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Opinión
Etiquetas:   Momento de reflexión  

Fetichismo

Una buena planificación de la muerte de los famosos engendra ganancias millonarias con la venta de sus objetos personales
Octavi Pereña
jueves, 23 de agosto de 2012, 06:50 h (CET)
Creo que en el momento de escribir este comentario el último sonado caso de fetichismo que mueve montañas de euros es la venta de un supuesto diente de John Lemnon, valorado en más de once mil euros.

¿Qué es lo que hace que haya personas que se gasten fortunas para adquirir objetos que pertenecieron a sus ídolos del deporte, cine, música…? Existe un cierto parecido entre los coleccionistas de objetos que pertenecieron a los venerados ídolos con los acaparadores de reliquias de santos y del mismo Cristo, del pasado. En ambos casos los coleccionistas disfrutan una gran excitación al ver o poder tocar los objetos que pertenecieron a quienes veneraban.

Los coleccionistas de objetos personales, sean laicos o religiosos, tienen en común que quieren materializar su fe. Son tan pobres de espíritu, no confundir con la pobreza de espíritu que alaba Jesús, es decir su fe es tan volátil que deben depositarla en objetos. Estas pertenencias que lo fueron de los famosos cuando se convierten en necesidades imprescindibles se transforman en ídolos. A estos ídolos la Biblia los considera vanidades. Es decir, estas personas depositan la fe en un engaño. Mal negocio es confiar en la vanidad, en lo que no es porque no sirve para dar equilibrio emocional y confianza en la vida. Una base inestable como lo es la “vanidad” no es el lugar más adecuado para construir una vida. Más pronto o más tarde el edificio sufrirá consecuencias muy desagradables.

Las personas, a pesar de que dicen que no son religiosas, en el fondo lo son. Sus almas les piden adorar al Creador, al negarlo, su adoración deben depositarla en sustitutos: vestidos, ropa interior, pertenencias, dientes…Allí en donde está el tesoro, también se encuentra el corazón. Es decir, que el corazón de los coleccionistas, por no decir idólatras, está puesto en objetos que con el tiempo se deterioran, es decir en la “vanidad” y en lo que “no es”. El resultado es la frustración, el desengaño.

Los coleccionistas modernos de objetos de famosos han convertido a éstos en dioses, que no lo son. Con su manía manifiestan ser profundamente religiosos y buscan satisfacer el anhelo de su alma de adorar al Creador haciéndose sus propias divinidades que no sirven para salvar. Prefieren más a estos ídolos representados por objetos personales que adorar al único Dios vivo y verdadero manifestado en Jesucristo, porque son dioses no se meten con el comportamiento moral de sus adoradores. De Fernando Requejo es esta cita: “Parece claro que el cerebro humano es proclive a aceptar como reales las ideas que el mismo se crea”.

Por lo que hace al tema de los coleccionistas de objetos personales de famosos que idolatran se encuentra una excelente planificación de la muerte que genera grandes fortunas con la venta de objetos personales que pertenecieron a los difuntos hoy levantados en el altar de la popularidad. El negocio no se encuentra solamente en las encumbrados fallecidos. Es preciso substituirlos por otros vivos. En este campo pienso que el deporte se lleva el palmarés. La venta camisetas, bufandas y otros objetos mueve miles de millones de euros. La “vanidad” y el “no es” han atado y bien atado a muchísimas personas.

El salmista nos muestra el camino para que los que se dan cuenta los ha cogido la ratera de la adoración de la “vanidad” y el “no es” puedan salir de la trampa que los tiene bien cogidos: “Aparta mis ojos que no vean la vanidad, muéstrame tu camino” (119:37). El salmista implora el favor de Dios de donde le viene la ayuda necesaria para salir de la trampa de la “vanidad” y del “no es”.
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