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Etiquetas:   Un día menos   -   Sección:   Opinión

La inseguridad del que se cree superior

Juan Antonio Hurtado
Redacción
sábado, 9 de julio de 2005, 01:38 h (CET)
Todos nosotros tenemos la extraña y común sensación de que moriremos viejos y que veremos pasar muchos años y muchas noches, también solemos pensar que lo que hacemos y somos es el patrón por el que todas las personas deberían de regirse, también pensamos en lo que tenemos, sobretodo últimamente, el materialismo nos invade.

Pensamos que ciertas cosas son nuestras, la casa, el coche, la televisión, el árbol de la esquina, la papelera que cuelga de él e incluso cinco céntimos de euro pegados en el suelo con chicle. Creemos que todo tiene un dueño, incluso pensamos que las personas nos pertenecen, es quizás una actitud frente a la vida un poco triste bajo mi punto de vista al menos, es triste pensar que poseemos cosas, que tenemos derecho sobre las cosas y podemos utilizarlas cuando nos convenga y bajo la mirada a través del prisma de nuestros intereses mas egoístas. Dentro de lo mediocre que seria el pensamiento de que eres una de esas personas y no puedas por mucho que intentes ser mejor de lo que actualmente eres (un pensamiento frustrante), podríamos clasificarlos en dos tipos de propiedad: inerte y viva.

Podemos tener considerada como propiedad personal a los bienes materiales que muchos de nosotros tenemos, unos no tantas como innecesarias igualmente, en lo cual no habría ninguna disputa ética y moralmente escribiendo, pues los materiales inertes no pueden expresarse. Lo peor de todos es inventarse un monopolio sobre los derechos de las personas. El problema proviene desde la esencia de la necesidad de amor y cariño, las personas necesitamos cariño y amor para vivir, sin él no estaríamos aquí y por él luchamos durante toda nuestra vida ¿Pues hay quizás alguna otra cosa mas que pueda darte un tipo de felicidad que no puede ser comprada con ninguna otra cosa más? El amor te acredita para vivir el día a noche con una típica sonrisa jovial y juvenil. El enemigo del amor son los celos, los celos matan relaciones y amores, también ilusiones.

Creemos que cuando nos enamoramos de una persona, ésta nos pertenece a nosotros y a ninguna otra persona m´`as, dicen los “expertos” que los celos son una enfermedad, yo considero mas bien una necesidad, pues de la necesidad surgen los sentimientos mas inexplicables que podemos llegar a sentir, de la necesidad de ser querido como remedio para una fuerte inseguridad arraigada por no se que mil historias sucedidas durante toda tu vida, las personas celosas lo son por el miedo a ser sustituidos, a que esa persona no te de todo lo que necesitas durante el tiempo que necesites, es una idea absurda, pues nadie puede prometer y cumplir los designios del amor. Las personas celosas que hacen la vida imposible a sus seres queridos lo hacen quizás inconscientemente, al igual que Bush, que quizás se fumo algo cuando…pero ese no es el caso, escribía sobre esa imposibilidad de vivir libremente que tienen las parejas de personas celosas, no pueden ser libremente ellas mismas, están cohibidas por la represión ejercida por esa persona que dice amarte.

Pienso que los años te enseñan a ser cada vez menos celoso, los años y experiencias te hacen ver y comprender que no importa lo que desees, si quieres un amor verdadero hasta el día mismo en que mueras, o quieres tener amigos donde vayas, tener éxito en tu trabajo o cientos de metas equivalentes que nos podemos llegar a plantear en algún momento de nuestra respectiva etapa en la que considerabas un cambio de rumbo para poder seguir conociendo. El tiempo te hace ver que nadie te pertenece y el que no lo vea sinceramente si podría estar enfermo, lo peor del asunto seria que no fuese su culpa, sino la de una educación generalizada y representativa de determinadas partes del planeta, donde la educación esta quizás un poco mucho desfasada e inculca unos valores basados en el egoísmo y la avaricia.

A todas esas personas celosas, a todas les deseo lo mejor, que puedan quitarse los barrotes y grilletes que los retienen en un fango en el que cada día se sumergen más y más, que suelten la mano de la persona que aguarda segura en la orilla que determina el fango y que mira angustiada la mano que la retiene contra la otra mano que se sumerge en el fango, suelte esa mano Señor Celoso, suéltela y húndase usted en su mierda.

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