ganaría muchísimo.

6. ¿Qué recuerda la etapa en la que dirigió la revista econòmica CEAM?

Me permitió tener contacto directo con el mundo empresarial y económico. Allí conocí precisamente a Jordi Pujol, cuando dirigía Banca Catalana, que había fundado para dotar a Catalunya de un instrumento financiero que potenciara su política catalanista. Pujol demostró  con esto tener una clara visión del peso de la economía y las finanzas en el mundo de la política. Pero el experimento no acabó de salir bien, mejor dicho, terminó muy mal, con su quiebra. Puso la banca al servicio de "su" política, de su concepcion personal de Catalunya, y se hundió. Le sirvió de magnífica plataforma para su carrera política personal y partidista, pero como realidad bancaria fracasó. La economía tiene sus reglas propias. Pujol ha sido un gran político, pero un mal empresario.También, en sus manos, se hundieron El Correo Catalán y la revista Destino.
   
Conocí a Pujol CEAM. Yo iba a entrar en mi despacho cuando Vicenç Oller, jefe de estudios, y Juan Ortega, su segundo, me advirtieron de que estaba por llegar Jordi Pujol, entonces banquero, que iba a hablar con Fernando Del Pozo, secretario general de CEAM.  Había expectación. Pujol entró de prisa y con paso firme, saludó con gesto seco a los que estábamos allí y le metieron en un despacho, donde iba a tener la entrevista. Daba la impresión de que llevaba puesta una cierta aureola sagrada, de un personaje superior e inabastable. Me impresionó fuertemente.
  
En la revista CEAM, que hasta entonces era un simple boletín, cree una especie de consejo asesor, del que formaban parte, entre otros, Narcís Serra, Jacint Ros Hombravella, Vicens Oller, Juan Ortega y Francesc Santacana. Nos reunimos, creo recordar, solo un par de veces. Fue una ayuda para la trannsformación de la revista.


7. ¿Qué cualidades debe tener un buen director?

Hay diferentes tipos de derectores. De los que he conocido, uno de los que más me ha impactado ha sido el que lo fué de Le Monde, Jean M. Colombani, aunque me pareció más empresario que profesional del pariodismo. He valorado mucho a Horacio Sanz Guerrero, de La Vanguardia, e Ibañez Escofet.de TeleXpres. Pero quien más me ha influido y he considerado un gran director ha sido Andreu Roselló, de El Correo Catalán, que se adelanó en muchas cosas, desde  la independencia del diario, en tiempos muy difíciles,  hasta su misma maquetación, que le daba mucho atractivo.
 
Además de un buen conocimiento de todas las secciones de una publicación, tener autordad moral, es imprescindible para un director. Tener sentido de equipo y cierta humildad. Pero es esencial que su personalidad y autoridad moral le permitan preservar  el diario de las infinitas y fuertes presiones, influencias y tentaciónes que siempre intentan socavar la independencia de la publicación, desde fuera y desde dentro de la empresa.
   
Roselló fué un ejemplo. Supo burlar la censura gubernamental y la de la pròpia empresa. Podria contar muchos casos de antologia. Mi misma sección de crítica política fue una muestra. Y a un socio muy importante de la empresa , señor Aguilar, que nos acusaba de hacer marxicmo, lo toreó con una larga lista de citas del Concílio Vaticano II, durante un consejo de administración.

8. ¿A qué tipo de personajes entrevistaba en la sección «Genio y figura» de Revista?

Revista era un semanario que lucía una cabecera diseñada por Dalí y había sido fundado por un grupo de intelectuales de primera categoría. Más tarde quedó reducido  a un mediocre semanario de cultura y arte. Yo entré como redactor-jefe, pero además hacía una sección titulada "Genio y figura" que tuvo algún éxito pues dedicaba dos páginas centrales a personajes de categoria y actualidad. Esto, profesionalmente, siempre es muy agradecido.
   
