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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Macropobreza

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 10 de julio de 2005, 07:47 h (CET)
En la Plaza Mayor de Madrid hay una exposición itinerante de Naciones Unidas. Se llama Las Puertas del Milenio, difunde y promueve los ODM, Objetivos de Desarrollo del Milenio. Tomo un folleto de una ONG cualquiera. Una madre cava en la seca tierra el azadón mientras su bebé se duerme sobre sus espaldas, sujeto de cintura a cintura con una tela oscura. El niño se acostumbra a vivir cada jornada con ese vaivén. A pesar del sacrificio materno-filial unos novecientos millones de campesinos del tercer mundo trabajan así sabiendo que sus cosechas las venderán a bajo costo y que no podrán vivir de una forma digna. Las reglas comerciales de los países desarrollados son tan injustas como injusto es que lleguen productos baratos de Estados Unidos a África, productos tan baratos que es imposible que puedan competir con las cosechas africanas.

El folleto me invita a enviar una postal al presidente Zapatero, cosa que hago, al tiempo que le recuerda una de sus frases electorales y la cumpla: “Quiero ser el presidente del Gobierno que saque a España del trío de las Azores y la integre en el quinteto de la Alianza contra el hambre: la más mortífera arma de destrucción masiva. Acabar con ella no es una utopía.”

Han pasado casi cinco años desde la Cumbre del Milenio del 2000 en la que 189 jefes de estado de Naciones Unidas aprobaron la Declaración del Milenio por la que se crean los ODM, 8 objetivos y 18 metas que se deberán conseguir para el año 2015, objetivos relacionados con la pobreza, con la macropobreza y la desigualdad que azota al mundo.

Esos 8 objetivos con los que se podrá la condición humana, aportando cada uno nuestro grano de arena son: Erradicar la pobreza extrema y el hambre, conseguir la educación primaria universal, promover la igualdad y la autonomía de la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el sida, el paludismo y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad medioambiental y fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo.

Tomo otro folleto de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo Pobreza cero, en la imagen un portero automático de un edificio muy particular que intenta ser el mundo, está habitado por Rato, Barroso, Schroeder, Berlusconi, Zapatero, Bush, Putin, Blair, Koizumi y Chirac, son los líderes del planeta que deben responder a la llamada de “presión” de los ciudadanos del mundo.

Podríamos mirar hacia otro lado en este verano universalmente solidario que llama la atención hacia la reunión escocesa de los G-8, pero podremos encontrarnos una Plaza modesta como la de Ciudad Real que dibuja mundos separados de norte a sur, o una manifestación en Madrid con representantes de mil organizaciones sociales, o marchas solidarias como la de San Sebastián o Pamplona, o bandas blancas gigantes colocadas a la Puerta de Alcalá madrileña, a la Catedral de San Pablo londinense, a la Fontana de Trevi romana, al puente de Brandemburgo berlinés o a la Torre Eiffel parisina, pero sobre todo podremos escuchar once conciertos y macroconciertos para que la macropobreza no avance, macroconciertos como los de Moscú, Johannesburgo, Paris, Roma, Berlín, Mozambique, Londres, Filadelfia, Lusaka o Edimburgo, a fin de que los gobernantes cumplan sus promesas, a ser posible antes del 2015, labor difícil que entre todos debemos conseguir. En el de Londres Kofi Annan y Bill Gates hablan a multitudes, ambos tendrían mucho que decir o hacer sobre este tema.

Si nos empeñamos en mirar para otro lado, nos encontraremos con pantallas de niños huérfanos de la calle o con madres que cocinan piedras para sacarle jugos de pedrada, o que hierven el cuero de una silla vieja buscando la sustancia de lo que un día fue algo parecido a un comestible, o que mezclan mantequilla con barro para calmar la hambruna de sus hijos.

También descubrimos al ministro de Economía Pedro Solbes, en estos días de reivindicación y peticiones, como una ONG le manda por su onomástica un macropastel al que le falta un pedazo minúsculo, es el pedacito del 0,7%, una tarta simbólica de la que esperamos se haga el mejor reparto, sin excusas que valgan.

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