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Opinión
Etiquetas:   La Cosa Pública  

Cociditos veraniegos

Ekain Rico
Álvaro Peña
miércoles, 13 de julio de 2005, 22:59 h (CET)
No hay nada que un buen cocido no pueda arreglar. Al menos, eso es lo que parece que pensaba Rajoy cuando el lunes decidió invitar a comer al díscolo Piqué. Si lo piensan, es entrañable. En pleno apogeo del matrimonio homosexual, dos hombres opuestos al mismo, no dudan en comer juntos sin miedo al qué dirán. Y eso, que las tesis de Aquilino Polaino siguen dando juego en la calle Génova.

Y es que, ya se sabe que por muy grandes que sean las desavenencias conyugales, una buena comilona es capaz de hacer olvidar el mayor de los problemas, aunque sólo sea por la breve temporada veraniega. Después, ya rodarán las cabezas que tengan que caer pero, eso sí, siempre en bien de la unidad de España y en contra de esa confabulación judeomasónica que hoy nos gobierna desde Moncloa.

Con todo, las comidas o, mejor dicho, los banquetes han servido desde tiempos inmemoriales para celebrar los más diversos acontecimientos. Así que, a pesar de aquellas infames comidas en las que el uno se retracta públicamente de lo dicho, a pesar de que siga pensando lo mismo y el otro acepta las disculpas, aun sabiendo que quien solicita la indulgencia lleva más razón que un santo, siguen existiendo motivos dignos de celebración gastronómica.

Un ejemplo claro, lo constituye el banquete que, seguramente, habrán organizado los dos felices cónyuges recién salidos de la primera boda homosexual en España. Emilio Menéndez y Carlos Baturín bien merecen coronar sus muchos años de relación con el mejor de los banquetes posibles. Ese en el que todos se sientan ante la mesa de la igualdad y, servidos en bandejas de democracia, se degustan los derechos negados por tanto tiempo.

Es más. Ahora que el autodenominado Foro de la Familia ha puesto de moda eso de recoger firmas para avalar las más grotescas proposiciones, qué les parece si hacemos lo propio exigiendo que Rajoy, Piqué, Acebes y los demás que pretenden mantener discriminaciones, paguen el banquete de Emilio y Carlos.

Sí, ya lo sé. Es absurdo, pero y qué. ¿Acaso no hemos sacado en claro del año de oposición del PP que, incluso, lo más absurdo puede ser debatido en sede parlamentaria? Pues quede aquí mi propuesta.

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