El director del semanario en esta etapa decadente era Manuel Riera Crivillé, personaje inteligente, seductor de mujeres y empresarios, con un fuerte componente de iluminado, más soñador que realista, que al final tuvo que poner pies en polvorosa    y huir a Francia. Él decía que como exiliado político, cosa que quedaba muy bien, pero en realidad tuvo que tomar las de Villadiego por culpa de un montón de letras impagadas. Tenía una tentadora  verborrea y buena presencia y sabía engatusar a la gente con dinero para que le ayudaran a sacar adelante la revista, pero al final se le acabaron los benefactores y se le acumularon las deudas. Pagaba poco a sus colaboradores, y más de una vez nos había dicho, a finales de mes: «Tenemos tanto, así que nos lo repartiremos como buenos hermanos» 
   
Recuerdo que una tarde que yo necesitaba dinero, ya hacia el final, fui a su oficina a ver si podía cobrar. Al entrar en el despacho de su secretaria –Dolors Coll, muy eficiente y discreta–, esta me dijo que el director tenía una visita. Me disponía a esperar lo que hiciera falta, con tal de no irme de vacío, pero pronto empezaron a oírse gritos y chillidos que provenían del despacho del director, gritos cada vez más fuertes. Por si las moscas, le dije a Dolors que ya volvería otro día, y inicié el descenso por la noble escalera de caracol que me conducía al despacho. Aún no había bajado un piso que aquella voz chillona me interpeló, des del ojo de la escalera: «¿Qué? ¿Usted es también uno del grupo, verdad?» «No, yo sólo venía a cobrar, ¿sabe?» respondí sin levantar los ojos y acelerando el paso.
   
Se cuenta que, al salir de su despacho, Manuel Riera, tranquilo él, preguntó a su secretaria: «Dolors, ¿se han oído mucho, los gritos de este señor que acaba de salir?» «Un poquito.» «Pues avise  al carpintero para que coloque un listón en la parte baja de la puerta.» Se ve que ya estaba acostumbrado a esto y a que aquel tipo de “conversaciones” continuara.    

9. ¿Cree que esta sección le catapultó a El Correo Catalán?

Es posible que algo influyera, aunque en realidad creo fue todo mi currículum lo que me permitió entrar en El Correo. No sabría decirle en qué medida  pudo ayudarme la sección de entrevistas en Revista., pues los personajes que entrevistaba le daban una buena proyección.

10. Organizó el primer seminario de Derecho de la Información en España en los años sesenta?. ¿Por qué cree que nadie se preocupo de preparar uno antes?  

En la cátedra de Manuel Jiménez de Parga coincidí con Jordi Solé Tura, José Antonio González Casanova, Isidre Molas, Juli Busquets, y Josep M. Vallès, entre otros destacados universitarios. Y en aquella cátedra se organizó  el primer seminario sobre  Derecho de la Información que se celebró en España. Lo propuse al catedrático don Manuel, como le llamábamos, y me dijo que sí inmediatamente y me encargué de ello.
Después la misma asignatura la impartí en la Escuela de Periodismo del CIC.
   
Aprovacho para reivindicar la figura del doctor Jiménez de Parga, últimamente caida un tanto en desgracia en Catalunya a raíz de unas palabras suyas quizás inoportunas y mal interpretadas. No se olvide que a su amparo, fuimos muchos los universitarios de las más diversas ideolgías, que nos pudimos reunir y llevar a cabo una labor docente con total libertad. Muchos catedráticos y profesionales de toda índole encontramos cobijo, en tiempos muy difíciles. Y él mismo, con sus colaboraciones en Destino (Notíaias con acento) y La Vanguardia, fué un adalid en la lucha por la libertad de prensa. Esto no hay que olvidarlo de un profesor que estuvo muchos años en Barcelona donde ha dejado muchísimos alumnos y buenos recuerdos.
   
¿Por qué  no se habían creado seminarios sobre Derecho de la Información? Era un tema muy delicado. Había que estudiar y enseñar, naturalmente, la legislantes  represiva de eata libertad, entonces vigente, y señalar sus absurdidades y contradicciones. Podías pasarte y crearte algún problema. Seguramente por esto nadie, que yo sepa, antes se había puesto en esta labor. Me atraen los riesgos calculados.
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