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Etiquetas:   Aldea mundial   -   Sección:   Opinión

Ingleses y 'fair play'

Pascual Falces de Binéfar
Redacción
martes, 12 de julio de 2005, 23:49 h (CET)
Hace algunos años que Salvador de Madariaga (1886-1978) escribió un ensayo en que establecía comparaciones del modo de ser, carácter y costumbres, entre ingleses, franceses y españoles. El hecho de haber vivido en los dos primeros países, y haber nacido en el último de ellos, junto a sus facultades de historiador y novelista, sin duda, le permitieron analizar comparativamente las profundas diferencias que se dan entre los tres pueblos.

Es de plena actualidad el asombro general promovido por el “ejemplar” comportamiento del Reino Unido ante el asesinato de algunos de sus ciudadanos, que, casi una semana después resulta imposible saber “cuantos” han sido. Parece cómo si la muerte violenta, premeditada e injustificable de un solo hombre, no fuera bastante escándalo, y resultara preciso añadir un número exacto para valorar la magnitud del crimen. La opinión más extendida es la de admiración por el ejemplar comportamiento del pueblo de Londres, de sus autoridades, y del gobierno de Su Majestad.

Los ingleses han concebido la mayoría de los juegos que hoy día captan la atención del resto de los aldeanos, y, algunos, convertidos en auténticos fenómenos de masas. Madariaga hace ver cómo ese pueblo ha establecido su modo de convivencia sobre el “fair play” -el juego imparcial y amable, de algún modo-. Los franceses, a diferencia de ellos, tratan de entenderse entre sí sobre “le droit”, sobre el respeto al Derecho, y a las leyes en general. Y, finalmente, considera que los españoles, hemos hecho del “honor”, la norma de convivencia. El honor, la cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo. Es decir, algo muy serio, meritorio y respetable, pero “individualista” al ciento por cien. Además, algo que resulta frecuente origen de fricciones; el honor de alguien, se puede contraponer al de otro. Ya se sabe lo que es echar mano del arma y proclamar: Por mi honor...

De este modo, los ingleses han vuelto a aleccionar al mundo en su desgracia. Tampoco es de olvidar que franceses y españoles han dado lugar, en otras ocasiones, a verdaderos ejemplos de comportamiento. Pero, el caso que nos ocupa el día de hoy, ha venido cuajado de ejemplaridades. En un lugar “secreto”, se lleva a cabo la identificación de los restos, amasijos de carne humana, sin la presencia angustiada de quienes reclaman al que buscan. Han aconsejado no acudir a los hospitales en búsqueda de deudos: “Deje el nombre y su teléfono, y se le comunicará si está aquí y cómo se encuentra” –han dicho los Servicios de salud. Algunas calles anexas a las explosiones, a la vista de todo el mundo, se han tapado, cuidadosamente, para evitar miradas y cultivo del consiguiente morbo, etc.

Todo está resultando ejemplar, pero para apreciarlo así hay que ser inglés, y sobran cuantas equiparaciones se están haciendo. En ellos se puede aprobar e, incluso, con inclinación de cabeza en señal de admiración. Pero, ¿qué ocurriría si llega a suceder en París? Pasó en Madrid hace poco más de un año, y no se pareció en nada más que en la similitud del atentado, porque el efecto que desencadenó fue muy distinto, incluso con cambio de gobierno. Sí, hay que aprender mucho de los ingleses, al fin y al cabo todo el mundo sabe jugar al fútbol, y acepta, a veces con rabia, su arbitrario reglamento”.

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