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Etiquetas:   Hablemos sin tapujo   -   Sección:   Opinión

¿Será Europa un gigante con pies de barro?

Miguel Massanet
viernes, 10 de agosto de 2012, 08:05 h (CET)
La 3ª ley de Newton dice así: “Si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción)”. No piensen ni por un instante que voy a ponerme a comentarles las leyes de la física porque debo confesarles que para esta materia como para muchas otras soy un negado. Sin embargo creo que me van a permitir comentar algo relacionado con Europa y España que pudiera tener relación con este principio newtoniano de la “acción” y “reacción”. Es obvio que, a los europeos y, en particular, a los españoles estos cinco años largos de crisis nos ha enseñado a no maravillarnos de nada, a no sorprendernos ante los acontecimientos económicos y financieros más insospechados y a no alarmarnos ante los más negros augures de quienes nos gobiernan por lo que, lo que está empezando a sucede en Europa, lo tomaremos con la misma flema y filosofía británicas que tanto han caracterizado a los ciudadanos de la rubia Albión.

Y es que, señores, cuando uno tira de la cuerda con demasiada fuerza o cuando intenta forzar al máximo un engranaje con demasiada y calienta demasiado un recipiente relleno de un líquido, lo que suele ocurrir es que se produzca un accidente, que aquella prueba que queríamos llevar a cabo acabe volviéndose en contra y llegue a perjudicarnos. Y en este contexto, mucho me temo que la Alemania de la señora Merkel haya llevado su empeño en que Europa arreglara sus problemas financieros y económicos, apelando a los drásticos recortes, a la austeridad y a los sacrificios de sus ciudadanos, con tanta intransigencia y dureza, que las consecuencias han adolecido, como todo aquello que se lleva a la exageración, que se han producido dos efectos negativos capaces de dar al traste con la prevista recuperación de Europa y, en especial de las naciones del sur que se están enfrentando a la parte más peligrosa y extrema de la recesión. Sus dos principales efectos, dos efectos boomerang que o mucho estamos equivocados o han a acabar por volverse contra ella misma. En efecto, se ha obligado a las naciones afectadas por la crisis del año 2008 (unos más y otros menos) a tomar medidas que han atacado, directamente, a la capacidad del consumo de los ciudadanos; han conseguido que unos, por sufrir directamente los efectos de los recortes en sus salarios, en su trabajo e incluso en su vida familiar, hayan decidido enclaustrarse en su concha familiar, reduciendo al máximo sus gastos e intentando ahorrar el máximo para poder enfrentarse a una situación peor. El otro efecto es el progresivo empeoramiento de nuestra producción industrial que no ha cesado de caer desde hace diez meses consecutivos y que ha llegado a uno de sus puntos culminantes en el pasado mes de junio, el primer semestre, en el que el IPI del 6’9%.

Todo ello, no sólo ha afectado a la economía interna de nuestro país, sino que, como efecto esperado, se ha materializado en una disminución de la demanda externa lo que, como un efecto dominó, ha acabado por afectar a los países que más han sufrido los efectos de la crisis que se han visto obligados a cumplir las medidas exageradas y tajantes que Alemania y los países mas potentes les impusieron por medio del ECOFIN y Bruselas, para recortar su elevado déficit interno y su endeudamiento que, en nuestro caso, cada vez ha sido más creciente, más caro y más difícil de colocar, debido a la desconfianza que la actividad económica, el estancamiento de las ventas y la precaria situación social están produciendo en los inversores habituales que o bien retraen sus inversiones o bien, si asumen el riesgo, pretenden que se les compense con intereses más elevados y que se les garanticen con gravosos seguros de pago. Pero, curiosamente, ahora parece ser que no sólo, esta política de ajustes presupuestarios severos, nos está perjudicando a los famosos PIIGS, que han tenido que enfrentarse a la parte peor de la crisis sino que, ha producido un efecto boomerang que, no por aparecer ahora inopinadamente deja de tener una explicación lógica.

Porque señores, la máquina de la economía europea, la gran impulsora de los recortes en los gastos y de las disminuciones de los gastos públicos y privados de los países que no cumplían con las normas europeas, en cuanto a déficit público, la gran Alemania parece que está empezando a sufrir los efectos de su misma medicina. Veamos algunos datos: Europa en estos momentos tiene ocho países en recesión y el noveno, que pudiera ser Francia a las puertas de entrar en ella, dependiendo de la evolución de los restantes. El Banco de Francia augura una caída del PIB del 0’1% en el tercer trimestre; el Banco de Inglaterra ha reconocido que en su país el PIB cayó un 0’8 entre mayo y junio y que la previsión para el 2012 es de crecimiento 0. Alemania por su parte ha visto como, su crecimiento del 2% en tasa anualizada en el último trimestre del 2011, ha pasado al 1’2% en el primer trimestre de este año, pero las previsiones auguran que en el tercer trimestre apenas crecerá un 0’3%.

Pero donde le duele a la economía alemana es que, su faceta economía-exportadora está comenzando a sufrir los efectos de la crisis que afecta a otros países europeos; de modo que, sus pedidos industriales han sufrido un importante recorte de 8% y un desplome del 4’9% de los pedidos de la zona euro. Es tal el miedo y la desconfianza que se ha producido en aquellos países con problemas derivados de la recesión que, como ya se ha apuntado, la demanda de bienes de consumo ha quedado prácticamente paralizada y, en estas condiciones, con la falta de una política de recuperación de la economía, una reactivación del tejido industrial y una potenciación de la casi destruida mediana empresa y pequeño comercio, va a ser muy difícil que los alemanes puedan seguir exportando como lo venían haciendo hasta ahora.. La misma Italia, con su poderosa industria, hemos visto que lleva cuatro trimestres seguidos de recesión. Las subidas del IVA previstas (del 10% al 12% y del 21% al 23%) al contrario de lo ocurrido en España no tendrán lugar hasta el mes de junio del 2013, seguramente para evitar las consecuencias sociales y económicas que su implantación producirían. Por muy competitiva que se la industria alemana si las naciones que han de recibir sus exportaciones están colapsados y no generan demanda es muy posible que la poderosa nación germánica deba de reconsiderar su extrema dureza respecto a que el BCE no compre deuda de las naciones a los que más les cuesta endeudarse para cumplir con sus compromisos.

Es obvio que, siendo necesario que, España y otros países, reduzcan su déficit, se libren de un excesivo aparato administrativo y pongan remedio a los proyectos mastodónticos, ajusten las plantillas de funcionarios, pongan en su sitio a las autonomía rebeldes y reduzcan el número de cargos políticos, amén de acabar con todas estas tramas de chorizos y sinvergüenzas que pretenden llenarse los bolsillos estafando a los ciudadanos y al Estado; no cabe la menor duda de que si las industrias no salen del sopor actual, no se dinamizan las plantillas y se ajustan los impuestos y las cargas sociales, no va a haber recuperación económica ni creación de puestos de trabajo. Posiblemente, las medidas que ha ido tomando el Ejecutivo todavía no hayan dado resultados apreciables y, es posible, que tonificar y reactivar a los autónomos, no sea tarea fácil dada la experiencia nefasta por la que ha venido pasando este gremio, y la poca motivación para volver a iniciar nuevos negocios: sin embargo, se deberían empezar a poner en práctica algunas ayudas, que no se limitaran a solucionar el problema de los bancos; algo que, evidentemente, no resulta popular entre unos ciudadanos que tienen un pésimo concepto de ellos y de sus directivos; sino que es posible que, si el Gobierno no se centrase exclusivamente en apretar las clavijas a los ciudadanos, con una serie de medidas que en nada contribuyen al optimismo; pusiera a la vez en funcionamiento algunos mecanismos que favorecieran la contratación de desempleados y dotase al ICO de una línea de crédito para ayudar a empresas para mejorar su circulante, es posible que, al menos, tuviéramos una sensación más optimista respecto a nuestro futuro.

A mi entender falta que, los países del sur, quizá por un exceso de nacionalismo, por el temor a poner en común sus reivindicaciones o por la falta de sincronización de sus respectivos gobiernos, a veces de ideologías distintas; adoptaran una postura común, pusieran en orden una prelación de proposiciones y reivindicaciones que presentar ,conjuntamente, ante el Parlamento Europeo y el ECOFIN,; consiguieran que algunas de las exigencias a las que han debido plegarse; algunos de los plazos perentorios que han tenido que aceptar a regañadientes y las evidentes amenazas, que penden sobre ellos, de una posible expulsión de la moneda europea, el euro; pudieran flexibilizarse y hacerse más soportables, de modo que pudiera permitir que sus economías pudiera recibir algunas ayudas que, en la actualidad, la imposibilidad de conseguir una financiación a precios moderados; la especulación en los mercados bursátiles y la falta de una política realista por parte de la UE, hacen imposible de llevar a cabo.

¿No será que esta Europa ha querido correr demasiado, acortar plazos y adelantar pasos antes de que las naciones hayan superado sus nacionalismos, en algunos casos exacerbados, y haya aprendido, como hacen los jóvenes, a convivir en completa hermandad? Muchos tenemos la sensación de que se ha empezado la obra por el tejado sin que, los cimientos, estuvieran consolidados. O esta es, señores, la impresión que me causa este tinglado europeo.
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