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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Mussolini era más sincero que ZP

Jorge Hernández

viernes, 15 de julio de 2005, 22:52 h (CET)
Hay veces que uno se harta, y yo estoy ya cansado de escuchar el soniquete de que 'Cataluña es una nación'. A base de repetir, parece que los grandes disparates quieren convertirse en realidad. Pero no nos engañemos, si el parlamento catalán aprueba por unanimidad que Cataluña es una nación, el hecho tiene el mismo valor que si ese mismo parlamento aprueba una resolución según la cual el planeta Júpiter es parte histórica y oprimida de los paises catalanes. Por muy democrática que sea la aprobación no dejaría de ser una aberración. Pero hay que reconocerle al nacionalismo que los mitos son rentables. El gran mito de los derechos históricos ha permitido a varias regiones de este pais disfrutar de privilegiados sistemas de financiación.

Pero vayamos al meollo de la cuestión, para empezar la definición de Cataluña como nación es incompatible con el artículo 2 de la Constitución.
En dicho precepto, de desafortunada redacción y peor elaboración, subyace un consenso básico, que es el que hoy en día está amenazado. Dicho consenso se traduce en definir a España como una «nación de nacionalidades y regiones».
Eso implica,en primer lugar que existe una sola nación política que es España. En segundo, que esa única nación está integrada por nacionalidades o regiones que en el ejercicio del derecho a la autonomía política pueden constituirse en comunidades autónomas. De ello se deduce, con total claridad, que la Constitución permite a las comunidades autónomas optar por una de estas dos denominaciones: nacionalidad (región con mayor conciencia de su singularidad cultural) o región, pero en modo alguno les permite calificarse como naciones, por mucho que Zapatero, haciendo gala de un ejercicio de ignorancia y de falta de cultura política asombroso, diga que sí lo es.

A esto se suele alegar que nacionalidad y nación es lo mismo. Ahora bien, el propio Peces Barba, ponente constitucional ha dicho muchas veces que el quería describir la existencia de una sola nación política, integrada por una pluralidad de naciones culturales. Y eso es lo que quedó plasmado en el artículo 2, donde el término nacionalidad es sinónimo de nación cultural, y en modo alguno equivale a nación política puesto que en ese caso quedaría abierta la puerta al ejercicio del derecho de autodeterminación que fue expresamente rechazado por las Cortes Constituyentes.

Que ahora salga Maragall diciendo que Cataluña es una nación,implica la asunción de la ideología de la nación y bebe en las fuentes del nacionalismo romántico con el que la burguesía decimonónica pretendió sacralizar sus intereses, o sea todo lo contrario de lo que se le presupone a un partido de izquierdas ¿De qué nación hablan pues estos políticos de baja estofa?.
La idea de nación es, ante todo y sobre todo, una construcción mítica, y por tanto, irracional. Podemos por tanto afirmar que, Benito Mussolini era mucho más sincero que los socialnacionalistas del PSOE, cuando reconocía:
«Nosotros hemos creado nuestro mito (...). Nuestro mito es la nación.
Nuestro mito es la grandeza de la nación». Que aprendan algo de historia por favor.

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