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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Trasplantes de cara

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 12 de julio de 2005, 00:04 h (CET)
En rigor no se trata de una auténtica novedad, ya lleva unos años asomándose a los foros científicos y sociales. Recobra su interés debido a la solicitud de autorización para efectuar trasplantes de cara llevada a cabo en EEUU últimamente. Como en otros avances, nos obligan a replantearnos las circunstancias a favor y en contra.

Su aplicación se orienta hacia personas con DESFIGURACIONES FACIALES, provocadas por motivos variados, desde enfermedades, traumatismos, tóxicos, hasta casos congénitos. El trasplante requerido sería, total o parcial, de la cara de un cadáver. Quizá convenga precisar que no se tratará de la misma expresión facial del fallecido. En esa imágen final influirán los huesos, nervios, músculos y metabolismo del receptor. Trasplante de cara no equivaldrá al mismo aspecto, si bien tendrá algunos componentes del fallecido.

Hasta aquí, sólo me cabe el beneplácito ante un nuevo logro de los científicos. Como tal perfeccionamiento técnico su mérito es notorio. Qué decir de la situación angustiosa y terrible de esas personas con la cara desfigurada. Su grado de desesperación se puede suponer fácilmente, dada la propensión a desviarse hacia un aislamiento social progresivo, cruel e insufrible. El ambiente social tiende más bien a desdeñar estas alteraciones.

Los reparos surgen porque intentan proteger a los posibles receptores del trasplante. Prevenirles ante grandes reacciones adversas, mayores destrucciones o empeoramiento de su calidad de vida. Es decir, buscan los justos términos para evitarles los efectos de un sensacionalismo de complejas repercusiones para ellos. No se puede tolerar que les ilusionen con meros proyectos o fantasías. Eso exige una información muy clara y completa al respecto. Y si van a ser pioneros en la exposición a esa técnica, no esconderles el dato.

Es tan cruel la situación en alguno de los casos, tanta la desesperación, que se habla de una posible desvirtuación del consentimiento informado, sería una decisión viciada. Es muy difícil el equilibrio en esta decisión. No obstante, esmerándose a la hora de conseguir una buena reglamentación, y con los apoyos pertinentes (Psicológicos, familiares, etc.), las trabas no parecen demasiado consistentes. Es una posibilidad más para conseguir el alivio de una situación grave.

También se suele invocar que asumir riesgos tan graves como la inmunosupresión u otras complicaciones, cuando no estamos ante una persona abocada a morir por su proceso, no justificaría esa decisión. Asumir esos grados de complejidad ya nos lleva a cada caso concreto, como una cirugía estética grave o injertos cutáneos de gran extensión.

El revuelo levantado se relaciona con el hecho de tratarse del ROSTRO, el hecho de recibir la cara del otro. Ahora bien, excluída la interpretación literal de un rostro idéntico, los impedimentos parecen puramente técnicos. Una piel con matices nuevos, para simplificar.

Como la inventiva y la desfachatez siempre se esmeran en ofrecernos nuevos vericuetos, a cada paso nos asombran con algún desmán. No nos vendrá nada mal estar atentos a los despropósitos que pudieran originar. A título de mero recuerdo, todos hemos sabido de casos de cirugía transformadora para encubrir a sujetos, más o menos delincuentes, huídos de la justicia, conductas mafiosas, etc.

Tener presente las características conductuales de estas gentes, no debe suponer un freno en la otra línea, no debe llevarnos a exagerar los rechazos de todas las imperfecciones de la técnica. Se abre un HÁLITO de ESPERANZA para alguna gente con estos serios problemas. Eso implica nuevas cuestiones, y a ellas debemos ir con optimismo y creatividad. Debemos evitar el aturdimiento paralizante.

Es frecuente que las polémicas tiendan a embrollar las cuestiones, se entra en un cosquilleo particularista más propicio a la crispación. Además, las éticas tienen un defecto, cada uno elabora la propia, cada grupo, etc. Me agradaría apreciar un tratamiento sensato de la cuestión, razones de peso y decisiones tranquilas. Constituiría una grave responsabilidad la incorporación de obstáculos para esa vía de esperanza abierta para los afectados.

Las manipulaciones no quedan en el terreno de los imposibles, no faltan matices enmascaradores. Hay elementos NO MANEJABLES, como el grupo de factores subconscientes, el efecto del rostro nuevo y viejo en los observadores. Aboguemos por los trazos de sinceridad, por una labor de ayuda ilusionante; eso sí, con procedimientos y normas bien transparentes.

Si todos estamos marcados por esa evolución del rostro a lo largo de los años, esas marcas de la vida sobre el mismo, procuraremos que no sean del todo nefastas. Como escribió C.S. Lewis "la querella es la respuesta", es una labor permanente, la evolución del rostro es una constante variación. Si esta querella ya es de por sí compleja, no les hagamos más difícil la labor a esas personas que tuvieron la mala fortuna de presentar esas deformaciones faciales.

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