Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil
Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Viaje a la pobreza

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 7 de julio de 2005, 22:33 h (CET)
Cuando llegan estas fechas veraniegas la mayoría de los mortales estamos esperando como agua de mayo esos días de asueto que nos van a permitir pasar unos días, más agobiados que nunca, junto a la playa después de atascos de tráfico y colas milenarias o respirar el aire, cada día menos puro, de la montaña. Las vacaciones veraniegas fueron un logro de la clase obrera, cuando esta todavía existía, frente a aquel capitalismo salvaje, el de hoy también lo es pero con cara oculta. Hoy los empresarios, cada día más listos, el liberalismo imperante nos dirá que por eso son empresarios, han llegado a la conclusión de que a los miembros de su engranaje productivo hay que incentivarlos y para eso están ahora las vacaciones. Se trabaja, cada día más y a precios más baratos, para tener una segunda residencia donde pasar los meses de agosto o julio o bien para poder viajar a países lejanos, rodar videos y fotos con las nuevas cámaras fotográficas y luego, en septiembre, martirizar a los amigos con la exhibición de todo aquello que hemos visitado, aunque la mayoría de las veces sin enterarnos de donde estábamos. Y aunque en septiembre todos volvamos al tajo con el síndrome pos-vacacional nos pasaremos, otra vez, once meses laborando sin parar pensando en las próximas vacaciones.

Y conste que no estoy en contra de las vacaciones, faltaría más, a mí también me gusta descansar, pasar las horas muertas con un libro en el regazo admirando cómo las aguas del mar van cambiando de color con el transcurso de las horas, o bien lanzarme a la aventura de conocer mejor las tierras que me rodean. Pero la oferta turística en los tiempos actuales es muy diversa y parece ser que si no nos alejamos lo suficiente de nuestra base diaria de operaciones no tenemos vacaciones. Tengo amigos, conocidos y saludados, como decía el viejo Josep Pla, que no conocen los lugares, preciosos en muchas ocasiones, que hay en cincuenta kilómetros a su redonda pero que me han agobiado en la vuelta a las clases con las fotos de países lejanos y exóticos fotografiados a lomos de un domesticado elefante o bien ante las cúpulas áureas de una pagoda. Quizás a ellos no les produce tanta excitación la visión salvaje y natural de las Hoces del Cabriel, la inmensidad de los trigales manchegos o los pueblos encalados de las Alpujarras.

Los argentinos, pueblo formado en el crisol de diversas civilizaciones, han ideado una nueva forma de turismo. A las clásicas visitas a los gauchos, pocos deben ser ya aquellos a los que cantó José Hernández en el “Martín Fierro, o esa maravilla de la naturaleza compartida con Brasil que son las cataratas del Iguazú, o a la blancura eterna del glaciar del Perito Moreno, han añadido ahora una turné alrededor de la pobreza. Durante un día los turistas se sumergen en la vida de los habitantes más pobres de Buenos Aires y de alguna que otra gran ciudad argentina. Allá pueden ver, de primera mano, los milagros diarios, y por estos no les harán santos, que estas gentes que viven donde Dios se olvidó de existir tienen que hacer para poder sobrevivir a malas penas. La gira les lleva a los arrabales de la ciudad e incluso tienen ocasión de convivir durante unas horas con ese inframundo que sigue poblando, quieran o no las autoridades correspondientes, todas las grandes ciudades del mundo.

Esto pasa en Argentina pero también en España, esa España del desarrollo y los viajes a países exóticos, serían posibles estas excursiones a la pobreza. Aquí todavía quedan centaneres de miles de familias que viven de la caridad y la chapuza diaria. Miles de familias tienen que acudir a la caridad para poder cocinar cada día. Hoy mismo leo que la Cruz Roja repartirá entre cincuenta y cinco mil valencianos alimentos para que puedan comer y frente a mi casa veo cada día las colas que se forman a la hora de las comidas en la Asociación Valenciana de Caridad donde nunca, desde hace años, ha faltado un plato para los más necesitados. Necesitados que cada día que pasa son más y más jóvenes. Quizás si muchos de esos turistas de elefante, pagoda o playas caribeñas de arena blanca y palmeras inclinadas hicieran un día una gira por la pobreza de los arrabales de su ciudad todos llegaríamos a ser un poco más solidarios sin necesidad de conciertos multitudinarios que tan sólo sirven para limpiar las malas conciencias y en algunos casos llenar las cuentas corrientes de reyezuelos africanos sin ningún amor por su pueblo.

Noticias relacionadas

La dictadura de Amazon

Nueva York y Virginia serás las dos ubicaciones de la sede

De idiotikos y politikois

En la antigua Grecia los asuntos de Estado concernían a todos los habitantes de la “polis”

La vieja heroína del barrio

La Policía da la alarma, y varias instituciones que combaten la drogadicción y asociaciones vecinales lo corroboran: la heroína ha llegado de nuevo a los barrios

Marx y los vacíos por colmar

El marxismo-leninismo malogró, y continúa haciéndolo, todo cuanto de acertado propusiera Marx

Qué explicaría la visita de Xi Jinping a Panamá

Panamá no constituye ejemplo de gran o mediana potencia
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris