Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Terrorismo nacionalista: nueva amenaza para Rusia

Yuri Filippov
Redacción
sábado, 9 de julio de 2005, 01:43 h (CET)
Los cuerpos de seguridad rusos identificaron a los presuntos autores del atentado subversivo contra el tren de pasajeros que cubría la ruta entre Grozny, capital de Chechenia, y Moscú.

El accidente, que no provocó víctimas mortales pero dejó un saldo de 42 heridos a causa del descarrilamiento, se produjo debido a la explosión de una bomba colocada en la vía en las inmediaciones de Moscú, en la madrugada del pasado 12 de junio, cuando se celebraba el Día de Rusia.

El atentado tenía una doble carga simbólica – fiesta nacional de Rusia, pasajeros procedentes de Chechenia, desde la cual los rusos étnicos tuvieron que escapar en la década del 90, y así por el estilo – de manera que nadie podía decir, si era un nuevo ataque de extremistas chechenios o de nacionalistas rusos. Algunas circunstancias llevaron a los jueces instructores a la hipótesis de que podían haber sido ésos últimos. Y no se equivocaron. Según el comunicado de la Fiscalía de la Región de Moscú, las dos personas arrestadas por su presunta implicación en el atentado terrorista – Vladímir Vlasov y Mijaíl Klevachev – son miembros de la organización ultranacionalista “Unidad Nacional Rusa” (UNR), proscrita en Rusia por su carácter marcadamente nazi.

La explosión del tren fue un elemento más en la cadena de acciones extremistas y actos subversivos que se han registrado últimamente en Rusia y los cuales no guardan relación directa con la red del terrorismo internacional y, en particular, con el terrorismo islámico.

El caso más sonado de esta serie es el atentado de primavera pasada contra Anatoly Chubáis, presidente del grupo energético RAO EES. Un artefacto explosivo colocado en el trayecto que la comitiva de Chubáis sigue todos los días, no provocó víctimas pero igual, el incidente tuvo amplia resonancia política en Rusia. La Fiscalía también incrimina este atentado a los nacionalistas rusos. El principal sospechoso, según ella, coronel retirado Vladímir Kvachkov, había organizado en su casa de campo una especie de club en el cual los extremistas nacionalistas barajaban las eventuales medidas de coerción contra los llamados “enemigos de Rusia” y tramaban los planes de su eliminación física. Por cierto, los jueces instructores se encargan de averiguar ahora, si los presuntos autores de la explosión del tren Grozny-Moscú, en cuyos apartamentos había sido hallado todo un arsenal de materiales explosivos, están implicados también en el atentado contra Chubáis.

El Tribunal de la Región de Moscú proscribió el otro día al Partido Nacional Bolchevique (PNB), organización extremista cuyo líder Eduard Limonov había estado ya en la cárcel por almacenamiento de armas y terrorismo. Los militantes del PNB no piensan cesar sus actividades a pesar de la resolución judicial aunque, de momento, se especializan básicamente en las acciones relativamente pacíficas, como lanzar huevos podridos a los “enemigos de Rusia”, colocar pancartas contra el Gobierno u ocupar edificios administrativos. En verano pasado, por ejemplo, los seguidores de Limonov irrumpieron en la sede del ministerio de Sanidad y Desarrollo Social protestando contra los planes de suprimir los antiguos privilegios en especie por compensaciones monetarias, y algunos días más tarde ocuparon la Recepción de la Administración Presidencial de Rusia.

La reacción de las autoridades rusas a esas invectivas fue extremadamente drástica. A cinco años de cárcel fueron condenados, por ejemplo, los que habían ocupado la sede de Sanidad, a pesar de la opinión pública señalaba el carácter inofensivo de aquella acción. A la hora de definir la pena, los tribunales toman en consideración, probablemente, no sólo los hechos en sí sino también la ideología del PNB, que no descarta el uso de la violencia y el terror con fines políticos. El manifiesto de este partido, titulado “La Otra Rusia”, menciona entre otras cosas el traslado de la lucha clandestina al territorio de otros países y la creación de bases guerrilleras en alguno de los Estados limítrofes con Rusia.

El subjefe de la Administración Presidencial Vladislav Surkov, en una reciente entrevista al semanario alemán “Spiegel”, manifestó de forma muy explícita la preocupación de las autoridades rusas ante el peligro del terrorismo local, de corte nacionalista. “En caso de que las fuerzas chauvinistas y pronazis consigan provocar una oleada del extremismo islámico, la integridad de nuestro Estado pluriétnico estará en peligro” – advirtió él.

Lo cual significa que el Kremlin está seriamente preocupado por la amenaza de que en Rusia – como complemento al terrorismo internacional, el islámico, el wahabita, el cual ha sobrepasado ya los límites de Chechenia y se ha extendido a la zona limítrofe de Daguestán y a otras repúblicas norcaucásicas – pueda surgir y afianzarse el terrorismo nacionalista de la vernácula, apuntado contra los políticos liberales y contra las minorías étnicas. Y que esas dos corrientes puedan chocar entre sí, lo cual sería el mal mayor. En una Rusia pluriconfesional y multiétnica, donde aproximadamente 20 millones de ciudadanos abrazan la religión islámica, eso equivaldría a una guerra civil a plena escala, similar a la que atormentó la región de los Balcanes en la década del 90.

El presidente Vladímir Putin, en una de las entrevistas concedidas poco después de iniciarse su segundo mandato, calificó a los extremistas rusos de “tontos” y “provocadores”. A pesar de que el presidente tiene un rating muy alto y cuenta con el respaldo de un 70% de la población, según las encuestas, las palabras no bastan para poner freno a la proliferación del extremismo nacionalista en Rusia. Y las autoridades no se limitan a las palabras.

Esta versión del extremismo resulta especialmente peligrosa porque influye fácilmente en los jóvenes. Según las estimaciones policiales, hasta 50.000 adolescentes rusos se definen como “cabezas rapadas”, movimiento juvenil de orientación ultranacionalista. Por ahora, esos jóvenes se dedican básicamente a tomar cerveza en los callejones y propinar palizas a los extranjeros que se les cruzan en el camino. Pero algunas veces golpean hasta matar, como sucedió hace poco con un estudiante vietnamita en San Petersburgo. A futuro, nadie puede garantizar que esos mismos jóvenes, después de que hayan crecido algo, no se transformen en una fuerza política organizada y agresiva.

Justamente por esa razón, las autoridades rusas seguirán aplicando probablemente sanciones muy drásticas en relación con los extremistas nacionalistas.

Los presuntos autores del atentado contra el tren Grozny-Moscú, en caso de que su culpa sea demostrada, deberían prepararse para penas de prisión muy largas sin derecho al indulto ni a la amnistía.

____________________

Yuri Filippov es comentarista en temas políticos de la Agencia Rusa de Información 'Novosti'.

Noticias relacionadas

Verdades que no podían contarse

La historia aparece llena de metepatas y renuncios, y allí está Villarejo para grabarla

Más medidas contra la violencia de género

Que en un par de días haya cuatro asesinatos por violencia machista indica que se debe proteger más a las mujeres y a los menores

Un PSOE perplejo al ser combatido con sus mismas armas

“Mateo 7:2 -Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá”. (Santa Biblia)

Hacerse mayor

Soy partidario de que cuando nos refiramos a las personas longevas no se le denominen viejas

Plagios y titulitis

Un autor es reconocido con un premio literario por el que verá editado su libro, hete aquí que el título coincide con un verso de otra poeta
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris