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Etiquetas:   Artículo opinión   EEUU   -   Sección:   Opinión

Blancanieves y el espejo

La imagen interior y exterior que proyecta el Imperio (EEUU y sus socios), dista mucho de ser la modélica y democrática que ellos deliran tener
Ángel Ruiz Cediel
@angelruizcediel
jueves, 23 de agosto de 2012, 10:41 h (CET)
Asombra verdaderamente que después de la genocida matanza que perpetró la policía sudafricana (aventada y difundida en todos los medios con inusitada profusión), no haya recibido ninguna crítica o amenaza de las “sensibles” organizaciones internacionales y de derechos humanos, tan proclives en otras situaciones menores a rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo. Ni lo hicieron con el inhumano y vituperable linchamiento de Gadafi, ni con los asesinatos en masa de los partidarios de este dictadorzuelo derrocado encubiertamente por EEUU y sus socios franceses y británicos, ni con Guantánamo, ni con esa burla legalista británica de asediar la embajada de un país soberano como Ecuador cuando ellos mismos protegieron y velaron el bienestar del genocida chileno Pinochet, ni, en fin, cuando son palestinos, iraquíes, africanos o sirios progubernamentales las víctimas.

Parece ser que hemos regresado de pleno a la barbarie más execrable de nuestras capacidades. Nuestros ojos, otrora más o menos acostumbrados a un mundo que propendía al orden y al exterminio de la violencia gratuita, ensalzando los derechos civiles y libertades en todas las esquinas de la Tierra, vuelven a inundarse de imágenes de una crueldad y una violencia inenarrable. Asesinatos a sangre fría, ejecuciones sanguinarias en masa, seres arrojados desde las azoteas, madelmanes policías, turbas linchadoras, mercenarios sanguinarios..., etcétera. Ya sabemos que nada hay más cruel que una guerra civil –y lo sabemos por experiencia, porque aún en España, setenta años después de concluida, colea- y también sabemos que no hay mayor enemigo para un nacional de cualquier país que otro nacional de ese mismo país. Sin duda esto es parte de la condición humana. Sin embargo, parece que en esa partida en la que parecíamos ganar los del bando de la humanidad, la misericordia y la solidaridad para con todos nuestros semejantes, en realidad la hemos perdido. Después de las matanzas alentadas por el Nuevo Orden en la exYugoslavia –en las que siempre se dijo que algunos ricachones fueron a ejercitarse en la “caza humana” como francotiradores, pagando verdaderos fortunones por ello-, la cosa ha ido multiplicándose. El 11S propició una depredación mundial de los victimistas que en buena medida se soportaron en mercenarios y “profesionales” de la muerte oscura e impune, como esas Darkwater (Aguanegra), Brown & Root (Marrón y Raíz, filial de Halliburton), Executive Outcomes (Resultados Ejecutivos), Gurkas Security Guards (Guardias de Seguridad Gurkas), Military professional Resources International (Militares Profesionales de Recursos Internacionales) y tantas otras organizaciones de este calado para hacer los trabajos más sucios, so pretexto de llevar la civilización, la seguridad y el orden a países que se encontraban bajo las garras de atroces dictadores, convirtieron a esos países a los que arribaron con sus métodos humanistas no sólo en Estados Fallidos, sino en auténticos remedos de Pandemonium, la capital del mismo Infierno, donde además de haberlos relegado a la Edad de Piedra, nadie está seguro ni en su propia casa.

