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Etiquetas:   La linterna de diógenes   -   Sección:   Opinión

El cráneo de Akenatón, de Luis Racionero

Lecturas de verano 3
Luis del Palacio
lunes, 20 de agosto de 2012, 08:27 h (CET)
Luis Racionero es uno de esos escritores que no sólo sorprenden por su versatilidad, sino también por la aproximación original a los problemas o las tramas que plantean en sus libros, sean o no novelas. La realidad es casi siempre contemplada de una forma que tiende hacia lo unívoco; pero ello es solamente una pretensión, un deseo de que los hechos cuadren en un esquema ordenado. La Historia, con frecuencia, es presentada como una serie de hechos concatenados en los que la relación causa-efecto prima sobre todas las demás. Con ello no sólo se pierde el matiz sino asimismo gran parte de los acontecimientos que suceden en paralelo; es decir, prescindimos con frecuencia de un elemento fundamental: la sincronía.

Muchos lectores de esta columna, avezados en la investigación histórica, objetarán que esto no es así, que la historiografía moderna analiza los hechos históricos desde muchos enfoques y perspectivas, tratando de alcanzar la mayor objetividad. No hay duda de que el empeño es cierto y, sin embargo, los resultados son a menudo desalentadores porque falta “la otra crónica”, la que nunca se escribió o fue anatemizada, perseguida y sólo llegó hasta nosotros, en el mejor de los casos, fragmentada o como una vaga referencia.

En su novela “El cráneo de Akenatón”, Racionero se basa en el enigma histórico del reinado del “faraón hereje”, Amenofis IV, Akenatón, para elaborar sobre él una original teoría antropológica, con elementos extraídos de la religión judeocristiana (la Fruta Prohibida, el Árbol de la Ciencia, la Transubstanciación) sin pretender sobrepasar los limites de la ficción novelesca: acaso no existió una evolución como la que Darwin propuso, sino un paso brusco del mono al homínido y de él al homo sapiens sapiens a través de un acto caníbal que fue perpetuándose por medio de un rito mantenido desde tiempo inmemorial por un grupo de elegidos, “los que de verdad poseen el conocimiento” y lo trasmiten a quienes consideran dignos de él.

La interpretación de la iconografía que muestra al faraón y su familia con cráneos extrañamente abultados ha llenado páginas y páginas de libros ¿Se trataba de una representación realista que mostraba algún tipo de malformación? ¿O correspondía, en realidad, a algo simbólico? Otro de los numerosos misterios de la Egiptología al que el autor trata de dar respuesta –siempre en clave de ficción- mediante un argumento en el que predomina la intriga y aparecen elementos de interpretación histórica, científica y esoterismo religioso.

Cambridge, El Cairo, Luxor, Tell El Amarna, Princeton son los principales escenarios donde transcurre una acción que tiene algunas reminiscencias de Chesterton y Joseph Conrad.

Obra original y de entretenida lectura.
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