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Etiquetas:   Y digo yo...   -   Sección:   Opinión

A precio de oro

Jordi Martínez Aznar

lunes, 11 de julio de 2005, 01:51 h (CET)
Personalmente siempre ha habido algo que me ha llamado poderosamente la atención: cuando, como en estas últimas semanas, el barril de petróleo sube de precio, artículos como los billetes de avión se encarecen debido al encarecimiento del combustible de los aviones, lo cual es, dentro de lo que cabe, bastante lógico. Lo que no es tan lógico es que, cuando el barril de crudo baja, los billetes se mantienen al mismo precio que después de la subida, y las empresas no parece que estén muy por la labor de bajarlos.

Como ya sabrán si siguen los medios de comunicación, estos últimos meses, el valor del barril Brent, que es el precio de referencia en Europa, no ha parado de batir récords históricos al alza, estando actualmente en prácticamente 60 dólares por barril, precio que repercute, y de qué manera, en nuestros bolsillos.

Pero no es solamente en los precios de los billetes de avión y en las tarifas de las principales empresas de mensajería donde se nota especialmente estas constantes subidas en el precio del petróleo. Cada vez que cualquiera de nosotros queremos llenar el depósito de nuestros coches tenemos que pagar cada vez más.

Aún recuerdo cuando, hace años, se habló mucho de cuando el litro de gasolina llegó a las cien pesetas por litro. Se hicieron incluso algun sketch en algún programa de humor. En la actualidad, el que cueste más de cien pesetas por litro es lo más normal del mundo, y no me extrañaría que en un futuro relativamente cercano, tuviésemos que pagar hasta 200 pesetas por litro.

Esto, lógicamente, no para de provocar quejas. Y si no, ¿cuántas veces hemos oído a cuántas personas decir que si la gasolina está muy cara, que si no para de subir...? Pero, en cambio, ninguna de estas personas quieren prescindir de su coche o moto. No quieren prescindir del hecho de tener su aire acondicionado a su gusto. No quieren prescindir de sentir en su rostro el aire que entra por la ventanilla y un largo etcétera.

¿Y a quién no le gusta disfrutar de la libertad que dan los atascos que cada mañana y cada tarde nos encontramos al ir y volver del trabajo? De esas colas a la hora de pagar el peaje. De esos tres cuartos de hora que tardamos para hacer apenas quinientos metros. Pero bueno, en este mundo hay gente para todo.

No pretendo que de repente la gente deje de tener coche. Simplemente que un artículo que hace unos pocos años podías adquirir por un módico precio y que tampoco resultaba demasiado caro de mantener, se ha convertido en un artículo poco menos que de lujo para aquellas personas con rentas más bajas.

Pero si es malo que la gasolina ha subido sin parar a lo largo de estos últimos años, todavía hay algo peor, y es que no parece que la cosa vaya a bajar. Mientras sigamos utilizando vehículos a motor que tiene como principal combustible la gasolina, siempre habrá alguien a quien no le interese que el precio vaya hacía abajo.

Lógicamente, este "alguien" son los jefazos de las grandes petroleras, que son, en última instancia, quienes se acaban llenando los bolsillos a costa de gente normal como usted o como yo, los cuales necesitamos directa o indirectamente de la gasolina para poder ir de un sitio a otro en nuestra vida diaria.

Y si no, ¿con que se cree que se mueve el autobús que utiliza para ir al trabajo o a la universidad? O los camiones que traen las cosas a los diferentes supermercados que tenemos debajo cerca de nuestras casas. Pese a que desde hace un tiempo hay autobuses que se mueven con hidrógeno, la mayoría todavía se mueven con gasolina, lo cual influye para que, año tras año, las tarifas vayan aumentando.

Habría quien diría que son sólo unos pocos céntimos, que es casi imperceptible, pero si vamos sumando unos pocos céntimos por los miles de billetes que se venden cada año, pues nos dan una gran cantidad de dinero. Y si a esto le sumamos las pequeñas subidas que puedan realizar las compañías de mensajería, pues estaríamos hablando en su conjunto de varios millones de euros a medio y largo plazo.

En resumen, que si actualmente pagamos hipotecas y créditos a la hora de pagar el coche, piso, etc., dentro de unos años tendremos que pedir también un crédito para poder llenar el depósito de nuetros vehículos, y es que, por el momento, nadie está dispuesto a prescindir de algo que, al menos en teoría, nos hace la vida más fácil, pero que no para de darnos problemas en forma de averías, revisiones, etc., a lo cual se ha venido a unir su principal fuente de energía y la cual hace que podamos ir cómodamente al trabajo o a nuestro lugar habitual de vacaciones.

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