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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Rotundos, pero menos

Rafael Pérez Ortolá
viernes, 10 de agosto de 2012, 08:02 h (CET)
Las manifestaciones rotundas proliferan, escritas, orales o gestuales; redondean la actitud engolada de quienes las emiten a diario. Si tuvieran consistencia interna, todavía serían asumibles, por aquello de aclarar las ideas y poner cada concepto en su sitio. El inconveniente surge cuando están ahuecadas en su interior, sin argumentos de apoyo en la mayor parte de las ocasiones. Ni tan siquiera suelen valer para el diálogo, debido a sus CARENCIAS de sentido y de justificaciones; pocas veces dicen cosas válidas y así el entendimiento escasea. Continuamos con la incógnita de por qué prestamos enorme atención a las declaraciones rimbombantes, mientras apenas escuchamos en la presentación de los argumento en el debate. Fíamos en exceso a la palabrería y nos sentimos incómodos en la valoración de ideas y conceptos.

Sabido es que Sócrates propugnó el pensamiento libre, la exposición del mismo y la franqueza en un debate ineludible. Lo hizo con una coherencia resistente a las presiones, sin plegarse a las componendas y con el riesgo, cumplido después, de acabar muriendo por esa postura defendida. ¿Consideramos de valor lo que defendió Sócrates? ¿Su condena es el sino de no pensar como la mayoría? ¿Eso es lo condenable? G. Steiner preguntaba lo que hubiéramos votado ante una situación similar. El GREGARISMO de las opiniones es antiguo y moderno a la vez. ¿Cómo tratamos hoy en día a las personas con reflexiones independientes? Será suficiente para intuirlo, prestar un poco de atención a lo que trasciende de Cataluña, aún en algunas zonas de Euskadi, en los partidos políticos o en las grandes empresas de comunicación. ¿Las mayorías adquieren el derecho de silenciar al individuo discrepante? Muchos son los grados de la intolerancia y las votaciones explicitan gran parte de lo comentado.

A la hora de buscar culpables, en los noticieros y también a nivel particular o coloquial, es habitual la alusión a las grandes entidades. Oímos que, la culpa es del mercado, del capitalismo, de la Iglesia, del Estado o de algún personaje encumbrado. Con gran desparpajo denunciamos y clamamos contra CULPABLES ubicados en las alturas institucionales; como digo, entes o personas. Aunque, de forma sospechosa, atendemos superficialmente a los actuantes intermedios y el ciudadano nunca siente su compromiso con lo sucedido. Los incendios debidos al recorte de medios, ¿Tendrán que ver con las colillas? ¿Buscaban sólo la mejor calidad de los servicios, quienes pagaron abusivamente los servicios de Urdangarín? ¿Cuáles eran los objetivos y la procedencia del dinero utilizado? ¿Quiénes acapararon los dineros dedicados a las obras de aeropuertos inútiles u obras similares? ¿Nadie presionó o votó para la apertura progresiva de los canales televisivos autonómicos; 6 en Cataluña, 4 en el País Vasco, Valencia, etc.? La sombra del clientelismo desciende hasta mucha gente y quedan responsabilidades por compartir.

Una cosa es la comunicación directa, Vicente Del Bosque anuncia una alineación. Muy diferentes son los acercamientos indirectos a las noticias, a base de suposiciones de unos periodistas, preferencias de los aficcionados, interpretaciones por libre de ciertos indicios, rumores o cosas por el estilo. Los PRONUNCIAMIENTOS tendrán cabida siempre, al meno si tenemos en cuenta la libertad íntima de las personas. ¿Acaso no lo estimamos así? Sin embargo, la validez de las manifestaciones no es un equivalente para todas ellas; hay que contar con sus raíces, argumentos y contextos, así como la diversidad de las personas. Leo que Sir Paul Mc Cartney llamó idiota a director técnico de la selección inglesa por no contar con Beckham; eso, desde fuera de los entresijos futbolísticos, suplantando los criterios del técnico profesional, al que además insulta. El adjetivo rebota sobre el Sir parlanchín, si no, ¿Quién queda como verdadero idiota? Una declaración contundente no adquiere consistencia verdadera por lllamar la atención, su valor estriba en los argumentos.

En el ámbito de los recuerdos, deambulamos entre el olvido progresivo y los retazos mantenidos en activo durante el transcurso del tiempo; unos involuntariamente y otros mantenidos con esfuerzo. Pues bien, todos podemos apreciar en los diversos campos, sobre todo en el de las manipulaciones políticas; esa pretensión insolente de imponer determinadas MEMORIAS a fuerza de decretos o actuaciones interesadas. De ese modo, la memoria histórica del franquismo, del comunismo en general o en zonas concretas, de los comportamientos coloniales o de lo que convenga a determinados sectores; originan diversas manipulaciones. Bajo cada insolencia rutilante, con aires de saber absoluto, a cualquier persona mediopensante le chirrían estas dominaciones. Puestas en su debido lugar de interpretaciones simples y variadas, son instrumentos utilizables para el debate. Elevadas a rangos absolutos, denuncian el carácter impresentable de sus promotores. ¿Les suenan estas componendas? Son intromisiones frecuentes. En dichas expresiones resulta evidente, que la fuerza aparente, disminuye enseguida su potencia a la vista de sus contenidos.

Actitudes y compromisos saltan por los aires, lo que pinta hermosuras, está podrido por dentro; las libertades proclamadas, encubren cadenas ocultas muy enojosas; la luz y taquígrafos ya no sirven en este galimatías de las expresiones comunitarias. La falta de atención hacia el verdadero contenido de los mensajes emitidos y sus tergiversaciones posteriores, ensombrecen el panorama. Los matices personales y los acompañamientos materiales requieren otro tipo de ensamblaje. Sin embargo, las actuaciones parecen huir de los problemas hacia lugares desconocidos.

El arte que a mí me gusta, accesible y sencillo, nos permite bajar del pedestal a los encumbramientos con ínfulas de inamovibles, pero falseados e incompletos en sus estructuras. La verdad, las patrias, los dictámenes fieros, las soluciones mágicas… ¿No les parecen demasiados oráculos? Verdades y errores están muy cercanos y exigen otros tratamientos menos orgullosos y manipuladores. Me atrae el talante de Eduardo Chillida, genial buscador de los caminos, de los trazados para poner en comunicación las cosas y las personas; poco amigo del establecimiento de conclusiones, que sabía siempre pasajeras. La búsqueda es su trazado. Sus obras hablan del ENCUENTRO, de la ligazón de las personas con la tierra, la materia, el hierro; de los espacios donde cada interesado participe de la común realidad cósmica.

Captó lo material, pero unido a esos lugares de encuentro. Así, el “Peine de los vientos”, en comunicación directa con el horizonte; “Rumores de límites”, siempre presentes en cada actuación; materias suspendidas o pequeños dibujos de manos entrelazadas. Es decir, ESPACIOS, íntimos de cada individuo, orientados hacia otros espacios de magnitudes sublimes. Más que rotundidades, nos traslada a una visión sencilla de la vida, de anhelos sinceros y sobre todo búsquedas, de labor tenaz y de participación comunitaria; en ella no cabe la prepotencia, ni la imposición de criterios, ni las falsedades. Los espacios vibran con la franqueza, con la sencillez abocada a la convivencia. Una línea de pensamiento y una forma de trabajo, abierta y ambiciosa, pero con la humilde persecución de lo esencial, sin exclusiones nifalsas pretensiones. En eso radica su fuerza. “No conozco el camino, pero cnozco el aroma de ese camino”.
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