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Televisión y Medios

Etiquetas:   De la parrilla a las brasas   -   Sección:   Televisión y Medios

El Caso Bretón y el debate del morbo

La cobertura de la tragedia arrasa en audiencia
Luis Alcázar
@luisalcazar_
miércoles, 29 de agosto de 2012, 08:35 h (CET)

Sin Título


La temporada de verano ha terminado. La tragedia ha tocado diana y los informativos y magacines traen todos sus efectivos. Porque lo que los espectadores demandan hay que dárselo.

El domingo conocíamos que los restos hallados en la finca Las Quemadillas eran humanos y, muy posiblemente, pertenecientes a los niños desaparecidos. Ana Rosa Quintana y Susanna Griso se apresuraron a adelantar el final de sus vacaciones para volver a sus programas matinales y cubrir la noticia que insuflaba actualidad y (lamentablemente) atractivo a la desaparición de Ruth y José. Ana Rosa además anunciaba que el martes, a su vuelta, daría una exclusiva gracias al trabajo estival de su equipo de investigación.

Y fue ‘El programa de Ana Rosa’ quien arrebató así el liderazgo de la mañana. Imágenes con el rótulo de exclusiva lograron que la franja que había obtenido un 18’6% el lunes pasará el martes a alcanzar el 22% con 713.000 espectadores, dejando a ‘Espejo Público verano’ con 16’2% y 515.000 espectadores.
Pero aún quedaba la batalla de máxima audiencia, el prime time nocturno. Antena 3 con los dos capítulos de ‘Juego de Tronos’ y La 1 con el partido de Champions tenían las manos atadas. Pero Telecinco gracias al espacio ‘Nada es igual’, producido por Mandarina, tenía margen de maniobra para poder realizar un especial. Y así lo hicieron. En un tiempo récord el equipo de profesionales dio a luz ‘Ruth y José: Nada es igual’ con intervenciones tan llamativas como la del jefe de la investigación del caso de los niños de Córdoba.

‘Juego de tronos’ sumó 1.587.000 espectadores y 10’6% de share con el capítulo ‘Baelor’ y 1.333.000 y 11’4% con el último de la temporada, ‘Fuego y sangre’, dejando a Antena 3 como tercera opción. El encuentro de Liga de Campeones Panathinaikos-Málaga dejó un buen rédito para La 1 con 2.004.000 espectadores y 17’1%. Pero el primer puesto del horario estelar se lo ganó Telecinco con el programa ‘Ruth y José: Nada es igual’, que batió a las demás ofertas con 2.103.000 seguidores y un share de 21’3%. Más que el fútbol. Más que una de las producciones de ficción más interesantes del año.

Estas victorias no están exentas de polémica. Se ha levantado de nuevo el debate sobre la persecución del morbo en televisión, sobre si la cobertura de una tragedia como ésta responde más a la simple búsqueda de audiencia antes que a satisfacer el legítimo derecho a la información de los ciudadanos. Se suma así a las desgracias de Marta del Castillo, de Mari Luz… hasta llegar a las chicas de Alcàsser. ¿Dónde termina la información y comienza el circo?

No estoy seguro de dónde termina la información, pero sí dónde comienza el circo: en nosotros. Sí sí, en nosotros, los ciudadanos, los televidentes, los radioyentes, los lectores, los internautas. Nosotros. Estamos tan acostumbrados a echar la culpa a los demás que es difícil de asumir. La audiencia manda. Pero la audiencia no es un monstruo extraterrestre que ha invadido nuestros cuerpos. Somos los dos millones de personas que eligen ver el fútbol en La 1 o los dos millones de personas que eligen ver el drama de la familia de Ruth y José en Telecinco. Quizá un NOSOTROS en mayúsculas, para que quede más claro.

En el estupendo blog de televisión llamado Vayatele se lanzó ayer una pregunta: ¿Es correcto el tratamiento dado en televisión del Caso Bretón?. Resumo aquí las respuestas más votadas: “suena sencillamente a vender más”, “mala cobertura”, “el tratamiento es pésimo y sensacionalista”, “en telemierda somos la potencia número 1”.

Es la enésima llamada de atención para los medios. Es necesario que la ética intervenga en las decisiones de quienes hacemos comunicación, ya sea de una manera o de otra. Pero ninguna respuesta hablaba de la ética de la sociedad. No ha habido llamamientos a que reflexionemos sobre por qué dos millones de personas siguen por televisión esta tragedia de inimaginable profundidad para su familia, pero de relativa poca influencia para el resto de la población: no es un huracán que recorra varias provincias sobre el que hay que alertar, no es un rescate a un banco con cientos de miles de clientes. Algunos pueden defenderse en la empatía, en la solidaridad con el dolor. ¿De verdad? Espero que un día una sociedad educada, culta, realmente solidaria y empática respete el dolor ajeno, una sociedad en la que el morbo por el morbo no sea un valor en sí. La televisión también influye, también educa para mal o para bien, pero no es el único culpable. En NOSOTROS está el hacer una sociedad distinta.
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