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Etiquetas:   La Cosa Pública   -   Sección:   Opinión

Terror en Londres

Ekain Rico
Álvaro Peña
lunes, 11 de julio de 2005, 01:51 h (CET)
En ocasiones, tragedias como la sucedida en Londres el pasado jueves permiten constatar, además de la vileza del género humano, la falta de altura de nuestros políticos. ¿Por dónde empezar?

Si preocupante es que unos desalmados se crean con autoridad para decidir sobre la vida o muerte de ciudadanos como usted y como yo, más desasosiego me produce saber cuál es el valor que gobernantes como Tony Blair otorgan a nuestras vidas. Al fin y al cabo, aquellos asesinos, en teoría, entienden que sólo habrán de rendir cuentas ante su dios. Sin embargo, Tony, ese number one de la escena internacional de quien los ciudadanos ingleses son único juez, no dudó en demostrar su público desprecio a la vida de quienes habían sufrido el zarpazo terrorista, otorgando preferencia a la reunión del G-8 sobre cualquier tipo de demostración de humanidad. Ya se sabe: Bussines is Bussines.

Y es que, en política, parece que todo está permitido.

Ahora, nos cuentan que las cadenas británicas no van a emitir imágenes de los muertos en tan terrible suceso, porque sería demasiado macabro. ¡Curioso! Cuando la desgracia ocurre en el continente africano o asiático, ofrecer las más crudas imágenes responde al deber de información. Sin embargo, si la catástrofe sucede en Europa, poner en nuestras pantallas la imagen de un muerto es macabro, sucio o morboso. ¡Menuda hipocresía!

Con todo, lo peor no es que quienes deciden lo que los ciudadanos tenemos derecho a saber, otorguen mayor valor a la vida de un occidental que a la del resto de los mortales. En el fondo, eso es una simple anécdota. Lo verdaderamente preocupante es que aquella decisión sea consecuencia, sin duda alguna, de intereses gubernamentales. Como ha venido demostrando Bush, respecto a los soldados estadounidenses caídos en Irak, en nuestra sociedad lo que no sale en televisión, no existe.

Desgraciadamente, la doctrina del presidente norteamericano va calando en los líderes europeos. Aquel discurso del pensamiento único y del fin de la historia, va abriéndose paso entre quienes, hasta no hace mucho tiempo, representaban al estado del bienestar frente al capitalismo salvaje.

Europa está de luto.
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