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Etiquetas:   Política   PP   -   Sección:   Opinión

Paracaidista del PP

¿Van a Cataluña solos? ¿Como si fueran a un desolladero sin vuelta o con retorno incierto?
José Luis Heras Celemín
miércoles, 25 de octubre de 2017, 07:40 h (CET)
¿Llevan un paracaídas, hecho a medida por el CNI o por quien corresponda, para evitar el trompazo?. Estas son las preguntas de hoy. Porque, es cierto, alguien lo va a tener difícil. “Si hay que ir, se va. Lo que diga el partido. Pero llego a Barcelona, me presento en la Consejería y le digo al Consejero que se levante de la silla. Dice que no. Busco a los directores generales. Se ponen de canto. Mando que los detengan y, después, a ver cómo cuentan en TVE y TV3 qué pasa con los díscolos y conmigo. Y sin seguridad. Porque no hay paracaídas ni se prepara la salida de los que vayamos” - decía uno/a de los interfectos/as-.

Las novedades habían aparecido. E interesaron, porque son importantes en una situación política que tiene como punto de referencia Cataluña. Empezaron en ‘El Español’, de Pedrojota, que parece tener información puntera y da pie para especular sobre quien filtra y por qué. Siguieron en ‘El Confidencial’. Y, después, aparecían cautas en los medios importantes. Había que confirmar y ampliar información. Y, mire usted por cuánto, apareció. Fue en el hotel Ritz, después del desayuno y discurso, es un decir, de una ministra Tejerina normalmente ágil y con palabra fácil. Pero que optó por una perorata plúmbea y anodina.

El contenido del discurso, como el atuendo de la ministra: Vestido blanco con líneas negras verticales y un cinturón a modo de cintillo. Las verticales eran puro argumentario del PP: Situación en 2011. Reformas. Logros. Pretensiones. Y datos para hartar. El cintillo apareció al final, con una frase sobre Cataluña que no casaba con el discurso y que - se notó - había llegado allí a la fuerza: Lo hemos estudiado (el problema catalán), y sabemos qué hay que hacer. Pero, con ella, aparecieron los errores. Dos deslices minúsculos, de esos que salen espontáneos y pusieron en evidencia la realidad de un gobierno, el de Rajoy, embarcado en la peripecia catalana. Los errores, de comunicación verbal básica, aparecieron entre las preguntas hechas por la prensa; y los apuntó un plumilla: Cuando un orador busca argumentos en alguien presente, o miente o está inseguro. La risa nerviosa a destiempo muestra inseguridad.

Ese fue el motivo para que aparecieran comentarios sobre la ministra y su atención a Cataluña. En primer lugar sobre lo ocurrido en el último Consejo de Ministros en el que ella estuvo, cuyo contenido es secreto. Especulando, tras el discurso y acabado el acto, algunos buscamos, olfateamos filtraciones y recibimos novedades de quien, usando un eufemismo, se podría tildar de ‘fuente generalmente bien informada’. Según ésta, el papelón (dijo paripé) de la ministra era consecuencia de un Gobierno polarizado en torno a dos figuras femeninas: La Vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría (SSS) y la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal.

Como consecuencia de la polarización, no aclaró si enfrentamiento, aparecieron las dos posturas posibles en el Ejecutivo frente al problema catalán: La de la vicepresidenta, decidida a hacer frente al independentismo con la Ley y desde una postura firme. Y la de la ministra, partidaria de hacer política, en los primeros meses, para orillar el problema.

Por lo visto, se optó por que SSS fuera a Cataluña a encargarse del asunto. Lo que ha seguido, y seguirá, es pura consecuencia. Por eso, lo que apuntan El Español y el Confidencial, y no desdice nadie, es coherente con el texto que encabeza éste y se refrendaba en el hotel Ritz: “Si hay que ir, se va. Lo que diga el partido. Pero llego a Barcelona, me presento en la Consejería y le digo al Consejero que se levante de la silla. Dice que no. Busco a los directores generales. Se ponen de canto o de perfil. Mando que los detengan y, después, a ver cómo cuentan en TVE y TV3 qué pasa con los díscolos y conmigo. Y sin seguridad. Porque no hay paracaídas ni se prepara la salida de los que vayamos”

¿Quién alimenta a la fuente que transmite?. Como respuesta, el trabajo de Jorge Saínz, publicado el pasado día 18, que sirve para contrastar la información sin comprometer fuentes. En él se habla de una Comisión formada por 3 Secretarios de Estado, 1 Subsecretario y 2 exalcaldes que, presidida por SSS, gestionará la Generalitat tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución; y asumirá las funciones del hoy presidente Puigdemont y de sus consellers durante un periodo de tiempo aún por definir. En él también se apuntan nombres, los mismos 6 nombres que citan en el Ritz: Marcial Marín, Secretario de Estado de Educación. Roberto Bermúdez de Castro, Secretario de Estado para las Administraciones Territoriales. Mario Garcés, Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. Arturo Romaní, subsecretario de Defensa. Y los exalcaldes José Enrique Fernández de Moya (de Jaén) y Agustín Conde (de Toledo).

Llama la atención que la carrera política de tres de ellos (Marín, Romaní y Conde) se haya hecho cerca de Cospedal en su paso por Castilla-La Mancha; y que, por ello, acaso con su nombramiento se haya tratado de buscar equilibrio entre los dos focos femeninos de poder en el PP. También el hecho, llamativo por su relación con el ministro Montoro que ya controla la economía de la Generalitat, de la presencia de Fernández de Moya, como Secretario de Estado de Hacienda, responsable de la Agencia Tributaria y encargado de controlar las cuentas autonómicas de Cataluña y el pago de los sueldos de los funcionarios catalanes.

Ajeno a la fuente, también son de apreciar, además de la ministra Tejerina y su discurso: La actividad de la socialista Carmen Calvo, acorde con el socialismo europeo, colocando a su partido en alerta para ‘saltar’ si conviene, y propiciando las posturas de Pedro Sánchez en el PSOE y Miquel Iceta en el PSC. Las dificultades de algunos niños hijos de populares (buscando su protección, ocultamos identidades). La frase ‘mis chicos allí no van’. La figura de Roures y sus hechos. Los traidores de ‘juego doble’ (abundan nombres). La rueda de la Administración, que gira implacable y algunos esperan que pare (alarman los motivos). Los 6 meses sin sueldo a funcionarios díscolos. La posible prórroga de la intervención. Los disturbios probables y ...

Más. Pero hoy penden decisiones importantes (Senado, Rajoy y Puigdemont) que van a ser noticia, y sólo nos fijamos en los paracaidistas del PP en Cataluña.
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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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