El desastre combinado de estas acciones y estos métodos usados por el Imperio arroja un balance tan horroroso, que uno no puede sino preguntarse: ¿dónde están las asociaciones de derechos humanos, la ONU y quienes se rasgan vestiduras, los TPI o los secretarios generales tan “delicados” para denunciar (o señalar) las acciones inconvenientes de los países que, no siendo de la órbita imperial van a ser arrasados como los precedentes?... No se sabe, no contestan. Por la falta de acusaciones concretas contra estos genocidios, diríase que el imperio es Blancanieves, y no pocos ciudadanos del mundo lo creen, considerando que sus países son poco menos que Nuncajamás; pero no lo son, ni mucho menos. Quienes viajamos, y aun quienes ven con cierta regularidad la televisión y prestan alguna atención a las noticias, saben sobradamente que son países asustados que temen a todo y a todos, razón por la cual eliminan creyendo que así eliminan sus pánicos. No en vano, no hay más que ver las matanzas que organizan en sus propios predios tanto los ciudadanos exaltados cuando la frustración los desborda como las que llevan a cabo la policía de cualquier Estado cuando tienen ocasión de darle al gatillo, como ayer mismo, sin ir más lejos, en que le dieron 54 balazos a un hombre ebrio (naturalmente, negro), o la semana pasada, en que mataron a sangre fría a un mendigo en un porque sí, o la semana anterior, en que mataron de una paliza a otro mendigo, o…, etcétera.

Nada extraño, sin embargo, en un país construido en la extinción de los aborígenes, y cuyos modelos históricos, o fueron pistoleros, o fueron mataindios. Curiosamente tanto a estadounidenses como a británicos les gusta ensalzar la Leyenda Negra española y hablar mucho y muy seguido de lo malos que fueron los españoles y cómo masacraron a los aborígenes, a pesar que los aborígenes de Latinoamérica son mayoría en casi todas las naciones, entretanto en los EEUU son una rareza, no tienen derechos algunos (ni a votar, siquiera) y viven recluidos en miserables muladares, y los británicos dejaron los países donde estuvieron como un remedo del infierno, como Palestina, verbigracia, o como Sudáfrica, donde inventaron los Campos de Concentración, recurso tan usado a partir de tan feliz hallazgo.

Se han creído Blancanieves, pero no lo son, palabra, y bueno sería que lo tuvieran en cuenta si piensan visitarlos. Y no sólo por la violencia que ejercen contra extranjeros o nacionales, sino por el desequilibrio de sus propias sociedades. Por ejemplo, hay casi treinta millones de homeless (sin-hogar) en EEUU, casi un 30% de la población vive de algún tipo de caridad pública, buena parte de los ciudadanos viven en guetos, según colores, y el grueso de la ciudadanía se reparte entre la obesidad y el hambre en crudo, por no hablar que más del 60% de ella no tiene acceso a ninguna clase de sanidad (ya veremos con el verychip que ya aprobaron por ley). Algo parecido a lo de Gran Bretaña, donde ayer mismo conocíamos que el 17% de los niños súbditos de su muy graciosísima majestad están desnutridos y donde hemos sabido que, gracias a los recortes, la mayoría de los pobres no tiene ninguna posibilidad de llegar a cursar estudios universitarios, entre otras lindezas, claro está, como su propensión a proteger dictadores y a perseguir a los que puedan dar el cante, o a enviar a sus muy entrenadas tropas a entrometerse en los destinos de otras nacionales soberanas, y aún a retener algunos peluches del león imperialista con disípela, manteniendo contranatural colonias por doquier (Malvinas y Gibraltar, verbigratia) mientras se ciscan en las resoluciones de la ONU al sonsonete de “God save the queen” o cualquier otra olímpica horterada.

No, no son Blancanieves, por más que tengan un espejo llamado ONU que no cese de repetirles lo lindos que son, ocultándoles Guantánamos, balaceras, invasiones y una chauvinista arrogancia que es un insulto a la inteligencia. Si tuvieran otro espejo, cualquiera, seguramente éste les diría que no, que no son Blancanieves, sino la Reina Grimhilde, la Bruja. Bueno sería regalárselo entre todos, siquiera sea por piedad, y ya de paso hacer que se miren en él la ONU, Amnistía Internacional y todas esas asociaciones tan dadas a mesarse los cabellos por las faltas de algunos y mirar para otro lado cuando se trata de estos pillos.
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